
Tribuna de opinión de Beatriz Ramo, STAR strategies + architecture. A través de principios de resiliencia y circularidad espacial, es posible transformar el espacio residencial, reducir sustancialmente la necesidad de nueva construcción e incrementar la capacidad latente de las ciudades sin generar un solo metro cuadrado adicional.
La inmensa mayoría de las viviendas actuales continúan proyectándose para un único tipo de unidad familiar, como si esta permaneciera inalterable a lo largo del tiempo, ignorando la diversidad y dinamismo de la sociedad contemporánea. Mientras el debate sobre el sector residencial gira exclusivamente en torno a métricas cuantitativas y ritmos de producción masiva, el diseño inteligente del plano surge como la herramienta clave para resolver la escasez habitacional.
La necesidad de un cambio de paradigma en el diseño residencial
Imaginemos una chaqueta diseñada para adaptarse a distintas situaciones: que sirva tanto si ganamos o perdemos peso, para una ocasión informal o para otra más elegante, para el invierno o la primavera. En lugar de necesitar varias chaquetas, bastaría con una sola, capaz de adaptarse a todas esas situaciones. La vivienda puede —y debería— diseñarse así. Sin embargo, la inmensa mayoría de las viviendas siguen pensándose para un único tipo de unidad familiar, como si ésta permaneciera invariable a lo largo del tiempo.
El debate sobre la vivienda gira exclusivamente en torno a cifras: construir 250.000 viviendas al año, alcanzar un millón antes de 2030… El razonamiento parece sencillo: si hay escasez de vivienda es porque falta oferta; por tanto, la solución consiste en construir más y hacerlo más deprisa.
¿Y si el problema fuera otro? ¿Y si la crisis de vivienda no fuera únicamente un problema de cantidad, sino también un problema de diseño?
Muchas ciudades ya disponen de suficiente superficie residencial y, sin embargo, siguen sin poder satisfacer la demanda de vivienda. La crisis de vivienda también radica en cómo se organiza el espacio residencial. Una parte importante de la capacidad residencial permanece bloqueada en viviendas grandes, infrautilizadas o poco flexibles. Por ejemplo, un tercio de la población de la Unión Europea vive en una vivienda considerada demasiado grande para su hogar. Un mejor diseño residencial puede activar esta capacidad latente.
Cada vez más, la vivienda se concibe como un producto de mercado y no como una infraestructura social. Las distribuciones de las viviendas no son más que una traducción tridimensional de una hoja de Excel —cada vez más rígidas y estandarizadas, mientras que la sociedad es más diversa y cambiante que nunca: familias reconstituidas, hijos que vuelven a casa, personas mayores que viven solas, parejas cuyos hijos ya se han emancipado, cohabitaciones, hogares unipersonales, separaciones o jóvenes incapaces de acceder a una vivienda. Cuando el diseño de la vivienda ignora la realidad de quienes la habitan, las viviendas se vuelven obsoletas. A medida que los hogares evolucionan, muchas personas se ven obligadas a mudarse, no porque su vivienda sea demasiado pequeña, sino porque ha dejado de responder a sus necesidades.
Si las viviendas se diseñaran con distribuciones versátiles, adaptables y estrategias espaciales inteligentes, muchos hogares podrían permanecer durante mucho más tiempo en su vivienda. Incluso podrían generarse nuevas viviendas dentro del parque residencial existente, sin construir un solo metro cuadrado adicional. La necesidad de nueva construcción disminuiría de forma considerable. Un buen diseño no solo mejora la vida cotidiana de quienes habitan una vivienda; también aumenta la capacidad y la resiliencia del parque residencial. El plano de la vivienda es la herramienta más poderosa de que disponemos para mejorar la vivienda. Tras años de investigación, desarrollamos un conjunto de principios de adaptabilidad que aplicamos en nuestro proyecto START-Ivry, en el Gran París. Al introducir resiliencia y circularidad en la escala de la vivienda, estos principios permiten reducir la necesidad de construir nuevas viviendas sin aumentar ni los costes de construcción ni la superficie edificada. Las seis estrategias de diseño de vivienda que se presentan a continuación traducen estos principios en soluciones concretas que permiten que las viviendas evolucionen con sus habitantes.
Un tercio de la población de la Unión Europea vive en una vivienda considerada demasiado grande para su hogar; un diseño versátil activaría esa capacidad latente.
Seis estrategias de diseño para la resiliencia habitacional
– 1. La vivienda “superversátil” de dos dormitorios
La mayoría de las viviendas de dos dormitorios están pensadas para una única e invariable unidad familiar. Sin embargo, en la práctica estas viviendas podrían —y con frecuencia acaban por— albergar a dos: unos padres y un hijo adulto, dos personas que comparten piso, una persona mayor que convive con un estudiante o un cuidador, o una pareja que alquila una habitación. Las distribuciones convencionales rara vez permiten que estas formas de convivencia funcionen bien. La falta de privacidad y una organización espacial deficiente generan tensiones, desincentivan estos modelos de convivencia y empujan a sus habitantes a buscar viviendas independientes —a menudo con un coste económico mayor—, incrementando así la demanda de vivienda.
Sin embargo, una vivienda de dos dormitorios bien diseñada puede favorecer una convivencia cómoda y armoniosa mediante mecanismos espaciales muy sencillos: dormitorios claramente separados y no contiguos, con privacidad visual; uno de los dormitorios situado junto a la entrada, preparado para incorporar en el futuro una pequeña cocina, y dos baños compactos. Con esta configuración, dos hogares pueden compartir una misma vivienda manteniendo un elevado grado de autonomía. Un plano bien diseñado puede evitar la necesidad de construir una vivienda adicional.
– 2. La vivienda divisible: activar la capacidad latente del parque residencial
Este principio se aplica a las viviendas de mayor tamaño. Las viviendas de tres o más dormitorios suelen quedar infrautilizadas cuando los hijos se emancipan. Los padres permanecen en viviendas que ya no responden a sus necesidades, pero mudarse resulta difícil por el apego a la vivienda y al barrio, por motivos económicos o, simplemente, por la falta de alternativas adecuadas. La vivienda divisible se diseña anticipando desde el principio la posibilidad de dividirse, desde el punto de vista funcional, técnico y legal. De este modo, el propietario conserva la parte de la vivienda que necesita, mientras que el espacio restante se transforma en una pequeña vivienda para un hijo adulto o un futuro cuidador, o bien puede destinarse al alquiler o a la venta como complemento económico de cara a la jubilación.
Se trata de una estrategia sencilla, pero extraordinariamente eficaz desde el punto de vista económico, social y ambiental: aparece una nueva vivienda dentro del parque residencial sin construir un solo metro cuadrado adicional. Es una forma de activar una capacidad residencial que ya existe, pero que hoy permanece oculta. Si las viviendas construidas en los últimos 40 años se hubieran diseñado de esta manera, la escasez de vivienda sería hoy considerablemente menor.
– 3. La habitación “extra”: pequeños cambios, gran impacto
A veces basta con una pequeña habitación más para que una vivienda siga respondiendo a las necesidades de quienes la habitan: la llegada de un hijo, el teletrabajo, el cuidado de un progenitor mayor o la presencia de un hijo los fines de semana. Para ello desarrollamos distintos mecanismos espaciales que permiten incorporar esa habitación adicional sin necesidad de cambiar de vivienda. Uno de ellos es el «plug»: un balcón cerrable que puede transformarse en una habitación habitable de aproximadamente 9 m². Otro es el «salón modular», organizado a lo largo de la fachada, en lugar de en profundidad, con al menos dos ventanas, dos radiadores y dos puntos de iluminación y electricidad, lo que permite independizar una parte del espacio. En algunos casos también incorporamos la «cocina reubicable» —cuando la cocina todavía ocupa una estancia independiente, algo cada vez menos habitual—, permitiendo trasladarla al salón y liberar así una habitación adicional.
En todos estos casos, los requisitos de diseño, técnicos, funcionales y legales se prevén desde la fase de proyecto. Esta habitación extra permite que una vivienda acompañe la evolución de un hogar durante muchos más años, prolongando su vida útil y reduciendo la necesidad de construir nuevas viviendas.
Integrar principios de adaptabilidad en los planos permite reducir la demanda de nuevas viviendas en torno a un 40% sin aumentar superficie ni costes.
– 4. Co-residencia: repensar la vivienda compartida
La vivienda compartida suele asociarse a estudiantes o a soluciones temporales. Sin embargo, cuando está bien diseñada, puede ofrecer una respuesta eficaz al creciente número de hogares unipersonales. Con este objetivo desarrollamos en 2012 una nueva tipología de vivienda compartida, que denominamos co-residencia, en la que cada residente dispone de una unidad privada —con un dormitorio amplio y un baño propio— mientras comparte la cocina, el salón y el comedor. Está pensada para acoger entre tres y seis residentes. Una co-residencia para seis residentes, frente a seis viviendas independientes, puede reducir tanto la superficie construida como el consumo energético hasta en un 45 %. Pero su principal valor va mucho más allá del ahorro de espacio o de recursos: crea redes de apoyo mutuo y favorece la convivencia, algo especialmente valioso para muchas personas que viven solas.
A diferencia del co-living, con su carácter casi hotelero y sus grandes espacios comunes, la co-residencia funciona a la escala íntima de la vivienda. Ofrece privacidad sin renunciar a la comunidad.
– 5. La tipología PLUS: más allá del número de dormitorios
Las tipologías de vivienda suelen definirse exclusivamente por el número de dormitorios. Sin embargo, cada vez hay más hogares que no encajan en esas categorías: familias monoparentales, progenitores divorciados con custodia compartida o personas que teletrabajan. Todos ellos necesitan algo más de espacio, pero acceder a la siguiente categoría de vivienda suele resultar desproporcionado o económicamente inalcanzable.
Para responder a esta situación desarrollamos la tipología PLUS: una nueva categoría de vivienda situada entre las tipologías convencionales. Su principal característica es la incorporación de una estancia PLUS: un pequeño espacio abierto al salón, con ventana y totalmente acondicionado. Aunque compacto, ofrece espacio suficiente para dormir, trabajar o desarrollar otras actividades cotidianas. Por ejemplo, si una vivienda de un dormitorio tiene 43 m² y una de dos dormitorios alcanza los 62 m², una vivienda de un dormitorio PLUS puede situarse en torno a los 52 m². El objetivo es aproximarse a las prestaciones de la categoría superior sin asumir toda la superficie —y el coste— que ésta supone. De este modo, la vivienda responde mejor a las necesidades reales de sus habitantes sin dejar de ser asequible, especialmente para hogares más vulnerables, como las familias monoparentales.
La tipología PLUS permite ajustar la superficie de la vivienda a las necesidades espaciales reales de cada hogar, y demuestra que unos pocos metros cuadrados adicionales, cuidadosamente diseñados, pueden reducir significativamente la necesidad de construir muchos más.
– 6. Vivienda compacta: hacer que cada metro cuadrado cuente
Muchos hogares unipersonales tienen dificultades para acceder a una vivienda asequible. Esto se debe, en parte, a la resistencia a reducir el tamaño de las viviendas, a pesar del rápido crecimiento de los hogares pequeños en toda Europa. Una vivienda compacta puede ofrecer una excelente calidad de vida, siempre que esté cuidadosamente diseñada. Las viviendas compactas requieren un diseño inteligente, muy por encima de los estándares actuales, para aprovechar al máximo cada metro cuadrado. Cuanto más pequeña es la vivienda, más inteligente debe ser su diseño.
Para conseguirlo desarrollamos distintas estrategias: distribuciones extremadamente optimizadas, con una ubicación muy precisa de puertas, ventanas o radiadores; techos más altos que permiten incorporar altillos; y una modulación inteligente de las alturas según las funciones. Estas estrategias permiten reducir entre un 25 % y un 40 % la superficie de una vivienda sin comprometer su calidad de uso. Además, diseñamos estas viviendas para que puedan agruparse en el futuro, permitiendo unir varias unidades si las necesidades y la composición de los hogares cambian con el tiempo.
Las viviendas compactas bien diseñadas no son un compromiso, sino una estrategia. Ofrecen una respuesta más adecuada y asequible para los hogares pequeños, ajustando la superficie a sus necesidades reales y reduciendo, al mismo tiempo, los costes económicos y el impacto ambiental asociados a la construcción.
El proyecto START-Ivry demostró que estas viviendas adaptables son viables, construyéndose por entre 1.580 y 1.750 €/m² de superficie habitable.
Viabilidad económica y el rol estratégico del proyecto arquitectónico
Cómo un mejor diseño residencial reduce el gasto público
Si agregamos el efecto de estas seis estrategias de diseño, estimamos que podrían reducir la necesidad de construir nuevas viviendas en torno a un 40 %. Los análisis realizados con inteligencia artificial son incluso más optimistas, lo que da una idea del enorme potencial de estas soluciones. Y, sin embargo, ninguna de ellas requiere nuevas tecnologías, mayores costes de construcción ni más superficie. Todo lo contrario. Lo único que exigen son mejores planos de vivienda. Entonces, ¿por qué el sector de la vivienda sigue ignorando este potencial?
Quizá ha llegado el momento de que otros sectores impulsen las mejoras que la vivienda necesita. Porque el impacto de un mal diseño trasciende el propio sector residencial. Cuando una vivienda no responde adecuadamente a las necesidades de quienes la habitan, las consecuencias se extienden al conjunto de la sociedad: puede afectar al rendimiento escolar, intensificar los conflictos familiares, favorecer la fragmentación de los hogares o acelerar el ingreso prematuro de personas mayores en residencias. También puede dificultar el emprendimiento, obligar a las familias a mudarse con frecuencia y debilitar los vínculos sociales y comunitarios. Un buen plano no sólo mejora la vida cotidiana. También reduce el gasto público al favorecer entornos residenciales más estables y mejorar los resultados sociales, económicos y ambientales a largo plazo.
El papel del diseño… y el del arquitecto
Existe, sin embargo, un obstáculo estructural para que estas estrategias lleguen a aplicarse de forma generalizada. En el modelo actual de producción de vivienda, el diseño está cada vez más condicionado por los promotores inmobiliarios y sus tipologías estandarizadas. Con demasiada frecuencia, los arquitectos se incorporan al proceso cuando las decisiones fundamentales sobre la distribución de la vivienda ya han sido tomadas y su margen de actuación queda reducido, en gran medida, al diseño de la fachada. Como consecuencia, los planos se optimizan para maximizar la eficiencia a corto plazo, en lugar de la adaptabilidad a largo plazo. La estandarización y la prefabricación se presentan como la única solución a la crisis de vivienda. Sin embargo, construir más rápido viviendas mal diseñadas no resolverá el problema. Al contrario: corre el riesgo de perpetuar durante generaciones viviendas que quedarán obsoletas a medida que evolucionen los hogares.
Resolver la crisis de vivienda no consiste únicamente en construir más o más deprisa. También exige devolver al diseño inteligente del plano un papel central en la producción de vivienda.
Un nuevo relato para la vivienda: centrado en las personas, no en hojas de Excel
Las seis estrategias presentadas en este artículo generan viviendas más versátiles, resilientes y preparadas para adaptarse a la evolución de los hogares. Estas viviendas no solo representan un importante avance social; también pueden reducir de forma significativa la demanda de nuevas viviendas y el gasto público. Y lo mejor es que no requieren ni mayores costes de construcción, ni más superficie ni nuevos sistemas constructivos. En nuestro proyecto START-Ivry construimos este tipo de viviendas por entre 1.580 y 1.750 €/m² de superficie habitable (2019). Sin embargo, el relato dominante sigue siendo profundamente tecnocrático: construir más viviendas y más deprisa, en lugar de menos y mejor diseñadas. Un relato que beneficia a quienes obtienen ventajas de la escasez permanente de vivienda. Como me dijo en una ocasión un promotor inmobiliario: «¿Para qué tanto esfuerzo en mejorar la vivienda, Beatriz? Lo vendemos todo, da igual lo malo que sea.»
Diseñar viviendas que se adapten a las personas, que sean más resilientes y que reduzcan la necesidad de construir más no es una utopía. Es una posibilidad real y una responsabilidad colectiva. Con nuestro proyecto START-Ivry demostramos que la vivienda puede ser, al mismo tiempo, una infraestructura social y un producto económicamente viable. Ignorar la primera significa traicionar una de las responsabilidades fundamentales de la arquitectura.
Necesitamos un nuevo relato para la vivienda: un relato que adapte la vivienda a las necesidades reales de quienes la habitan, y no a hojas de Excel. Porque construir millones de viviendas mal diseñadas cada vez más deprisa es como fabricar millones de chaquetas inadecuadas: por mucho que aumentemos la producción, seguirán sin responder a las necesidades de quienes las usan y acabarán teniendo que buscar otra.
Beatriz Ramo es arquitecta, urbanista y fundadora de STAR strategies + architecture, estudio con sede en Rotterdam. Es una voz reconocida en el ámbito de la vivienda colectiva y, a través de su investigación y de su obra construida, explora cómo el diseño puede responder mejor a la evolución de los hogares y contribuir a afrontar la crisis de vivienda. Defiende una vivienda adaptable como respuesta a la creciente estandarización del parque residencial, especialmente a través de su proyecto de referencia START-Ivry, por el que recibió en 2024 el Premio Nacional Francés ARVHA Mujeres Arquitectas.










