La edificación en la Unión Europea se sitúa en el centro de cuatro crisis interconectadas: la falta de acceso a una vivienda asequible, la precariedad en la salud de los hogares, la inseguridad energética y la emergencia climática. Frente a una demanda estimada de más de 2 millones de viviendas adicionales al año en el continente, el sector actual consume el 40% de la energía final y genera el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero, manteniendo un 75% del parque en niveles energéticamente ineficientes.
El informe The Housing We Need For The Future We Want, elaborado por el Grupo VELUX junto a BPIE, no objectives, RISE Lab y Artelia, demuestra mediante una exhaustiva modelización técnica que el 85% de los edificios que habitará Europa en 2050 ya está construido, y que la respuesta a la tensión habitacional no reside en la producción intensiva de obra nueva tradicional, sino en la optimización estratégica del patrimonio edificado.
Un marco de priorización escalar para la descarbonización del sector
Para cuantificar este potencial, la investigación ha analizado un universo de 21.000 millones de metros cuadrados a través de más de 10.000 arquetipos edificatorios, comparando el impacto a 50 años de nueve fórmulas de generación de capacidad residencial. El resultado es el denominado Impact Framework, una jerarquía de priorización diseñada para transformar la toma de decisiones en las políticas públicas y en la industria:
- 1. Renovación y optimización prioritaria: Adaptar, redistribuir, recuperar viviendas vacías, reconvertir terciario e industrial a residencial y ejecutar rehabilitaciones energéticas profundas antes de realizar intervenciones de mayor escala.
- 2. Ampliación y sobreelevación: Habilitar bajo cubiertas, agregar plantas superiores y ejecutar extensiones laterales cuando la rehabilitación en el volumen existente no sea suficiente para absorber la demanda.
- 3. Edificación de nueva planta como último recurso: Restringir la obra nueva a planteamientos compactos bajo principios de suficiencia, desarrollados exclusivamente sobre vacíos urbanos o suelos previamente transformados (brownfields).
Producir un metro cuadrado mediante obra nueva compacta requiere 1.477 kg de materiales y genera 1.606 kgCO₂eq a 50 años, frente a los 349 kg de material y un balance neto que evita 2.695 kgCO₂eq en una reconversión.
La brecha ambiental entre la obra nueva y la transformación del parque
Los datos recogidos en la modelización revelan una brecha de sostenibilidad determinante entre los distintos modelos de actuación. La construcción de un metro cuadrado de vivienda mediante obra nueva compacta demanda 1.477 kg de materiales y genera una huella climática de 1.606 kgCO₂eq en un ciclo de vida de 50 años. Por el contrario, la transformación de un inmueble existente a uso residencial requiere 349 kg de materiales por metro cuadrado y logra evitar 2.695 kgCO₂eq, dado que el ahorro operacional obtenido por la eficiencia energética supera holgadamente las emisiones embebidas durante las obras de rehabilitación. Esto supone una diferencia neta de 4,3 toneladas de CO₂eq por metro cuadrado a favor de la intervención sobre lo construido.
El potencial total de intervención sobre el parque edificado permitiría albergar a entre 120 y 250 millones de personas en las zonas con mayor tensión del mercado.
Al aplicar este marco al conjunto del parque edificado europeo elegible, la investigación concluye que las medidas de mejor uso, que incluyen la activación de pisos vacíos, la reconversión de usos y las rehabilitaciones profundas, aportarían entre 31 y 75 millones de viviendas. Al sumar las ampliaciones verticales y laterales, y reservando la obra nueva compacta solo para el resto de la demanda, la capacidad total alcanzable se sitúa entre 50 y 107 millones de viviendas. Este volumen equivale a una superficie de entre 4.000 y 9.000 millones de metros cuadrados, garantizando acceso residencial a una población de entre 120 y 250 millones de personas.
Impacto macroeconómico, ahorro de materiales y reducción de emisiones
Desde la perspectiva del impacto climático global, priorizar la rehabilitación y la optimización del patrimonio inmobiliario frente a la edificación de nueva planta evitaría la emisión de entre 3,9 y 19,1 gigatoneladas de CO₂ equivalente en los próximos 50 años. El 75% de esta reducción procede directamente de las actuaciones sobre las estructuras ya existentes. Asimismo, la demanda energética del sector se reduciría entre un 25% y un 75%, amortizándose el carbono invertido en las obras de rehabilitación en un plazo de solo 3 a 7 años.
A nivel industrial, la adopción plena del Impact Framework recortaría la huella de carbono de la industria de la construcción europea hasta en un 32%. En términos macroeconómicos, las toneladas de CO₂ evitadas representan entre el 2% y el 11% de todas las emisiones acumuladas por el conjunto de los sectores de la economía de la Unión Europea. La horquilla más alta de esta estimación equivale a la totalidad de las emisiones anuales de países como Francia o España, o al impacto combinado de todo el parque móvil que circula por las carreteras europeas.
La aplicación de medidas de mejor uso del parque edificado evitaría entre 5,8 y 13 gigatoneladas de consumo de materias primas en los próximos 50 años.
En el apartado de recursos naturales, el modelo calcula que la contención en el uso de materiales evitaría la extracción e industrialización de entre 5,8 y 13 Gt de materias primas, reduciendo de forma directa la presión sobre los ecosistemas y frenando la pérdida de biodiversidad asociada a la minería y fabricación de componentes para la edificación.
Traducción del análisis al mercado residencial español
Aunque el estudio subraya que estas cifras representan un potencial técnico que debe ponderarse según la localización, titularidad, costes y viabilidad de cada activo, sus conclusiones señalan directamente al debate inmobiliario español. Frente a un discurso sectorial centrado prioritariamente en la clasificación de nuevo suelo urbanizable y en la cifra de visados de obra nueva, los datos del informe VELUX y BPIE muestran la necesidad de elaborar diagnósticos precisos sobre el parque edificado nacional. Determinar la ubicación de los inmuebles desocupados, identificar los vacíos edificatorios y levantar las barreras normativas y de financiación que impiden su rehabilitación representa la vía más eficiente para dar respuesta a la demanda social sin comprometer los objetivos climáticos.










