El proyecto, con idea original, dirección y realización de Josep Pérez, y comisariado, guion y entrevistas de Xavier Jiménez Sama con la colaboración de Cosentino City Barcelona, pretende servir de resumen conceptual del Congreso Mundial de Arquitectos de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) celebrado en Barcelona bajo el lema «Becoming. Architectures for a planet in transition». A continuación, recogemos la entrevista a Marta Peris y José Manuel Toral, fundadores del despacho Peris+Toral Arquitectes.
El lema del Congreso UIA 2026 es «Becoming. Architectures for a planet in transition», ¿qué significa esta idea de transición aplicada a tu ámbito dentro de la arquitectura?
Para nosotros nos encontramos en un momento de transición después de varias crisis: una crisis económica, una crisis habitacional y una crisis sanitaria. Todo ello evidencia la necesidad de transicionar hacia otro estado. Creemos que el lema ejemplifica muy bien el momento actual, en el que la arquitectura busca encontrar nuevas respuestas a los retos que significan todos estos cambios.
Si tuvieras que señalar un solo reto urgente hoy, ¿cuál sería?
Yo diría que a nivel social, el envejecimiento de la población y, por tanto, el aislamiento y la soledad.
El reto social más urgente hoy es el envejecimiento de la población y el aislamiento de las personas.
¿Qué crees que puede aportar Barcelona, como sede del Congreso Mundial de Arquitectos, y la capitalidad arquitectónica, al debate global sobre el futuro de la disciplina?
Creemos que Barcelona en los últimos años está siendo muy ejemplar en su respuesta a nivel de vivienda, tanto desde las cooperativas como desde la vivienda pública, resolviendo los retos ambientales, sociales, de recursos y económicos. Barcelona tiene ese gran potencial, junto con el entendimiento del espacio público a través de las superillas, demostrando que el espacio público puede ayudarnos a cambiar la respuesta ambiental de las ciudades.
Eliminar pasillos para maximizar las superficies y la porosidad espacial
Existe un entorno donde el edificio empieza a ser sostenible o no, aprovechando las sinergias con el lugar. Igualar las habitaciones aporta flexibilidad y adaptabilidad, permitiendo adaptarse a muchas formas de convivencia más allá de la familia nuclear e incrementando la inclusión social.
Colocar la cocina en el centro y no segregar espacios evita perpetuar roles de género en el hogar.
En relación con los roles de género, el hecho de exponer los trabajos domésticos colocando la cocina en el centro, abriéndola y no segregando ni escondiendo estos espacios, evita consolidar esos roles. La eliminación del pasillo permite redistribuir la superficie para hacer las estancias más grandes. Para nosotros hay una medida mínima, cerca de los 12, 13 o 14 metros cuadrados, para que una habitación pueda ser también sala o cocina-comedor, elevando los mínimos normativos tradicionales de 6 u 8 metros.
Eliminar pasillos incrementa la porosidad entre estancias a través de un mayor número de puertas y circuitos de circulación alrededor de la cocina. Esta interconexión y contacto visual actúa además como contrapeso a la tecnología, que tiende a encerrarnos en burbujas, transformando la intimidad, rompiendo el aislamiento e induciendo nuevos comportamientos en el hogar.
Reducción de capas y visión prestacional del material
La clave reside en reducir y construir con menos material. No creemos que haya materiales buenos o malos; usar un material muy sostenible en gran cantidad tampoco es sostenible porque requiere energía para producirse. Debemos cambiar la lógica para eliminar capas, hacer lo mismo con menos materia y otorgar geometría a los materiales para obtener la misma resistencia con menor masa. Esto permite aprovechar todas las propiedades físicas del material, como la inercia térmica, desde una mirada prestacional.
No hay materiales buenos o malos; la clave es eliminar capas y dar geometría para usar menos materia.
Gradientes de privacidad y eficiencia energética frente al aislamiento individualista
Frente a una sociedad individualista con rechazo a los espacios comunes y una capacidad oxidada para compartir, es necesario recuperar habilidades sociales creando lugares sostenibles que fomenten el contacto. Los espacios intermedios deben funcionar como gradientes de intimidad, térmicos y de privacidad, en sintonía con la tradición mediterránea que no pasa abruptamente del interior al exterior. Estos espacios indeterminados mejoran el comportamiento bioclimático, reducen la demanda energética y, al situarse cerca de las circulaciones, estimulan la conciencia de interdependencia.
Internalizar las externalidades mediante la fiscalidad ambiental
Cualquier decisión constructiva local genera externalidades en otros puntos del territorio, condicionando la gestión de recursos, el agua o la masa forestal. Es fundamental avanzar hacia una fiscalidad ambiental que incorpore impuestos pigouvianos para que los materiales reflejen sus externalidades. Actualmente, se continúa construyendo masivamente en hormigón armado porque no se penaliza su huella de carbono incorporada; cuando estas cargas fiscales equiparen los costes, materiales como la madera o la tierra serán plenamente competitivos para consolidar la transición ecológica.




