Cuando el fuego invade la ciudad: ¿Ha llegado la hora de un «DB-SI forestal»?

La temporada de incendios más severa de los últimos años en España, agravada por la tragedia de Los Gallardos (Almería), obliga al sector AECO a replantear urbanismo, materiales, infraestructuras críticas y modelos de reconstrucción

El Dato
El 1% de los incendios causa el 86% de la superficie quemada en España; el sector AECO ya no puede tratarlos como algo externo.

Hasta ahora, el debate sobre incendios forestales se limitaba a bomberos, medios aéreos y labores de extinción. La escala que están alcanzando los incendios en España, con una temporada 2026 que ya triplica los datos del mismo periodo del año anterior y una tragedia como la de Los Gallardos (Almería), ha cambiado radicalmente esa perspectiva. El fuego ya no es solo un problema ambiental: es un problema de dónde se construye, cómo se urbaniza, con qué materiales se edifica y cómo se protegen las infraestructuras. El sector AECO (Arquitectura, Ingeniería, Construcción y Operaciones) deja de ser un actor secundario para convertirse en protagonista.

El territorio construido, en primera línea del fuego

España acumulaba a comienzos de julio entre 40.000 y 50.000 hectáreas quemadas, según las distintas fuentes de medición (el Miteco y el sistema europeo EFFIS), con 14 grandes incendios forestales registrados en lo que va de año. A escala de la Unión Europea, la superficie quemada ronda ya las 130.400 hectáreas, un 16% por encima de lo habitual para estas fechas, con Portugal activando el mecanismo de Protección Civil Europeo.

Un dato estructural explica por qué el fenómeno ha cambiado de naturaleza: en 2025, menos del 1% de los incendios, los llamados Grandes Incendios Forestales, fue responsable del 86% de la superficie quemada, y la extensión media de cada gran incendio ha pasado de 1.500 a 6.100 hectáreas. El modelo tradicional de extinción se enfrenta así a fenómenos que superan su capacidad de contención, lo que traslada buena parte del peso de la prevención al diseño del territorio, la edificación y las infraestructuras.

El sector AECO pasa de actor secundario a protagonista: dónde se construye, cómo se urbaniza y con qué materiales se edifica son ya variables centrales en la gestión del riesgo de incendio forestal.

Urbanismo: la interfaz urbano-forestal como nuevo territorio de riesgo

El espacio donde las urbanizaciones entran en contacto directo con la masa forestal tiene nombre técnico: interfaz urbano-forestal (IUF), conocida internacionalmente como Wildland Urban Interface (WUI). Es la zona donde se concentra la mayoría de las pérdidas humanas y económicas de este tipo de incendios, y su regulación jurídica está dispersa entre normativa forestal, urbanística y de protección civil, lo que dificulta determinar con claridad las obligaciones de los propietarios de terrenos edificados, según un estudio de referencia (Pérez-Soba y Jiménez Shaw, 2019).

En abril de 2026, el Gobierno aprobó una nueva Directriz Básica de Planificación de Protección Civil ante el riesgo de incendios forestales, que sitúa por primera vez la interfaz urbano-forestal como uno de los ejes centrales de la planificación territorial, exigiendo evaluar la vulnerabilidad de viviendas, hospitales, infraestructuras, redes eléctricas, patrimonio y actividad económica.

Cataluña cuenta con la normativa más desarrollada de España en este terreno. La Ley 5/2003 obliga a las urbanizaciones sin continuidad con la trama urbana a mantener una franja exterior de protección de 25 metros, libre de vegetación seca y con la masa arbórea aclarada, además de un plan de autoprotección incorporado al plan de actuación municipal. Según indicaciones de la Diputación de Barcelona, los 5 metros más próximos a las viviendas no pueden tener ningún árbol, y en los 20 metros restantes deben espaciarse entre 6 y 8 metros para evitar que las copas se toquen. La Diputació de Barcelona gestiona además el Pla de Prevenció en Urbanitzacions (PPU), con 56 proyectos de franja perimetral redactados y más de 308 hectáreas ya ejecutadas.

El debate normativo sigue abierto: tras los incendios de este verano en les Gavarres, l’Anoia y Sentmenat, técnicos como Guillem Canaleta, de la Fundació Pau Costa, han planteado públicamente si esos 25 metros de franja siguen siendo suficientes, recordando precedentes como el incendio de 2022 en Pont de Vilomara, donde el fuego superó la franja de protección de una urbanización. A esto se suma un pasivo de décadas: muchas urbanizaciones en zona forestal no deberían estar donde están, lo que obliga a actuar mediante ordenanzas municipales y sustitución de materiales de cerramiento inflamables, como setos de brezo o coníferas, por especies de baja combustibilidad.

Materiales y arquitectura: de resistir el fuego a diseñar para no encenderse

El caso de los incendios de Los Ángeles de enero de 2025, con más de 16.000 estructuras destruidas en Pacific Palisades, dejó un dato que ha marcado el debate técnico internacional: una vivienda recién construida por el arquitecto Greg Chasen sobrevivió intacta gracias a un diseño preventivo específico. Frente al criterio tradicional de que el fuego avanza de forma lineal por el suelo, el consenso técnico apunta a que gran parte de las viviendas se incendian por la entrada de pavesas, fragmentos de brasa transportados por el viento a kilómetros del frente, a través de rejillas de ventilación o cubiertas.

La mayoría de las viviendas afectadas por incendios de interfaz no arden por contacto directo con las llamas, sino por la entrada de pavesas a través de rejillas de ventilación y cubiertas mal protegidas.

Países como Australia cuentan con normativa constructiva específica: la norma AS3959 determina los requisitos de edificación en zonas expuestas a incendios extensivos, mejorando la resistencia frente al ataque de brasas incandescentes, calor y llamas. España no dispone todavía de un equivalente dentro del Código Técnico de la Edificación, lo que abre una pregunta directa para el sector: ¿Es momento de un «DB-SI forestal»?

En paralelo, se extiende el uso de materiales de alta resistencia frente a soluciones tradicionales más vulnerables: fibrocemento, paneles metálicos y piedra natural en fachadas; metal, teja cerámica u hormigón en cubiertas, frente a tejas de asfalto o madera sin tratar; lana de roca en aislamiento, capaz de soportar temperaturas superiores a 1.000 °C sin fundirse. A esto se suman detalles constructivos como mallas de ventilación con apertura inferior a 3 mm, para bloquear la entrada de pavesas, y recubrimientos o pinturas intumescentes que se expanden con el calor para proteger elementos estructurales. También se están extendiendo las casas pasivas, cuya combinación de estructuras herméticas, materiales ignífugos y ventilación controlada ha demostrado mayor resistencia frente al fuego en los últimos incendios de California.

Infraestructuras críticas y digitalización: el nuevo campo de la ingeniería

Los incendios actuales afectan cada vez más a autopistas, ferrocarriles, líneas eléctricas, subestaciones, centros de datos y parques renovables, lo que convierte la resiliencia de estas infraestructuras en uno de los grandes mercados de ingeniería de la próxima década. En paralelo, España dispone ya de herramientas propias para modelizar este riesgo, como IberFire, un conjunto de datos de alta resolución orientado a evaluar el riesgo de incendios mediante inteligencia artificial y aprendizaje automático.

La combinación de GIS, gemelos digitales, satélite, drones y sensores IoT empieza a aplicarse tanto en la fase de prevención como en la de evaluación post-incendio, donde el escaneo mediante drones permite valorar en horas la integridad estructural de puentes, carreteras y viviendas afectadas, acelerando visados de reconstrucción y reduciendo costes de seguros. La integración de modelos BIM con datos de riesgo forestal, viento, humedad, rutas de evacuación y puntos de agua es todavía un terreno poco explorado en España, pero ya se plantea en distintos proyectos internacionales.

Madera, biomasa y economía circular: la oportunidad de negocio menos explotada

Los expertos coinciden en que la prevención no depende solo de la extinción, sino de la gestión activa del monte. Cuando existe demanda de madera y biomasa procedentes de gestión forestal planificada, resulta más viable económicamente realizar tratamientos selvícolas y retirar biomasa combustible, lo que mejora la resiliencia del territorio: que el monte tenga actividad económica ayuda a que se mantenga gestionado. Esta lógica conecta directamente con la industria de la madera estructural, el CLT y la economía circular forestal, incluyendo la valorización de madera quemada para tableros, carpintería o mobiliario cuando la intervención tras el incendio es rápida. Empresas como Veolia ya realizan aclareo controlado en masas forestales españolas, reduciendo la densidad de árboles por hectárea para hacer los bosques más resilientes al fuego, generando a la vez economía local en zonas rurales.

Cuando existe demanda de madera de gestión forestal planificada, resulta más viable mantener el monte gestionado: la economía circular forestal se convierte en herramienta de prevención de incendios.

Reconstrucción y seguros: el «build back better» como modelo

El Parlamento Europeo aprobó 120 millones de euros para reconstruir zonas arrasadas por los incendios de 2025 en España, destinados a restaurar redes de agua, saneamiento, telecomunicaciones, transporte, centros educativos y patrimonio cultural, con un impacto directo en licitación de obra pública. En la fase de reconstrucción, la construcción industrializada puede aportar rapidez y escala: viviendas temporales, edificios desmontables, centros de emergencia, escuelas provisionales o centros sanitarios modulares, un mercado que crece de forma significativa tras cada gran incendio.

El sector asegurador, por su parte, empieza a plantear el concepto «build back better»: promover técnicas de reconstrucción y rehabilitación postsiniestro más resilientes, con modelos de precios basados en riesgo, seguros paramétricos y seguros de la naturaleza como herramientas de adaptación climática, en un contexto en el que las primas en zonas de interfaz forestal tienden a endurecerse.

El contexto que urge esta reflexión

La tragedia del incendio de Los Gallardos (Almería), iniciado el jueves 9 de julio y con al menos 12 muertos confirmados y 23 personas sin localizar según los últimos datos de la Junta de Andalucía, con un origen que las autoridades atribuyen a la caída de un poste de una línea eléctrica de titularidad privada, es un recordatorio de que las decisiones sobre infraestructuras, mantenimiento de redes y planificación territorial tienen consecuencias directas sobre vidas humanas. El sector AECO no puede seguir tratando el incendio forestal como una emergencia externa: debe incorporarlo al diseño, a la normativa de edificación y a la planificación urbanística desde el origen del proyecto.

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