Neurodivergencia, arquitectura y construcción: el reto de diseñar para todos los cerebros

La neurodiversidad está llevando al sector AECO a replantearse cómo se diseñan y construyen oficinas, centros educativos, edificios públicos y espacios urbanos, mientras España incorpora nuevas exigencias de accesibilidad cognitiva.

El Dato
Desde 2027, España incorpora nuevas condiciones básicas de accesibilidad cognitiva al entorno construido mediante el RD 707/2026.

Durante décadas, la accesibilidad en arquitectura y construcción se ha asociado principalmente a la eliminación de barreras físicas. Rampas, ascensores, itinerarios accesibles, anchuras de paso o aseos adaptados forman parte ya de los requisitos habituales de cualquier proyecto.

Pero el debate empieza a ampliarse hacia unas barreras mucho menos visibles: el ruido, la iluminación, la sobrecarga sensorial, la desorientación, la dificultad para comprender un espacio o la imposibilidad de encontrar un lugar donde reducir los estímulos.

La neurodiversidad introduce una nueva perspectiva sobre el entorno construido. Autismo, TDAH, dislexia, dispraxia y otras condiciones relacionadas con diferencias en el procesamiento sensorial o cognitivo pueden hacer que determinadas características de un edificio sean especialmente difíciles de gestionar para algunas personas.

El resultado es un cambio de paradigma: el usuario deja de ser entendido como un perfil único y el edificio empieza a concebirse como un entorno capaz de ofrecer diferentes experiencias y niveles de estimulación.

La accesibilidad cognitiva entra en la regulación española

El debate adquiere especial relevancia en España tras la publicación del Real Decreto 707/2026, de 2 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento de las condiciones básicas de accesibilidad cognitiva, publicado en el BOE el pasado 3 de septiembre y cuya entrada en vigor está prevista para el 2 de enero de 2027.

El nuevo reglamento establece las condiciones básicas de accesibilidad cognitiva y afecta a distintos ámbitos, incluido el entorno construido. La norma incorpora cuestiones relacionadas con la comprensión, orientación, señalización, información y control de estímulos sensoriales, incluyendo aspectos vinculados a la luz, el sonido y el movimiento. (BOE)

Para arquitectura, ingeniería, construcción, promoción y gestión de activos, supone ampliar el concepto tradicional de accesibilidad. El edificio no solo debe poder utilizarse físicamente. También debe poder entenderse, recorrerse y experimentarse.

La nueva frontera de la accesibilidad
España incorpora la accesibilidad cognitiva a su marco regulatorio, ampliando el debate desde las barreras físicas hacia la orientación, la comprensión y la experiencia sensorial del espacio.

PAS 6463: el diseño del entorno construido incorpora la neurodiversidad

Uno de los principales referentes internacionales en este ámbito es PAS 6463:2022, Design for the mind. Neurodiversity and the built environment, desarrollada por el British Standards Institution (BSI).

El documento proporciona orientación para diseñar, crear y gestionar entornos inclusivos para personas con diferencias en el procesamiento sensorial y neurológico. Su ámbito incluye edificios y espacios exteriores de uso público y comercial, así como determinados entornos residenciales

La PAS 6463 aborda cuestiones que hasta ahora no siempre han formado parte del núcleo del proyecto arquitectónico: iluminación, acústica, decoración, pavimentos, distribución, wayfinding, seguridad, confort térmico, olores, familiaridad, claridad y anticipación del entorno.

El estándar no propone una estética determinada ni un modelo único de edificio neurodivergente. Su planteamiento parte precisamente de la diversidad de necesidades y de la necesidad de reducir o gestionar los impactos negativos que determinados entornos pueden generar. AccessibleEU considera la PAS 6463 uno de los primeros estándares desarrollados por un organismo nacional de normalización específicamente orientados a las diferencias en el procesamiento sensorial dentro del entorno construido. No se trata de diseñar edificios para una determinada condición. Se trata de diseñar edificios capaces de responder a una mayor diversidad de usuarios.

De la arquitectura visual a la arquitectura multisensorial

La arquitectura se representa habitualmente mediante plantas, secciones, alzados y renders. Sin embargo, la experiencia real de un edificio es mucho más amplia.

Una persona percibe simultáneamente luz, sonido, temperatura, olores, movimiento, texturas, densidad de personas, recorridos e información. Para determinadas personas neurodivergentes, la acumulación de estos estímulos puede generar sobrecarga sensorial, fatiga o dificultades para concentrarse y orientarse. Por eso la arquitectura neuroinclusiva comienza a incorporar una pregunta adicional al proceso de proyecto: no solo cómo se ve un espacio, sino cómo se escucha, cómo se recorre, cómo se comprende y cuánto control permite al usuario ejercer sobre su experiencia.

Acústica e iluminación, dos variables críticas

El ruido aparece como uno de los factores especialmente relevantes. Espacios abiertos con conversaciones simultáneas, reverberación, teléfonos, instalaciones o sonidos imprevisibles pueden dificultar la concentración para determinadas personas. La respuesta arquitectónica pasa por trabajar el acondicionamiento acústico, la distribución de usos y la creación de espacios con diferentes niveles de actividad. En paralelo, la iluminación puede convertirse en otro elemento determinante. El diseño neuroinclusivo contempla estrategias como aprovechamiento de la luz natural, reducción del deslumbramiento, iluminación regulable y control de determinados estímulos visuales. La PAS 6463 incorpora precisamente iluminación y acústica entre las variables que deben considerarse en el diseño del entorno construido.

El edificio como sistema sensorial
Acústica, iluminación, temperatura, olores, texturas, movimiento y wayfinding dejan de ser cuestiones independientes para convertirse en variables de una misma experiencia arquitectónica.

Zonificación sensorial y espacios de escape

Uno de los conceptos que ha adquirido mayor presencia en el diseño para personas con autismo es el de espacio de escape: lugares donde una persona pueda retirarse temporalmente de un entorno de alta estimulación. Puede tratarse de una sala tranquila, una pequeña zona protegida, una cabina individual, una alcoba o un espacio exterior de baja intensidad sensorial. La idea puede trasladarse también a otros programas arquitectónicos. En una oficina, por ejemplo, puede significar disponer de espacios de concentración junto a zonas colaborativas. En un centro educativo, crear transiciones entre ambientes. Y un edificio público, proporcionar puntos de descanso y orientación. El objetivo no es aislar a las personas, sino ofrecer capacidad de elección y recuperación.

Otro referente es el Autism ASPECTSS Design Index, desarrollado por la arquitecta e investigadora Magda Mostafa. El modelo trabaja siete principios: acústica, secuenciación espacial, espacios de escape, compartimentación, transición, zonificación sensorial y seguridad.

Oficinas: del espacio de trabajo único a diferentes experiencias

El workplace constituye uno de los ámbitos donde este cambio puede tener mayor impacto. Los modelos tradicionales de oficina abierta parten de una determinada concepción del trabajo colectivo: concentración, colaboración y comunicación se producen dentro de un mismo espacio. Pero la neurodiversidad cuestiona la idea de que todos los trabajadores necesiten las mismas condiciones ambientales.

El diseño puede plantear zonas de concentración, espacios colaborativos, áreas semiprivadas, cabinas individuales y espacios de baja estimulación, permitiendo que el trabajador pueda escoger el entorno más adecuado para cada actividad. Los intereses empresariales van más allá del diseño interior. Una mayor capacidad para adaptar el entorno puede contribuir a mejorar las condiciones de trabajo de personas con diferentes formas de procesar información y estímulos.

Y aquí aparece una segunda dimensión del problema: la neurodiversidad no solo afecta a quienes utilizarán los edificios. También está presente entre las personas que los diseñan y construyen.

La construcción también tiene trabajadores neurodivergentes

El debate menos explorado es el de la propia industria. Arquitectos, ingenieros, diseñadores, project managers, técnicos, responsables de obra y otros profesionales del sector también pueden ser neurodivergentes. La cuestión resulta especialmente relevante en una industria que necesita incorporar y retener talento técnico y que, al mismo tiempo, trabaja habitualmente en entornos complejos, cambiantes y con una elevada carga de información. Y la adaptación no tiene por qué consistir necesariamente en modificar radicalmente el puesto de trabajo. Puede incluir mayor claridad en las instrucciones, reducción de estímulos innecesarios, espacios adecuados para la concentración, organización de la información, previsibilidad de determinadas tareas o flexibilidad en la manera de trabajar.

Este enfoque desplaza el debate desde la arquitectura para usuarios neurodivergentes hacia una cuestión más amplia: cómo hacer que la propia industria de la construcción sea más neuroinclusiva.

La neurodiversidad también está dentro de la obra
Arquitectos, ingenieros, project managers, técnicos y trabajadores de la construcción forman parte de la diversidad neurológica de la sociedad. La inclusión también puede empezar por el propio sector AECO.

Casos españoles: de los centros especializados a una nueva forma de proyectar

España cuenta ya con proyectos que muestran cómo estas cuestiones pueden trasladarse al espacio construido.

Uno de ellos es el Centro de Día de APNABI en Derio (Bizkaia), diseñado por AV62 Arquitectos. El proyecto se plantea como un nuevo centro de atención diurna para jóvenes con trastornos del espectro autista y combina espacios interiores y exteriores destinados a actividades educativas, descanso, talleres, agricultura y jardinería. El proyecto organiza los talleres interiores dentro de un volumen tipo invernadero y plantea un gran espacio exterior como «plaza». Según sus autores, uno de los retos era generar un espacio tranquilo que facilitara la actividad diaria de personas con TEA y que, al mismo tiempo, pudiera abrirse puntualmente al barrio.

Otro caso es el ya citado colegio Aleph-TEA de Madrid, proyectado por MVN Arquitectos. El edificio, construido en 2009, cuenta con 1.406 m² y fue planteado específicamente como centro de educación especial. La organización del programa y la relación de las aulas y espacios de actividad con las condiciones de iluminación y el exterior forman parte de las decisiones centrales del proyecto. El estudio desarrolló posteriormente una ampliación de 129 m² destinada a apoyar la transición a la vida adulta, con un Aula Hogar y un Aula de Trabajo para actividades con las familias.

Son ejemplos que muestran que el debate sobre neurodiversidad no parte de cero en España, aunque todavía existe un amplio margen para trasladar estos principios a oficinas, edificios públicos, vivienda, hospitales, espacios comerciales y proyectos urbanos.

De la arquitectura especializada al diseño universal

Uno de los riesgos del debate es convertir la arquitectura neuroinclusiva en una nueva categoría de edificios especializados. La tendencia apunta en otra dirección. Un espacio silencioso puede beneficiar a una persona con hipersensibilidad auditiva, pero también a cualquier trabajador que necesite concentración. Una señalización más clara puede facilitar la orientación de una persona con dificultades cognitivas, pero también mejorar la experiencia de visitantes y usuarios. Una iluminación regulable puede responder a diferentes necesidades sensoriales y, al mismo tiempo, incrementar el confort general. Por eso, la neuroinclusión puede entenderse como una evolución del diseño universal. No se trata de construir un edificio diferente para cada usuario, sino de crear edificios suficientemente flexibles como para que personas diferentes puedan utilizarlos de maneras diferentes.

Construcción, materiales y tecnología

El reto alcanza también a la fase constructiva. Los criterios de diseño neuroinclusivo tienen traducción en soluciones concretas: materiales fonoabsorbentes, control de la reverberación, tabiquerías con aislamiento acústico, iluminación regulable, control solar, acabados que reduzcan deslumbramientos, sistemas de señalización y distribución espacial claramente jerarquizada. La PAS 6463 aborda precisamente variables de diseño que afectan tanto al proyecto como a la creación y gestión posterior de los espacios.

El desarrollo de BIM, la simulación y los gemelos digitales abre además una posible línea de innovación: incorporar al modelo del edificio variables relacionadas con recorridos, iluminación, acústica o diferentes escenarios de uso. Todavía es un ámbito en desarrollo, pero la evolución resulta significativa. La accesibilidad cognitiva puede convertirse en un nuevo campo de aplicación para la construcción basada en datos.

El reto ahora es medir

El avance de la normativa y de los estándares plantea una cuestión decisiva para el sector: ¿cómo se mide la accesibilidad cognitiva de un edificio?

La existencia de criterios sobre orientación, información, estímulos sensoriales o comprensión del espacio supone un avance, pero su aplicación práctica requiere herramientas, indicadores y procedimientos capaces de trasladar estos conceptos al proyecto, la obra y la gestión posterior del inmueble. También será necesario distinguir entre requisitos normativos, buenas prácticas y soluciones todavía experimentales. El propio desarrollo de la PAS 6463 muestra que el ámbito es amplio: incluye desde iluminación y acústica hasta distribución, wayfinding, confort térmico, olores y anticipación del entorno. La próxima fase será convertir ese conocimiento en criterios técnicos verificables.

Una nueva dimensión para la arquitectura y la construcción

La neurodiversidad está obligando al sector a ampliar su definición de accesibilidad. Primero fueron las barreras físicas. Después se incorporaron las sensoriales. Ahora adquieren cada vez más importancia las barreras cognitivas y la manera en que cada persona procesa la información y los estímulos del entorno. Para arquitectos, ingenieros, constructores, promotores y gestores de edificios, el cambio implica introducir una nueva pregunta en el proyecto:

¿Puede este edificio ser utilizado y experimentado de manera satisfactoria por personas que perciben el mundo de formas diferentes?

La respuesta no pasa por crear una arquitectura específica para una minoría. Pasa por diseñar edificios más comprensibles, más flexibles, menos dependientes de un único patrón de usuario y capaces de ofrecer diferentes niveles de estímulo y control. La entrada en vigor del nuevo Reglamento español de accesibilidad cognitiva en enero de 2027 puede convertir esta cuestión en uno de los próximos grandes retos del sector. La arquitectura del futuro no tendrá que diseñar solamente para todos los cuerpos. También tendrá que empezar a diseñar para todos los cerebros.

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