El absentismo laboral en la construcción alcanza un máximo histórico y cuesta ya más de 3.500 millones de euros al año

Un informe de la CNC alerta de que en 2025 se pierden casi 113 horas de trabajo por asalariado, el doble que hace una década, con un impacto especialmente grave en las pequeñas empresas

El Dato
En 2025, el absentismo en la construcción alcanzó casi 113 horas anuales por trabajador, el 6,2 % de la jornada pactada, el máximo histórico del sector.

El absentismo se ha convertido en uno de los principales factores de tensión para el sector de la construcción. No solo por su impacto directo en los costes laborales, sino por las consecuencias organizativas y productivas que genera en un sector altamente dependiente de la planificación de equipos, la secuencia de los trabajos y el cumplimiento estricto de plazos. Según el primer informe sectorial elaborado por la Confederación Nacional de la Construcción, el absentismo ha alcanzado en 2025 su nivel más alto de la serie histórica, tanto en número de horas perdidas como en impacto económico, configurándose como un problema estructural que exige respuestas coordinadas.

En 2025, el absentismo laboral en la construcción se situó en casi 113 horas anuales por asalariado, lo que equivale a la pérdida de 14 jornadas laborales de ocho horas o prácticamente tres semanas de trabajo por empleado. Estas horas representan el 6,2 por ciento de la jornada pactada efectiva, el porcentaje más alto registrado hasta la fecha. El coste total para las empresas del sector asciende a 3.565 millones de euros anuales, una cifra que triplica la de 2018 y que equivale al 1,7 por ciento de las ventas sectoriales, superando incluso el peso del Impuesto sobre Sociedades.

La Confederación Nacional de la Construcción presentó en Madrid su primer informe sectorial sobre el impacto del absentismo en la construcción

Un documento que pone cifras a una preocupación creciente entre las empresas del sector. El estudio analiza la evolución de las horas no trabajadas entre 2018 y 2025, identifica las principales causas del incremento del absentismo y estima su coste económico, tanto directo como indirecto, para las empresas constructoras.

Los datos son contundentes. En el último año analizado, el absentismo alcanzó casi 113 horas anuales por asalariado, el doble que hace diez años. Se trata del segundo año consecutivo en el que se superan las 100 horas anuales perdidas por empleado, algo que no ocurrió ni siquiera en 2020, durante el impacto más severo de la pandemia. En términos relativos, estas horas suponen el 6,2 por ciento de la jornada pactada efectiva, frente al 3,6 por ciento registrado en 2018.

Esta situación implica que, en la práctica, por cada 16 trabajadores contratados en el sector solo trabajan efectivamente 15. Extrapolado al conjunto del sector, donde el número medio de asalariados en 2025 se sitúa en torno a 1,1 millones de personas, el absentismo equivale a que más de 70.000 trabajadores no hayan trabajado ni una sola hora a lo largo del año por causas relacionadas con este fenómeno.

El informe subraya que el aumento del absentismo no se explica por una reducción de las horas pactadas, que en 2025 se mantuvieron en niveles similares a los de otros momentos del ciclo económico, sino por el crecimiento de las horas no trabajadas pero sí pagadas. Entre 2018 y 2025, estas horas aumentaron un 23 por ciento, pasando de 242 a 298 horas anuales por asalariado, mientras que las horas efectivamente trabajadas se redujeron un 1,5 por ciento.

El principal factor detrás de este incremento es el aumento de las bajas por Incapacidad Temporal derivadas de enfermedades comunes o accidentes no laborales.

Según el informe, el 72 por ciento del crecimiento de las horas no trabajadas y pagadas desde 2018 se debe a la mayor incidencia y duración de estas bajas. En términos absolutos, las horas perdidas por Incapacidad Temporal crecieron un 75 por ciento en ese periodo, de modo que cada trabajador del sector perdió en 2025 cinco días más de trabajo que siete años antes por este motivo.

En 2025, las horas perdidas por Incapacidad Temporal alcanzaron casi 94 horas anuales por asalariado, una cifra muy superior al promedio histórico del periodo 2000-2019 y también por encima del máximo registrado durante la pandemia. Para la CNC, este dato resulta especialmente significativo porque pone de manifiesto que el problema del absentismo no responde a un episodio coyuntural, sino a una tendencia sostenida en el tiempo.

El informe identifica cinco grandes factores que explican el aumento del absentismo.

El primero es su relación positiva con el ciclo económico. En periodos de crecimiento, cuando el temor a la pérdida del empleo es menor, se observa un mayor recurso a las bajas laborales, especialmente en casos de dolencias leves. El segundo y el tercero están vinculados al funcionamiento del sistema sanitario, concretamente al aumento de las listas de espera quirúrgicas y a la mayor demora en el acceso a consultas con especialistas, que prolongan la duración de las bajas.

El cuarto factor es el envejecimiento progresivo de la población ocupada en la construcción. Entre 2008 y 2025, la edad media de los trabajadores del sector aumentó casi siete años, pasando de 38,5 a 45,4 años, lo que incrementa la probabilidad de enfermedades y, con ello, de bajas laborales más frecuentes y prolongadas. El quinto elemento señalado por el informe es la ampliación de permisos legales y la creación de nuevos derechos, que, sin una adecuada gestión organizativa, inciden directamente en la disponibilidad efectiva de mano de obra.

Más allá del impacto en términos de tiempo de trabajo, el absentismo tiene un fuerte efecto económico. La CNC estima que el coste total del absentismo para las empresas constructoras asciende en 2025 a 3.565 millones de euros anuales, casi el triple que en 2018. Esta cifra incluye tanto los costes directos como los indirectos asociados a las horas no trabajadas.

Los costes directos, que alcanzan los 633 millones de euros, incluyen el pago de cotizaciones sociales del trabajador de baja, el abono del salario entre el cuarto y el decimoquinto día de la baja y los posibles complementos salariales establecidos por convenio o por decisión empresarial. Los costes indirectos, estimados en 2.932 millones de euros, se corresponden con el valor económico de las horas de trabajo perdidas. De estos, 2.441 millones tienen su origen en la Incapacidad Temporal y 491 millones en otras causas de absentismo.

El impacto del absentismo no es homogéneo dentro del sector. Dos tercios del coste total recaen sobre las pequeñas empresas, que concentran aproximadamente 2.245 millones de euros. Las compañías medianas asumen en torno al 20 por ciento del coste, unos 736 millones de euros, mientras que las grandes empresas soportan el 16 por ciento restante, alrededor de 584 millones de euros. Esta distribución pone de relieve la especial vulnerabilidad de las pequeñas constructoras, que cuentan con menos margen organizativo y financiero para absorber la ausencia de trabajadores clave.

En términos medios, cada empresa constructora soporta un coste anual de unos 25.000 euros por absentismo, aunque esta cifra varía notablemente según el tamaño. En las pequeñas empresas, el coste medio se sitúa en torno a los 16.000 euros anuales, mientras que en las medianas alcanza cerca de 370.000 euros y en las grandes supera los 3,3 millones de euros por compañía. Si se analiza por trabajador, el coste medio del absentismo asciende a unos 3.400 euros anuales por asalariado.

Desde la CNC se insiste en que estas cifras no recogen todos los efectos económicos del absentismo.

Quedan fuera del cálculo otros costes difíciles de cuantificar, como el deterioro del clima laboral, los mayores riesgos de seguridad asociados al personal de sustitución, la ociosidad de maquinaria y equipos, las penalizaciones por incumplimientos contractuales o el impacto reputacional derivado de los retrasos en las obras.

El presidente de la CNC, Pedro Fernández Alén, subrayó durante la presentación del informe que, aunque el absentismo en la construcción puede ser ligeramente inferior al de otros sectores, su impacto suele amplificarse por la propia naturaleza de la actividad. La dependencia de cuadrillas, la secuencia de los trabajos y el papel estratégico de determinados oficios hacen que la ausencia de un solo trabajador pueda retrasar actividades completas y generar costes adicionales significativos.

Para la patronal, el absentismo se ha convertido en un desafío de primer orden que requiere un análisis riguroso y respuestas coordinadas. El informe plantea la necesidad de abordar el problema desde una perspectiva integral, que combine mejoras en la gestión empresarial, una mayor agilidad del sistema sanitario y un marco normativo que tenga en cuenta las particularidades organizativas del sector. Solo así, concluye la CNC, será posible contener una tendencia que amenaza con erosionar la productividad y la competitividad de la construcción en un momento clave para su transformación.

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