El sector de la edificación se encuentra en un punto de inflexión estratégico en este año 2026. La madurez de la inteligencia artificial (IA) generativa y la exigencia de una colaboración multidisciplinar real están redefiniendo de manera sin precedentes las atribuciones y roles de todos los profesionales.

Entrevista a Lluís Moreno presidente de la Cambra de Contractistes d’Obres de Catalunya CCOC en relación con el monográfico y entrevista coral: El Nuevo Paradigma Profesional y Reputacional de la Construcción, un análisis profundo sobre el nuevo rol profesional, la gestión de la responsabilidad ante los algoritmos, el relevo generacional y el reto urgente de transformar la imagen pública del sector para atraer el talento joven.
Con la IA generativa asumiendo gran parte de las fases de diseño, optimización geométrica, presupuestación y cálculo normativo en 2026, ¿cuáles consideran que son las competencias genuinamente humanas que hoy definen el valor añadido de un profesional del sector?
La inteligencia artificial nos va a permitir trabajar mejor, ser más eficientes y disponer de mucha más información para tomar decisiones, pero no puede sustituir el criterio profesional, la experiencia y, sobre todo, el sentido común. En construcción trabajamos con proyectos complejos, con muchos agentes implicados y con una realidad de obra que muchas veces obliga a tomar decisiones sobre el terreno. Por eso sigue siendo fundamental entender las necesidades del cliente, ya sea el propietario, el promotor o el constructor, y saber dar respuesta a cada situación.
Hay capacidades que difícilmente puede sustituir una máquina: el sentido común, la imaginación, la experiencia, la capacidad de anticiparse a los problemas y el trabajo. La IA puede ayudarnos a analizar, calcular y optimizar, pero detrás tiene que haber un profesional que sepa interpretar esa información y aplicarla a una realidad concreta. Porque construir no es únicamente aplicar procesos o ejecutar un proyecto. Hay experiencia, conocimiento, imaginación y oficio. En definitiva, el arte de construir.
La gestión del dato y la analítica predictiva mediante IA están transformando la dirección de ejecución, el control de calidad y la seguridad. ¿Cómo está mutando el rol del técnico y del constructor a pie de obra en este nuevo ecosistema tecnológico?
No se detecta todavía un gran cambio en el rol del técnico y del constructor a pie de obra. Es cierto que se han ido incorporando sistemas y herramientas digitales, como el BIM o el Last Planner System, entre otros, y que la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, pero la organización de la obra no ha sufrido todavía una transformación tan profunda.
Creo que el cambio más importante está todavía por llegar. La construcción industrializada y la incorporación de nuevos sistemas constructivos ayudarán a mejorar los procesos, la planificación y la productividad en obra. Estamos avanzando en esa dirección, pero hoy su implantación sigue siendo todavía incipiente y queda mucho recorrido por delante.
Detrás del análisis algorítmico debe continuar existiendo un profesional que valide el resultado y asuma la responsabilidad correspondiente sobre la obra.
A medida que delegamos decisiones complejas a algoritmos predictivos, ¿dónde debe trazarse la línea de la responsabilidad del profesional? ¿Cómo gestionan la auditoría de estos resultados?
La responsabilidad no se puede delegar en un algoritmo. Podemos utilizar la inteligencia artificial para analizar alternativas, detectar riesgos o ayudarnos a tomar decisiones, pero detrás debe continuar existiendo un profesional que valide el resultado y asuma la responsabilidad correspondiente.
Además, en construcción, las decisiones tienen consecuencias muy concretas sobre la seguridad, el coste, los plazos y la calidad de una obra. Por eso debemos saber cómo se ha llegado a una determinada conclusión y poder revisar y contrastar los resultados. La IA tiene que ser una herramienta de apoyo. Cuanto mayor sea su capacidad para intervenir en procesos complejos, mayor tendrá que ser también nuestra capacidad para supervisarla.
¿Cómo están conviviendo los perfiles profesionales más veteranos con los nuevos “nativos digitales de la IA”? ¿Qué estrategias de capacitación están resultando más efectivas?
Creo que aquí tenemos una oportunidad muy interesante. Las generaciones con más experiencia acumulan un conocimiento de obra que no se aprende únicamente en una universidad ni utilizando una herramienta digital. La experiencia, el criterio y el sentido común se adquieren con los años, enfrentándose a problemas reales y tomando decisiones a pie de obra. Por otro lado, las generaciones jóvenes llegan con un dominio mucho más natural de la tecnología, de la inteligencia artificial y de nuevas maneras de trabajar. No deberíamos plantearlo como una sustitución de unos perfiles por otros, sino conseguir que ambos conocimientos se complementen.
Para las empresas, el reto está precisamente en facilitar esa transferencia de conocimiento entre generaciones. Los jóvenes pueden ayudar a incorporar nuevas herramientas y formas de trabajar, mientras que los profesionales con más experiencia deben transmitir ese conocimiento y ese oficio que forman parte de lo que podríamos llamar el arte de construir. Al mismo tiempo, la formación continua será imprescindible para que todos los profesionales, independientemente de su edad, puedan adaptarse a esta transformación.
Los contratos colaborativos bajo esquemas win-win permiten alinear intereses, reducir la confrontación y evitar el abandono de profesionales por presión económica.
La complejidad climática y tecnológica de 2026 exige que promotores, diseñadores, ingenieros y constructores colaboren desde la fase de anteproyecto. ¿Cuáles siguen siendo las principales barreras culturales y de gestión para que esta colaboración multidisciplinar sea fluida?
Desde las empresas constructoras llevamos tiempo defendiendo la necesidad de participar antes en los proyectos. Muchas de las dificultades que después aparecen durante la ejecución podrían detectarse o resolverse antes si todos los agentes pudiéramos aportar nuestra experiencia desde las primeras fases. Una de las principales barreras que encontramos actualmente es la presión económica que soporta el jefe de obra de la empresa constructora. El criterio económico tiene un peso muy importante durante la ejecución y, en muchas ocasiones, puede acabar condicionando la relación y la colaboración entre los distintos agentes. El objetivo debería ser que ese criterio económico no fuera el predominante, sino uno más dentro de una visión global del proyecto.
Tenemos que avanzar hacia modelos que favorezcan esa colaboración desde el inicio. Incorporar el conocimiento del constructor en fases tempranas puede mejorar la constructibilidad, ajustar costes, reducir modificaciones posteriores y ayudar a cumplir los plazos. En este sentido, los contratos colaborativos, con planteamientos “win-win”, pueden ser una buena herramienta para alinear los intereses de todos los agentes, compartir objetivos y buscar soluciones beneficiosas para el conjunto del proyecto. Fórmulas basadas, por ejemplo, en costes reales justificados más un porcentaje de gastos generales pueden contribuir a generar mayor transparencia y confianza entre las partes y a reducir esa confrontación que todavía se produce en determinadas obras.
Los contratos colaborativos donde todos los agentes comparten riesgos y beneficios desde el inicio están ganando terreno. ¿Cree que nuestra cultura empresarial actual está preparada para dejar atrás el modelo tradicional de confrontación en la obra?
Efectivamente, creo que nuestra cultura empresarial todavía no está preparada para dejar atrás el modelo tradicional de confrontación en la obra. Durante muchos años hemos trabajado con modelos contractuales en los que cada parte intenta protegerse y donde el resultado económico acaba teniendo un peso muy importante. Una de las consecuencias es la presión a la que están sometidos muchos técnicos, especialmente los responsables de obra, por el resultado económico de cada proyecto. Es una presión que se repite obra tras obra y que está provocando incluso que algunos buenos profesionales decidan abandonar el sector porque no quieren continuar asumiéndola.
Por eso es necesario avanzar hacia modelos más colaborativos, basados en la confianza, la transparencia y unas reglas del juego claras desde el principio. Necesitamos contratos equilibrados, con una distribución razonable de los riesgos y en los que los distintos agentes compartan objetivos.
Los contratos colaborativos pueden ayudarnos precisamente a cambiar esta dinámica: pasar de una relación basada en la confrontación y en defender únicamente el resultado de cada parte a trabajar por un buen resultado global del proyecto.
A pesar de la digitalización y la industrialización, la percepción pública general sigue vinculando a la construcción con conceptos obsoletos. ¿Cuál es el error de comunicación más grave que hemos cometido como sector para no haber logrado revertir esta imagen?
Probablemente, durante muchos años hemos explicado muy bien qué construimos, pero no hemos explicado suficientemente bien qué aporta a la sociedad lo que construimos. Cuando hablamos de construcción no hablamos únicamente de obras. Hablamos de viviendas, hospitales, escuelas, carreteras, ferrocarriles, infraestructuras hidráulicas, equipamientos o espacios públicos. En definitiva, construir es el medio que nos permite dar respuesta a muchas de las necesidades de la sociedad, mediante infraestructuras que hacen posible su funcionamiento y que inciden directamente en la calidad de vida de las personas.
Además, el sector ha cambiado muchísimo y no siempre hemos sabido explicarlo. Hoy hablamos de digitalización, BIM, industrialización, nuevos materiales, economía circular, inteligencia artificial… y, sin embargo, una parte de la sociedad continúa teniendo una imagen de la construcción que corresponde más al pasado que a la realidad actual. Tenemos que ser capaces de enseñar mucho más lo que hacemos, cómo lo hacemos y, sobre todo, para qué lo hacemos.
¿Cómo se debe comunicar nuestro compromiso ambiental para que sea creíble, medible y comprensible para la sociedad?
Con hechos y con datos. La sostenibilidad no puede convertirse simplemente en una palabra que aparezca en todos los discursos. Tenemos que explicar qué estamos haciendo realmente: cómo reducimos emisiones, qué materiales utilizamos, cómo gestionamos los residuos y cómo conseguimos que las infraestructuras sean más eficientes durante toda su vida útil. Y, cuando construimos nuevos elementos, hacerlo incorporando cada vez más la triple R: reutilizar, reciclar y revalorizar.
Además, contamos cada vez con más criterios y herramientas, como la taxonomía europea, que nos ayudan a definir y acreditar qué actividades pueden considerarse realmente sostenibles. Esto nos obliga también a ser más rigurosos a la hora de comunicar y a poder justificar con datos aquello que afirmamos. Y también creo que debemos explicarlo de una manera que la ciudadanía pueda entender. A veces utilizamos un lenguaje excesivamente técnico y nos olvidamos de explicar cuál es el resultado concreto de todas esas actuaciones. La mejor manera de generar credibilidad es poder demostrar los avances y ser transparentes también sobre todo aquello que todavía debemos mejorar.
¿Cómo podemos utilizar la narrativa de la “nueva construcción tecnológica” como un imán para atraer a las nuevas generaciones?
Lo primero es enseñarles la construcción que existe hoy, porque probablemente muchos jóvenes no la conocen.Estamos hablando de un sector donde ya conviven BIM, drones, inteligencia artificial, realidad virtual, maquinaria cada vez más automatizada, construcción industrializada y nuevos materiales. Hay muchísima tecnología, pero creo que tenemos que enseñar también algo que es muy propio de nuestro sector: la satisfacción de participar en un proyecto y poder ver el resultado del propio trabajo.
A los profesionales de la construcción les brillan los ojos cuando explican una obra en la que han participado y pueden decir: “yo he construido esto”. Ese sentimiento de pertenencia, de haber contribuido a crear algo que permanecerá y que será útil para la sociedad, es probablemente uno de los mejores argumentos que tenemos para atraer a las nuevas generaciones. Pero tampoco podemos pensar que solucionaremos la falta de talento únicamente cambiando el relato. Tenemos que ofrecer formación, posibilidades de desarrollo profesional y condiciones capaces de competir con otros sectores.
Y hay otro aspecto importante: necesitamos ampliar nuestra base de talento. Tenemos que conseguir atraer a más jóvenes y también a más mujeres. No podemos permitirnos prescindir de la mitad del talento disponible.
Debemos explicar qué aporta a la sociedad lo que construimos: la edificación es el medio que posibilita los servicios y la calidad de vida de las personas.
¿Hasta qué punto todos los agentes del sector debemos asumir un rol activo en la divulgación pública? ¿Qué canales o formatos consideran que faltan para conectar realmente el valor de nuestro trabajo con el bienestar del ciudadano de a pie?
Creo que todos tenemos una responsabilidad. Las organizaciones empresariales debemos comunicar, pero también tienen que hacerlo las empresas y los propios profesionales. Durante demasiado tiempo hemos sido un sector que hacía muchas cosas y las explicaba poco. Y cuando no explicas tu propia realidad, es muy fácil que otros construyan una imagen del sector que no se corresponde con lo que realmente es. También necesitamos que la reputación gane peso dentro de la propia escala de valores de las empresas y se entienda como un activo que hay que cuidar y construir.
Tenemos que abrir más las obras a la sociedad, explicar los proyectos de una manera comprensible, enseñar a las personas que trabajan detrás de ellos y aprovechar formatos más visuales y cercanos. Las redes sociales, el vídeo y también los medios de comunicación especializados ofrecen muchas posibilidades para divulgar mejor lo que hacemos y acercarlo a la sociedad. Pero, sobre todo, tenemos que conectar la construcción con aquello que preocupa y afecta directamente a las personas, explicando la repercusión concreta que tienen las obras en su día a día. Cuando alguien abre un grifo, utiliza el transporte público, lleva a sus hijos a una escuela o entra en un hospital, detrás hay construcción.
Nuestro gran reto de comunicación es conseguir que la sociedad entienda esa conexión.



