Pedagogía, planificación y un nuevo modelo constructivo: las claves para llevar la obra al ‘next level’ digital

Cosentino City Mallorca acogió el debate ‘Next level construction: Digitalización y Contech en la obra 2026’, en el que representantes del COAAT Mallorca, CONSTRULAB360, MAD4BIM y ARQUIT3CTES analizaron por qué Baleares avanza más despacio en digitalización y qué hace falta para que el BIM, la industrialización y las tecnologías Contech lleguen de verdad a pie de obra, desde la fase de proyecto hasta el mantenimiento de los edificios.

El Dato
La construcción prefabricada cuesta entre un 10 % y un 15 % más, pero puede reducir los plazos de dos años a menos de uno. Dominar el BIM requiere unos seis meses, y algunas licitaciones exigen entre cinco y diez años de experiencia. El sector propone implantar un nuevo modelo constructivo en Baleares en 2029.

El pasado 22 de octubre, Cosentino City Mallorca reunió a profesionales de distintos puntos de la cadena de valor de la edificación en la jornada ‘Next level construction: Digitalización y Contech en la obra 2026’. Moderado por Xavier Jiménez, director de Construnews, el debate contó con Luis Alfonso de León Piñeiro, presidente del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Mallorca (COAAT Mallorca); Félix Martínez Cuart, gerente de CONSTRULAB360; Agustín Varela Acevedo, cofundador y CEO de MAD4BIM, y Javier Acebes Luengo, socio, BIM Manager y especialista Passivhaus en ARQUIT3CTES.

Durante más de una hora, los ponentes analizaron el estado real de la digitalización en Baleares, los obstáculos que frenan su implantación en obra, el potencial y los límites de la industrialización, la evolución del control de calidad, el papel de los gemelos digitales en el mantenimiento, la irrupción de la inteligencia artificial y la robótica, y la capacidad de la Administración para acompañar este proceso.

Baleares, a la cola y a tres velocidades

El diagnóstico inicial fue compartido: las islas avanzan más despacio que Madrid, el País Vasco o Cataluña. Agustín Varela, con más de diez años de experiencia en consultoría BIM y un equipo que trabaja en remoto en proyectos de toda España, señaló que en Baleares todavía predomina el CAD y persisten problemas de trazabilidad de la información.

Varela relató la conversación con un arquitecto de prestigio que rechazaba dar el salto a BIM por considerarlo caro, en referencia a las licencias de software. Para el CEO de MAD4BIM, el verdadero freno no es ese, sino la curva de aprendizaje, que puede suavizarse si la transición se hace acompañada y sobre proyectos reales, como hace su empresa con estudios de arquitectura que migran desde el CAD.

La escasez de perfiles especializados tiene consecuencias directas en la contratación pública. Varela explicó que su empresa se presentó, junto a socios de la península, a una licitación de la Autoridad Portuaria de Baleares que exigía redactar todo el proyecto en metodología BIM. Sus socios acudieron a ellos precisamente porque son de las pocas empresas de las islas que acreditan la experiencia requerida, que suele situarse entre cinco y diez años según el perfil.

Javier Acebes matizó el panorama con una imagen de tres velocidades. Por un lado, los técnicos, que en buena medida ya han adoptado la digitalización y la industrialización. En medio, las grandes constructoras y promotoras, que la están incorporando «sin saber muy bien cómo», por falta de guía. Y, finalmente, la mayoría de pequeñas constructoras, para quienes el BIM sigue siendo poco más que un archivo.

Acebes asumió parte de la responsabilidad del colectivo técnico: llegar a la obra y anunciar al encargado que trabajará con un entorno común de datos genera rechazo si no se explica su utilidad. «Falta pedagogía. Esto no está aquí para sustituir a nadie ni para ser mejor que nadie», defendió. El objetivo, añadió, es que los beneficios que los técnicos conocen se perciban también en la obra.

Félix Martínez coincidió con ese diagnóstico mirando toda la cadena de valor. Muchas empresas aún no se han digitalizado; otras han incorporado tecnología sin un plan claro y sin saber si sus decisiones actuales las perjudicarán en etapas posteriores. Solo unas pocas cuentan con una hoja de ruta a cinco años con proyectos anualizados.

Para responder a esta realidad, el Clúster de Innovación en la Construcción, que agrupa a una treintena de empresas, asociaciones y entidades como la universidad, ha lanzado una radiografía de la digitalización del sector que se desarrollará entre octubre y diciembre. La primera fase consiste en una encuesta rápida dirigida no solo a arquitectos, promotores y constructores, sino también a fabricantes, almacenes e industria. La clave, explicó Martínez, no es conocer qué hace cada agente por separado, sino cómo se transmiten la información entre ellos. Una segunda fase incluirá entrevistas en profundidad con quienes quieran participar.

Luis Alfonso de León comparó el BIM con un historial clínico del edificio, que lo acompaña «desde que nace hasta que fallece». La idea es excelente, dijo, pero choca con dos obstáculos: la falta de especialización del personal y, sobre todo, la sobrecarga de trabajo, que impide dedicar los meses necesarios para dar el salto. Recordó además que la Administración ya exige BIM a quienes quieran trabajar con el Estado, una medida que calificó de coercitiva pero orientada a empujar al sector hacia delante.

«Si la Revolución Industrial duró cien años e internet veinte, la IA lleva cinco. No nos queda más remedio que espabilar». Luis Alfonso de León Piñeiro, COAAT Mallorca

Del modelo a la obra: formar desde la base

Uno de los consensos del debate fue que el BIM no debe quedarse en el modelo. Varela explicó que, junto al Instituto Nebrija y Acciona, impulsaron hace dos años una formación específica para encargados y capataces de obra. Los participantes aprendieron a medir y trabajar a partir del modelo digital con herramientas de Autodesk y plataformas como Dalux. El resultado fue sorprendente: perfiles muy jóvenes, motivados también por la perspectiva de ser contratados por la constructora. «Si queremos que nos hagan caso, no podemos hacerlo desde arriba», resumió.

El CEO de MAD4BIM advirtió además de un fenómeno creciente en Mallorca: muchos estudiantes de Arquitectura Técnica abandonan la carrera a mitad porque encuentran trabajo, precisamente gracias a su facilidad para manejar herramientas digitales.

Acebes defendió una visión pragmática y menos purista del BIM. Compartir con el encargado un enlace en la nube con la última versión de los planos y acabar con el plano impreso desactualizado en la caseta de obra «también es BIM». Porque, en el fondo, se trata de comunicación y gestión de la información. Una práctica sencilla que, además, delimita responsabilidades cuando alguien ejecuta a partir de documentación obsoleta.

El arquitecto planteó también el reto de convencer al pequeño constructor que lleva veinte años presupuestando con versiones antiguas de software. Su experiencia es que, cuando ese profesional abre por primera vez un archivo IFC y descubre que puede seccionar el modelo para ver una escalera o un encuentro constructivo, la reacción es de entusiasmo. El problema es llegar hasta ese momento.

Varela compartió precisamente un caso así. En una vivienda en Campos, desarrollada en BIM con una pequeña constructora local, su equipo escaneó el estado existente y acompañó al constructor en el uso del modelo. Al descubrir que podía obtener superficies, mediciones y tipos de acristalamiento directamente, sin recurrir al escalímetro, el cambio de actitud fue inmediato. «En algunos momentos saldremos perdiendo los que educamos, porque nuestro tiempo también vale», reconoció, «pero hay que apostar para que todos tengan las herramientas». Una pedagogía que, añadió, debe extenderse también al Lean Construction y a todo el entorno de la industrialización.

La misma metodología se aplica en proyectos de gran escala. Varela explicó que su empresa realiza el seguimiento de obra de la terminal de cruceros de Royal Caribbean en el Puerto de Barcelona, junto a JG Ingenieros, mediante nubes de puntos e imágenes 360°. «Lo único que cambia es la escala», subrayó.

Félix Martínez fue más allá: digitalizarse por separado no basta. Si el arquitecto trabaja en BIM pero la constructora no lo aprovecha, o si esta lo adopta pero no obtiene beneficio, el cambio no se produce. La única salida es atacar el problema de forma simultánea y generar eficiencias transversales que permitan cambiar el modelo constructivo. Su propuesta: superar la separación entre proyectistas y ejecutores mediante consorcios en los que proyectista, constructora y fabricante trabajen juntos desde el inicio y acuerden qué se va a construir antes de empezar.

Acebes ilustró el problema con su experiencia previa en una ingeniería en la península. El promotor licitaba el proyecto básico, la ingeniería desarrollaba el de ejecución y, al sacar las mediciones, aparecía el constructor alegando que determinadas instalaciones no estaban previstas. Sin integración desde el origen, insistió, los conflictos son inevitables.

«Falta pedagogía. Esto no está aquí para sustituir a nadie ni para ser mejor que nadie». Javier Acebes, ARQUIT3CTES

Dos mundos: la gran empresa y el constructor del pueblo

Sobre el papel de constructoras y promotoras, De León describió dos mundos muy diferentes y difíciles de cohesionar: el de la gran empresa, que dispone de medios y capacidad, y el del pequeño constructor local, que no los tiene. A ello se suma un incremento de costes provocado por factores ajenos a la propia construcción que está afectando de forma muy significativa al sector.

Los ponentes advirtieron de que la industrialización llegará y que las pequeñas empresas que no se adapten lo tendrán muy complicado. En palabras de uno de ellos, podrían pasar de ser constructores a convertirse en simples «montadores de Lego».

Industrialización: más rápida y cada vez más competitiva

La industrialización ocupó buena parte de la conversación. Félix Martínez analizó los condicionantes específicos de Baleares: el elevado precio del suelo, la falta de escala y la dificultad de exportar fuera de las islas complican la implantación de industria local. Por eso considera imprescindible que todos los agentes trabajen juntos para definir qué modelos se pueden aprovechar a nivel nacional y cómo ayudar a evolucionar a la industria existente, posiblemente mediante consorcios de empresas que se apoyen entre sí.

Martínez lanzó una advertencia contundente: si no se actúa, buena parte de la industria auxiliar de las islas, desde carpinterías hasta laboratorios de control, podría desaparecer, con la consiguiente pérdida de empleo y recaudación. Al mismo tiempo, recordó que el trabajo no va a faltar: la escasez de vivienda garantiza actividad durante los próximos diez o quince años. La cuestión es cómo hacerla más rentable, más económica y más productiva.

De León recordó que en la isla ya se construyeron hace años naves industriales prefabricadas con pilares y losas de hormigón, en sistemas 2D. La diferencia con lo que se busca ahora a nivel nacional es el 3D: no paneles, sino módulos volumétricos que se ensamblan, fabricados en un entorno controlado. Los prefabricados cuestan hoy entre un 10 % y un 15 % más que el sistema tradicional, pero reducen drásticamente los plazos: de dos años a uno o incluso a seis meses. «El tiempo es dinero», resumió. Además, señaló, el trabajo en fábrica facilita la incorporación de mujeres al sector.

Acebes aportó la experiencia de su despacho, que en los últimos cinco o seis años trabaja de forma habitual con madera contralaminada (CLT). Los sistemas industrializados se han encarecido en línea con la inflación, mientras que la obra tradicional lo ha hecho muy por encima. El resultado es que hoy está «prácticamente empatado» traer una vivienda en paneles por barco desde el País Vasco o construirla con ladrillo y hormigón, con la ventaja añadida de la rapidez. Mientras no surja industria local, defendió aprovechar el conocimiento de empresas peninsulares y que el mercado compruebe sus ventajas. E incluso lanzó una idea de negocio: si el coste ya es equivalente, fabricar esos sistemas en la isla permitiría ahorrar el transporte.

Ante la duda sobre el comportamiento de la madera con la humedad de Mallorca, Varela aportó la experiencia de una promoción residencial industrializada en la isla, cuya estructura permaneció a la intemperie durante casi un año tras la quiebra de la constructora. El sistema, aseguró, respondió bien. Describió además el proceso de montaje: baños prácticamente prefabricados, fachadas ensambladas y grandes paneles descargados del camión y colocados directamente con grúa.

Control de calidad y responsabilidad compartida

La industrialización obliga también a replantear el control de calidad. Félix Martínez explicó que, en este modelo, ya no existe un responsable técnico aislado de ingeniería, fabricación y construcción, sino que la responsabilidad se reparte entre todos: en calidad, en plazos y en definición del proyecto. En fábrica, problemas habituales en obra, como un recubrimiento incorrecto de las armaduras o un separador roto en un forjado, son mucho más fáciles de evitar. Por eso defendió que la calidad sea responsabilidad compartida de promotor, arquitecto, ingeniero, constructor, fabricante, proveedores e instaladores, todos remando en la misma dirección desde el principio.

De León recordó una realidad del sector: cuando surge un problema en una obra, la demanda alcanza a todos los agentes. Por eso subrayó que, en un proyecto industrializado, es el promotor quien debe decidir desde el principio con qué fabricante trabajará. Es este quien determina las dimensiones máximas de paneles y losas, de modo que arquitecto, arquitecto técnico e ingenieros deben estar implicados desde antes de proyectar.

Eso supone equipos completos desde el primer día y pagar servicios mucho antes que en un proyecto convencional. Y ahí aparece lo que los ponentes llamaron «el melón de la industrialización»: la financiación. La fábrica no arranca sin cobrar un porcentaje por adelantado y la banca no libera fondos hasta que una parte de la obra está ejecutada. De León insistió en que, aunque el fabricante asuma la responsabilidad de la producción, el arquitecto técnico mantiene su papel en el seguimiento y control.

Varela vinculó este planteamiento con el Lean Construction: cuando un proyecto sale a obra, debería estar cerrado. Lo habitual, sin embargo, es seguir introduciendo cambios con los pilares ya en marcha. En industrialización eso es imposible, recordó De León, porque cada pieza está numerada y debe colocarse en su orden, como «un castillo de naipes numerado», con la información del proyecto accesible en obra incluso mediante códigos QR.

Acebes trasladó al debate la lección del estándar Passivhaus. Su herramienta de cálculo y certificación, el PHPP, es un libro de Excel, «así que se puede hacer BIM con Excel perfectamente». Para él, lo que diferencia Passivhaus del Código Técnico no es el aislamiento ni las instalaciones, cada vez más equiparables, sino el control de calidad: verificar el encintado, la hermeticidad, el sellado de los patinillos entre plantas o la correcta ejecución de los remates. Una herramienta clave es el ensayo blower door, que somete el espacio a sobrepresión para comprobar las pérdidas de aire, de forma análoga a una prueba de presión en una tubería.

Acebes propuso extender esa cultura de verificación a cualquier obra, igual que ningún director de ejecución entrega una cubierta sin prueba de estanqueidad. De León discrepó parcialmente: el usuario actúa en función de lo que le molesta. Una gotera genera una reclamación; un grifo que gotea, no. Aun así, avanzó una línea de trabajo en el ámbito de la defensa del consumidor: que las viviendas de segunda mano incorporen un certificado de un técnico cualificado que acredite su estado. Al fin y al cabo, se trata de la inversión más importante de una vida, y aspectos como el funcionamiento de las instalaciones o la situación urbanística del inmueble rara vez se comprueban antes de comprar. Como resumió uno de los participantes, hoy se tienen más garantías al comprar una lavadora que una vivienda.

«Analiza tu proceso, define cómo quieres optimizarlo y después decide dónde entra la tecnología». Félix Martínez, CONSTRULAB360

Del gemelo digital al cliente conectado

Varela recordó que el modelo digital no es solo un 3D, sino un conjunto de capas de información. Plataformas como Dalux permiten compartir con el cliente el proyecto y la evolución semanal de la obra mediante imágenes 360°. Un propietario residente en Alemania, por ejemplo, puede seguir el avance sin desplazarse e incluso registrar una incidencia que llegue directamente al encargado o al instalador antes de que el elemento se ejecute.

Jiménez llevó la conversación hacia el facility management, especialmente relevante en un territorio con tanto peso hotelero. Los hoteles, señaló, son de los primeros en aplicar gemelos digitales para reducir costes mediante un mantenimiento más lógico y preventivo, con impacto directo en la factura energética.

Varela explicó que su empresa acompaña a clientes hasta el 7D, la dimensión de operación y mantenimiento. Citó dos proyectos en Albacete: la nave de fabricación de helicópteros de Airbus y una planta de reciclaje de PET, que gestionan su mantenimiento con plataformas como Maximo y Dalux FM. Las órdenes de trabajo e incidencias se generan sobre el gemelo digital, y el técnico consulta en el móvil la ubicación exacta del elemento que falla, su documentación técnica, los planos de montaje y los repuestos disponibles.

El contraste con la realidad habitual es enorme. Varela relató su experiencia realizando certificaciones energéticas en centros sanitarios, donde los responsables de mantenimiento no disponían de las fichas técnicas de los equipos y el equipo tuvo que fotografiar la maquinaria en cubierta para identificarla. Con un parque digitalizado, defendió, la gestión de viviendas, residencias u hoteles sería mucho más ágil.

Acebes pidió de nuevo ir paso a paso. Proponer a un hotelero un gemelo digital que incluya hasta la última luminaria puede resultar contraproducente. Muchos establecimientos trabajan todavía con proyectos de los años setenta, con pilares que no aparecen en los planos o que figuran donde no existen. El primer objetivo, por tanto, debe ser un levantamiento fiable de arquitectura y estructura.

De León añadió una preocupación propia del modelo turístico: los hoteles funcionan a pleno rendimiento durante seis u ocho meses y las averías se solucionan como se puede, con el compromiso de repararlas en invierno. Sin embargo, al acabar la temporada esas listas se pierden o falta presupuesto, y pequeños fallos acaban derivando en problemas muy serios.

Contech, IA y robots: primero el proceso

Jiménez planteó el reto del aluvión de startups Contech, algunas con modelos ya consolidados y otras de dudosa viabilidad. De León consideró que muchas de estas tecnologías todavía están muy verdes: avanzan a pasos agigantados, pero el sector aún no es capaz de integrarlas. Primero hay que consolidar la base digital antes de dar el siguiente paso.

Félix Martínez fue aún más claro: la tecnología adoptada sin un plan puede perjudicar a la digitalización. Una constructora compra una herramienta atractiva, no adapta sus procesos, la experiencia resulta más cara y acaba abandonándola convencida de que «no funciona». La culpa, matizó, no es de las startups, sino de una cadena de valor sin un plan de transformación que permita integrar esas soluciones en los próximos cinco años. «Analiza tu proceso, define cómo quieres optimizarlo y después decide dónde entra la tecnología», resumió. Otro de los participantes lo ilustró con una imagen gráfica: es como comprarse un Ferrari para circular en primera; antes hay que aprender a cambiar de marcha.

Varela comparó la situación con una carrera espacial en torno a la IA, alimentada por la presión de las redes profesionales, donde cada día alguien anuncia un nuevo desarrollo. Frente a ese ruido, defendió el acompañamiento: trabajar junto al cliente, mostrarle cada paso y dejar que lo replique. De lo contrario, el resultado es aplicar mucha metodología BIM para acabar imprimiendo un PDF.

Los ponentes coincidieron en que el principal obstáculo no es tecnológico, sino humano. Uno de ellos, con seis años de experiencia en la transformación digital de una multinacional logística en Europa, recordó que la dirección puede invertir en una herramienta, pero si los mandos intermedios y los equipos no la adoptan, el dinero se pierde. Varela añadió el ejemplo de clientes de infraestructuras que, pese a comprobar las ventajas en trazabilidad, planificación o vinculación entre modelo y mediciones, no darán el paso hasta que se lo exijan.

Uno de los ponentes recordó lo ocurrido con la entrada del Código Técnico: muchos profesionales lo rechazaban por considerar que limitaba su libertad, pero la crisis de 2008 hizo una criba y, tras la recuperación, su uso pasó a ser incuestionable. Advirtió de que algo similar podría ocurrir con el BIM y la industrialización: quienes sobrevivan a la próxima crisis podrían ser precisamente los que se hayan digitalizado.

Pese a las cautelas, Varela mostró el potencial de la innovación adaptada a la escala de una pequeña empresa. MAD4BIM ha desarrollado un robot de seguimiento de obra, bautizado como Frodo, equipado con cámara 360°. El robot recorre la obra y genera una especie de «Google Maps» sobre el que el técnico registra incidencias desde la caseta. Con la incorporación de un router, ni siquiera es necesario estar presente. El proyecto se está investigando con la Universidad Nebrija y la Universidad de La Laguna, y se trabaja para incorporar a la UIB y otros institutos tecnológicos. Varela recordó que grandes constructoras ya experimentan con robots para tareas de bajo valor añadido, como recorrer la obra tomando imágenes.

Jiménez se refirió a un reportaje de Construnews sobre robotización en España, que recoge fábricas completamente automatizadas donde los operarios controlan los robots con joystick y estos se detienen automáticamente ante cualquier obstáculo. De León recordó, no obstante, la diferencia esencial: una fábrica es un espacio controlado, mientras que una obra cambia cada día. Varela apuntó otra ventaja: el robot puede revisar la obra cuando la actividad se ha detenido, por la tarde o por la noche.

Una Administración a dos velocidades

Sobre la capacidad de la Administración para acompañar esta transformación, Acebes respondió con «una de cal y otra de arena». Existen programas para automatizar licencias a partir de modelos IFC, pero las plataformas de tramitación limitan el tamaño de los archivos y la firma depende de aplicaciones tecnológicamente obsoletas. A ello se suman expedientes que llevan semanas sin revisarse. Por eso pidió que colegios, asociaciones y clúster se sienten con la Administración autonómica, en particular con la Dirección General de Industria, Innovación y Vivienda, para acompañarla en este proceso.

De León aportó la nota positiva. Tras una reunión con las Entidades Colaboradoras Urbanísticas (ECU), explicó que en Madrid, tras unos nueve años de funcionamiento, el Ayuntamiento ha igualado sus plazos de tramitación a los de estas entidades privadas, en torno a tres meses. La competencia, en definitiva, ha obligado a la Administración a mejorar. En el modelo madrileño, además, la tasa la cobra la propia entidad colaboradora y la paga el promotor.

El presidente del COAAT Mallorca añadió que la Federación de la Industria Europea de la Construcción (FIEC) y otras instituciones europeas impulsan la digitalización de los permisos de obra, una prioridad ante una crisis de vivienda que ya es europea. Las entidades colaboradoras, señaló, ya utilizan inteligencia artificial, aunque revisan todos sus resultados porque son ellas quienes responden ante cualquier error.

De León recordó también el efecto económico de la normativa. La entrada del Código Técnico encareció la construcción entre un 20 % y un 25 % en cifras reales, frente al 10-12 % que estimó la Administración. Precisamente por ello, una nueva modificación prevista ha quedado aparcada: ante el problema de la vivienda, nadie quiere asumir sobrecostes adicionales. Al mismo tiempo, advirtió de que el Código Técnico no recoge todavía todas las necesidades derivadas de nuevos materiales, como la madera o los hormigones de altas prestaciones con árido reciclado, aunque permite justificar soluciones alternativas.

¿Destruirá empleo la digitalización?

La crisis del ladrillo dejó otra herida que todavía se percibe. De León explicó que coincidió con la entrada del Código Técnico y provocó la pérdida de toda una generación de profesionales en formación, que emigraron o abandonaron el sector. Diez años después, falta personal en todos los ámbitos.

Ante la pregunta de si la digitalización generará o destruirá empleo, los ponentes se mostraron optimistas. Félix Martínez considera que hará más atractiva la construcción, siempre que universidades, formación profesional y empresas acompañen la evolución de las competencias. Trasladar a fábrica trabajos que hoy se realizan bajo la lluvia, el frío o el calor extremo creará entornos más amables y accesibles para hombres y mujeres.

Varela citó el ejemplo de los drones, aplicados ya a la rehabilitación de fachadas, la limpieza o el mantenimiento de torres de alta tensión. Su socio, piloto de dron, se ha especializado en termografías para este tipo de inspecciones. «Ese dron lo lleva alguien», recordó De León, que insistió en que la clave será formarse al ritmo de la tecnología.

Una hoja de ruta para 2029

En el turno final, Jiménez pidió a los ponentes una propuesta concreta para alcanzar ese ‘next level’ a corto plazo. De León puso el foco en el tiempo: este año no pudo realizar un curso gratuito de 150 horas sobre digitalización. No por falta de plazas, sino de horas disponibles entre trabajo, familia y descanso.

Varela respondió desde su propia experiencia: tras cursar un máster en dirección de proyectos hace dos años, este septiembre ha comenzado un MBA. «Si quiero crecer, tengo que invertir. Y lo único que es mío es el tiempo», reflexionó, defendiendo la necesidad de delegar y sacrificar horas para seguir formándose.

Acebes pidió «perder el miedo» a la IA, frente a los discursos catastrofistas. Comparó la situación con la de los luditas ante la máquina de vapor y recordó que los países más industrializados son también los que menos desempleo registran. A su juicio, los que se suban a tiempo al tren de la digitalización y la IA serán los que alcancen el pleno empleo.

Félix Martínez propuso una hoja de ruta concreta: que administraciones, colegios profesionales, asociaciones, empresas y el clúster definan en 2027 el modelo constructivo de Baleares, lo desplieguen en 2028 con el apoyo de administraciones y proveedores, y lo tengan implantado en 2029. El objetivo: una forma de construir sostenible, eficiente, digitalizada e industrializada, adaptada a las condiciones de una economía local en la que la construcción es la segunda industria tras el turismo.

De León cerró con una advertencia sobre el ritmo del cambio: si la Revolución Industrial necesitó un siglo e internet unos veinte años, la IA lleva apenas cinco transformándolo todo. «No nos queda más remedio que espabilar». Acebes añadió un matiz: vivimos tan acelerados que nos aburre un vídeo de más de un minuto o un audio largo de WhatsApp, pero el conocimiento no escala a la misma velocidad.

«Si queremos que nos hagan caso, no podemos hacerlo desde arriba». Agustín Varela, MAD4BIM

Cerrar el proyecto antes del primer ladrillo

El turno de preguntas dejó una intervención especialmente reveladora. Un interiorista y renderista del público explicó que intenta reunir desde el proyecto básico a arquitectos, interioristas y demás agentes para que la imagen comercial sea lo más fiel posible. Sin embargo, con frecuencia el cliente recibe una vivienda distinta de la que compró sobre plano. Su propuesta: que la digitalización obligue a cerrar el proyecto al cien por cien antes de colocar el primer ladrillo, aunque eso suponga dedicar cinco o seis meses a la planificación.

Acebes coincidió en que eso es exactamente lo que se necesita, y que el BIM obliga a ello: frente al desarrollo lineal del CAD, exige un gran esfuerzo inicial de definición. Reconoció que gran parte de la responsabilidad recae en los arquitectos, mientras que otros ponentes recordaron el papel del promotor, que debería reunir a todos los agentes desde el principio, aunque a menudo no dispone de toda la información técnica al elaborar el presupuesto.

Uno de los ponentes añadió un factor humano: muchos clientes no entienden la documentación técnica, pero les da vergüenza reconocerlo. Y, sobre todo, no siempre existe la confianza necesaria con el técnico para hablar abiertamente de su presupuesto real o de decisiones tan personales como el sistema de climatización. Una brecha de comunicación que, según los ponentes, la digitalización y la IA contribuirán a reducir.

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