Pasada la vorágine de eventos, entregas de premios y convocatorias multitudinarias que inundaron la Ciudad Condal a mediados de junio en el marco de las actividades vinculadas a Barcelona Capital Mundial de la Arquitectura 2026, resulta indispensable hacer una pausa de análisis para poner en valor las conclusiones más incisivas que dejó el calendario profesional. Entre todos los formatos celebrados, la segunda entrega de The Green Beer Sessions se consolidó como un oasis de honestidad técnica.
Celebrado el pasado 16 de junio de 2026 a las 18:30 h en Simon La Casa de la Llum (C/ Sancho de Ávila, 66), un espacio emblemático con certificaciones WELL y LEED Platino, rehabilitado por B720 sobre la primera fábrica histórica de Simón de los años 60, el encuentro huyó de las presentaciones corporativas, los PowerPoint y los guiones encorsetados para abordar de forma crítica los retos ambientales y metodológicos del sector AECO.
Impulsado por Archikubik (Marc Chalamanch), Energreen Design (Mauro Manca) y #Komuniki (Nicola Mostallino), con el apoyo estratégico de SIMON, Mapei Spain, S.A.U., URSA Iberica by Etex, Access Safety Group y Construnews.com como media partner, la jornada integró también la propuesta de arte sonoro de Mercedes Nogueira sobre materiales constructivos y la ambientación musical en vinilo de Paolo Meloni. A continuación, transcribimos y analizamos de manera pormenorizada la conversación entre dos voces de referencia: Cristina Sendra, doctora en Ciencias Ambientales especializada en Ecología Industrial y directora técnica de Eco Intelligent Growth (EIG – Grupo Construcia), e Ignasi Pérez Arnal, CEO de Atom Modular, director del congreso REBUILD y fundador de BIM Academy; y la moderación de Marc Chalamanch y Mauro Manca.
Las barreras estructurales de la circularidad y el peso de la cadena de valor fragmentada
Moderadores: Estamos aquí no solo para hablar de las cosas bonitas que hacemos o de cómo hacerlo bien, sino de las cosas que no se dicen. Cuando pisamos obra, la mayoría de buenas iniciativas planteadas en proyecto no se ejecutan o se paran. Tras tantos años de trayectoria, ¿por qué todavía estamos así?
Cristina Sendra: Desde EIG, que fue fundada en 2005 bajo los principios de Cradle to Cradle, creíamos que la economía circular tenía que convertirse en un modelo de negocio aplicable. En 2013, Construcía adquiere EIG porque buscaba precisamente diferenciarse del mercado y no vender únicamente por precio y coste. Sin embargo, más de veinte años después, el mercado sigue demandando la circularidad de forma muy puntual. ¿Cuántas promotoras con la visión de Inma Simón, propietaria promotora del edificio Sócrates, el primer edificio circular de España, os habéis encontrado en la vida? La respuesta es prácticamente ninguna.
Recientemente hemos hecho un estudio con la Agencia de Residuos analizando proyectos piloto de éxito donde la barrera económica no ha sido el problema. El patrón común indiscutible en todos ellos era la motivación directa y personal de la promotora o de la persona que lideraba la inversión. En nuestro sector, al estar la cadena de valor tan sumamente fragmentada, cuando inviertes en un activo para venderlo sin ser el explotador posterior, el retorno económico de la sostenibilidad no te repercute a ti como inversor inicial. Si te gastas más dinero en una pintura ecológica para este edificio de Simón, la empresa lo recupera en el bienestar y la productividad de sus empleados, pero en la vivienda residencial o comercial tradicional, la recuperación del valor pasa en puntos de la cadena completamente ajenos a quien pone el capital inicial.
El patrón común en los proyectos circulares de éxito es la motivación del promotor. Como la cadena de valor está fragmentada, quien invierte no siempre capta el retorno.
Ignasi Pérez Arnal: Yo diría que más que una circularidad limpia, lo que tenemos en el sector es un óvalo imperfecto o un concepto totalmente desfigurado. Somos la única especie sobre la Tierra que produce residuos no aprovechables por otro organismo. El problema de fondo es un fallo masivo de diseño. Durante todo el siglo XX, la capacidad de producción de materias primas creció de forma exponencial sin que los precios se incrementaran sustancialmente. Es a partir del año 2000 cuando las materias primas empiezan a encarecerse de manera imparable.
Existe una estadística demoledora del Green Building Council que me reconforta y horroriza repetir: el 38 % de los materiales que entran en una obra salen directamente como residuos. Es exactamente igual que si fueras a comprar una lechuga al supermercado y el 40 % la tiraras a la basura nada más comprarla. Lo que no es admisible es que lo primero que llegue a un solar para iniciar una obra sean tres contenedores para llenar de desperdicios que aún no se han generado.
De los sumerios a la obra moderna: la incapacidad histórica de innovar en el proceso constructivo
Pregunta: ¿Por qué el sector de la edificación genera tanto residuo y por qué resulta tan complejo industrializar y cambiar la forma en que construimos?
Ignasi Pérez Arnal: Si buscáis en Internet el primer ladrillo registrado de la historia, veréis que lo fabricaron los sumerios hace 6.000 años. Tenía exactamente las mismas proporciones y medidas que los ladrillos que utilizamos hoy en día. Hace seis milenios, un operario colocaba los ladrillos uno a uno utilizando mortero de cal. Hoy hacemos exactamente lo mismo, pero sustituyendo la cal por mortero de cemento. En 6.000 años, el sector de la construcción no ha sido capaz de innovar ni en la manera de colocar un ladrillo para tardar la mitad de tiempo. Construimos con la misma lógica que los sumerios y utilizando materiales que consumen una cantidad de energía brutal en su fabricación y que requerirán aún más energía para ser destruidos sin posibilidad de regeneración.
¿Por qué ocurre esto? Cuando haces un workshop con constructoras y preguntas por la última innovación que han implementado, la respuesta de hace una década fue que le habían comprado un teléfono móvil a sus encargados para llamar. El sector ha ganado tanto dinero haciéndolo mal que nunca ha tenido el incentivo de hacerlo bien. Se acepta la acumulación de basura y plásticos en la montaña o el mar como algo inevitable, y si no cambia la mentalidad, dentro de diez años seguiremos aceptando exactamente las mismas disfunciones.
Cristina Sendra: Hay que matizar que sí ha existido un progreso, al menos en la percepción del material. Cuando yo me incorporé al sector privado en 2008 procedente de la universidad, los fabricantes escondían que su aluminio fuera reciclado. Decían que era virgen porque se asociaba lo reciclado a una menor calidad o a una estética fea. Hoy la estética y la valoración cultural han cambiado.
Sin embargo, el gran obstáculo actual es el denominado green premium. O conseguimos que el producto o el edificio sostenible cueste exactamente lo mismo que el convencional, o el mercado masivo no lo absorberá. Si a cualquier promotora le ofreces cumplir en plazo, precio y sostenibilidad por el mismo importe, lo acepta sin dudar. Lo que casi nadie está dispuesto a asumir es pagar un extra por hacer el edificio circular. Mientras no demostremos un retorno económico directo y tangible a corto plazo, el volumen de penetración será mínimo.
En 6.000 años el sector no ha innovado la forma de poner un ladrillo. La construcción ha ganado tanto dinero haciéndolo mal que no ha tenido incentivos para cambiar.
Industrialización real frente a postventa: el caso de los baños modulares y la lección del facility management
Pregunta: ¿Hasta qué punto la industrialización de la construcción es la herramienta definitiva para resolver el coste, los plazos y la calidad de la vivienda?
Ignasi Pérez Arnal: Tras diez años dirigiendo el congreso REBUILD, he visto cómo España ha avanzado en elementos concretos. Hemos pasado de instalar 4.000 baños industrializados al año a superar los 40.000 en la actualidad. Sin embargo, la adopción sigue siendo desigual: la gente acepta el baño modular, pero apenas hay dos empresas fabricando cocinas industrializadas a escala.
El motivo por el cual los baños modulares funcionan es pragmático: ya no hay mano de obra cualificada para ejecutarlos de forma tradicional en obra. La media estadística en España revela que se registran 35 incidencias de postventa por cada piso entregado. Eso significa ver 35 post-its pegados en 80 metros cuadrados notificando fallos. Cuando se analiza si un baño industrializado de 3.600 euros es más caro que uno tradicional de 3.200 euros, la comparación es falsa. Esos 400 euros de diferencia te ahorran la gestión operacional de coordinar a decenas de industriales entrando a reparar remates tras la entrega, los costes de imagen y los retrasos de ocupación. Pero como el departamento que licita la obra en la constructora es diferente del que gestiona la postventa, los costes no se internalizan en la toma de decisión inicial.
Cristina Sendra: El análisis debe abarcar todo el ciclo de vida del activo. El coste de construcción representa únicamente el 30 % (o menos) del coste total de un edificio a lo largo de su vida útil. El 70 % restante corresponde al facility management y a la fase de operación. La paradoja de la edificación es que seguimos diseñando y contratando pensando solo en el tramo que va desde el plano hasta la entrega de llaves, ignorando sistemáticamente el origen de las materias primas y lo que ocurrirá cuando el edificio deba deconstruirse o adaptarse a nuevos usos.
Cada vivienda entregada en España acumula una media de 35 incidencias posventa. Un baño industrializado absorbe ese coste oculto desde la fase de fabricación.
El debate técnico confirma que la edificación registra un 38 % de residuo material en obra y 35 incidencias posventa por vivienda, evidenciando que la brecha de la industrialización no reside en la viabilidad técnica, sino en la incapacidad de la cadena de valor fragmentada para internalizar que el facility management representa el 70 % del coste total del activo.
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