Según el documento, que analiza de manera pormenorizada los núcleos de población con más de 50.000 habitantes y las capitales de provincia, casi un tercio de la población de estas localidades reside actualmente en entornos catalogados como degradados o vulnerables, lo que plantea un reto de magnitudes estructurales para las políticas de rehabilitación, regeneración urbana y cohesión social.
Un incremento sostenido en las últimas tres décadas
El análisis exhaustivo, elaborado a partir del cruce de datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística (INE) con los registros oficiales del Catastro y el Atlas de Distribución de la Renta, ofrece una radiografía precisa de la evolución urbana en España. Los resultados cuantitativos arrojan una realidad incontestable: los desequilibrios internos dentro de las ciudades no solo persisten, sino que han aumentado de forma significativa y continuada durante los últimos treinta años.
Casi un tercio de la población empadronada en las grandes ciudades españolas reside actualmente en áreas urbanas degradadas.
Este fenómeno se traduce en un doble proceso simultáneo: por un lado, el incremento neto del volumen de ciudadanos afectados y, por otro, una marcada concentración espacial de la población vulnerable en zonas muy delimitadas de la trama urbana. El estudio pone el foco sobre un total de 153 ciudades analizadas, permitiendo constatar que la degradación no es un problema aislado, sino un rasgo estructural que afecta a la inmensa mayoría de las grandes cabeceras municipales del territorio nacional.
Radiografía cuantitativa de la degradación residencial
En términos absolutos, la investigación ha logrado detectar y mapear un total de 993 barrios vulnerables, repartidos de forma heterogénea en 130 de las 153 ciudades objeto de estudio. In estas zonas degradadas habitan exactamente cerca de 7,8 millones de personas, una cifra que equivale al 30,8% de los más de 25 millones de ciudadanos empadronados globalmente en este conjunto de municipios. La magnitud de estos datos evidencia la necesidad urgente de articular planes sectoriales de intervención que vayan más allá de la asistencia social y aborden la raíz física, constructiva y energética de las edificaciones de estos entornos.
Las herramientas estadísticas oficiales confirman que los desequilibrios internos dentro del entorno urbano español se han agudizado.
La comparativa histórica que ofrece el informe permite dimensionar la velocidad del deterioro. Los 993 barrios identificados en la actualidad suponen 75 barrios vulnerables más que una década antes, momento en el que se estimaba que la población urbana residente en estas condiciones se situaba en el 27,3%.
Una tendencia al alza que triplica los registros históricos
Si la perspectiva temporal se amplía a una escala de más de tres décadas, la tendencia al alza resulta todavía más alarmante. Respecto a los primeros registros históricos comparables de hace treinta años, las ciudades españolas cuentan hoy con 623 barrios vulnerables más. En aquel periodo inicial, se calculaba que tan solo el 14% de los habitantes de las capitales y grandes urbes residía en áreas degradadas.
En poco más de treinta años, el volumen de barrios vulnerables en las principales metrópolis se ha incrementado en 623 zonas adicionales.
El salto del 14% al 30,8% de la población urbana afectada refleja que los mecanismos tradicionales de desarrollo y crecimiento de las ciudades no han sido capaces de absorber ni mitigar las desigualdades habitacionales, consolidando núcleos de exclusión que demandan una transformación integral desde la raíz arquitectónica y urbanística.
La solidez de este análisis radica en el exhaustivo trabajo técnico liderado por los periodistas Ana Martín Plaza y José Manuel Pina López, integrantes del equipo de DatosRTVE. La validez y la precisión de sus conclusiones se sustentan en una rigurosa metodología de cruce de datos públicos a gran escala, utilizando como base los microdatos oficiales del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística (INE), indexados con los registros del Catastro y los indicadores socioeconómicos del Atlas de Distribución de la Renta. Este minucioso rastreo estadístico dota a la investigación de un valor analítico incuestionable para el sector de la edificación, ofreciendo una fotografía real, fidedigna y libre de sesgos sobre el estado de degradación de nuestro parque residencial actual.





