La intervención sitúa el paisajismo como generador de salud, confort y valor económico, más allá de su dimensión estética.
Gustavo Marina centró su intervención en ComunicARQ Talks 2026 en el papel del paisajismo como elemento estructural dentro de los proyectos arquitectónicos, reivindicando su capacidad para mejorar tanto la experiencia de los usuarios como el valor económico de las propuestas.
El ponente planteó el paisajismo como una disciplina orientada a generar bienestar. Según explicó, su función no se limita a la incorporación de vegetación, sino que busca aportar confort, salud y calidad de vida a los espacios, tanto interiores como exteriores.
En este sentido, introdujo el concepto de biofilia como base del trabajo del paisajista. La conexión con la naturaleza se presenta como una necesidad inherente al ser humano, que debe integrarse en los proyectos para mejorar la experiencia de uso.
Más allá de la dimensión conceptual, Marina subrayó los beneficios tangibles del paisajismo. Entre ellos, destacó el aumento de la productividad en entornos de trabajo, la mejora de la creatividad, la reducción de enfermedades y el impacto positivo en el bienestar general de las personas.
Asimismo, señaló su impacto económico. El paisajismo contribuye a incrementar el valor de los activos y mejora la percepción de los proyectos, lo que repercute directamente en su comercialización.
Uno de los mensajes principales de la intervención fue la necesidad de incorporar al paisajista desde el inicio del proyecto. Las decisiones clave, especialmente aquellas relacionadas con el concepto, la estructura o la implantación, se toman en las primeras fases, por lo que su participación temprana resulta determinante.
En este contexto, el ponente advirtió sobre las ineficiencias derivadas de incorporar el paisajismo en fases finales, lo que puede generar sobrecostes o soluciones menos eficaces desde el punto de vista técnico.
La intervención también abordó el carácter dinámico del paisaje frente a la arquitectura. Mientras que el edificio se entrega como un producto finalizado, el paisaje evoluciona en el tiempo, lo que implica la necesidad de mantenimiento y gestión continuada.
Marina destacó además el carácter multidisciplinar del paisajismo, que integra perfiles como arquitectos, técnicos, pero también profesionales de ámbitos como la psicología, la filosofía o el arte, enriqueciendo el enfoque del proyecto.
A lo largo de la ponencia, se presentaron diferentes tipologías de intervención, desde proyectos hoteleros hasta espacios públicos, residenciales o culturales, poniendo en valor la capacidad del paisajismo para adaptarse a distintos contextos.
En el ámbito urbano, el ponente incidió en la necesidad de mejorar el espacio público, señalando su impacto en la salud mental y en la calidad de vida. La falta de espacios adecuados para la interacción social se plantea como un problema creciente en las ciudades.
Asimismo, abordó aspectos técnicos como la importancia del arbolado en la regulación térmica, destacando su capacidad para reducir temperaturas y mejorar las condiciones ambientales en entornos urbanos.
En el ámbito residencial, defendió la integración del paisaje como parte del diseño arquitectónico, generando espacios que conecten interior y exterior y mejoren la experiencia de los usuarios.
Como cierre, Marina insistió en que la incorporación del paisajismo no solo mejora los proyectos, sino que los transforma, aportando valor diferencial y reforzando su calidad global.
La intervención plantea así una visión del paisajismo como disciplina estratégica dentro del sector, capaz de influir en el bienestar, la sostenibilidad y la rentabilidad de los proyectos arquitectónicos.





