El proyecto, con idea original, dirección y realización de Josep Pérez, y comisariado, guion y entrevistas de Xavier Jiménez Sama con la colaboración de Cosentino City Barcelona, pretende servir de resumen conceptual del Congreso Mundial de Arquitectos de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) celebrado en Barcelona bajo el lema «Becoming. Architectures for a planet in transition». A continuación, recogemos la entrevista a Maria Buhigas San José, arquitecta jefa del Ayuntamiento de Barcelona.
El lema del Congreso UIA 2026 es «Becoming. Architectures for a planet in transition», ¿qué significa esta idea de transición aplicada a tu ámbito dentro de la arquitectura?
Podríamos decir que está en transición porque, de manera generalizada, hay un acuerdo o una unanimidad en la diagnosis de la situación en la que nos encontramos. Parece una tontería, pero no lo es. Porque seguramente de cambio climático, de sostenibilidad, de muchos de estos temas, hace muchos años que hablamos. Pero aunque parezca increíble, a veces se necesitan muchos años para estar de acuerdo en que la diagnosis le da la relevancia, la urgencia y la importancia que estos temas necesitan.
Cuando llegas a ese punto, seguramente estás en mejores condiciones de empezar a hablar de soluciones o de propuestas. Pero podríamos decir que ahora hay una masa social suficientemente amplia como para que puedas poner en un titular de una conferencia «un planeta en transición» y puedas dedicar todo un congreso a mostrar pruebas, ejercicios y prácticas que abordan aproximaciones distintas a problemas que están ahí y de los cuales todos somos conscientes.
Si tuvieras que señalar un solo reto urgente hoy, ¿cuál sería?
Para mí hay uno con otro implícito. Uno es entender que, en nuestro contexto, aquí en Barcelona, Cataluña, España y Europa, nuestras ciudades ya existen, ya están construidas allá afuera. Ninguno de nosotros tiene una hoja en blanco y, por lo tanto, nuestra materia prima es eso, y con eso hay que responder a necesidades que han cambiado. No es un enunciado fácil, porque la mayoría de los instrumentos que tenemos están todavía orientados a una situación que no existe, que es la de construir ciudad nueva. Nosotros no construimos ciudad nueva y, en cambio, nuestro arsenal de instrumentos está orientado a construir ciudades nuevas.
La mayoría de los instrumentos que tenemos están todavía orientados a una situación que no existe, que es la de construir ciudad nueva
Esta es una ciudad donde creo que lo que la hace un atractivo de referencia son dos cosas. Una es que el gobierno de esta ciudad ha entendido que una de sus principales competencias es el urbanismo y la arquitectura, y las utiliza para hacer política pública. Eso no es tan habitual en el mundo, porque significa que tú lideras unas transformaciones que en otras ciudades del primer mundo se dejan mucho más al sector privado. Aquí se da por sentado que evidentemente siempre hay una colaboración público-privada.
¿Qué crees que puede aportar Barcelona, como sede del Congreso Mundial de Arquitectos, y la capitalidad arquitectónica, al debate global sobre el futuro de la disciplina?
A nivel de capitalidad, lo que ha significado es que las capitalidades anteriores no habían conseguido clarificar una vocación. El planteamiento que hemos hecho desde Barcelona ha conquistado a la UIA y a la UNESCO hasta el punto de que cosas que hemos planteado aquí consideran que a partir de ahora las propondrán al resto de capitalidades para llevarlas allá a su manera.
La asequibilidad de la vivienda no es exclusivamente una respuesta que vendrá desde las propuestas arquitectónicas. La asequibilidad tiene que ver con un contrato social dentro de una sociedad: a qué le damos valor, qué considera una sociedad que su juventud necesita para emanciparse y en qué condiciones está dispuesta a hacerlo, o qué salarios está dispuesta a pagar para hacer los trabajos y servicios cotidianos.
Más del 75% del ahorro de energía de un proyecto vino de aceptar la estructura existente sin ningún cambio: es una gran lección
La parte de ciudad sostenible y flexible sí que parte de un parque de vivienda que ya está construido. Escuché y agradecí en el congreso la honradez con la que se presentó un proyecto de reutilización de materiales. Al acabar, explicaron que monitorizaron el ahorro de CO2 y lo que reconocieron es que más del 75% del ahorro de energía de lo que supondría construir ese edificio vino de aceptar la estructura existente sin ningún cambio. Es una gran lección: me quedo con lo que tengo y mi trabajo empieza a ser qué le quito muy estratégicamente y qué le añado en su justa medida.
Innovación urbana frente a la rigidez normativa
Existe miedo a lo distinto y a salir de la zona de confort. Tenemos muy claro que el pavimento que nos rodea traga muchísimo calor y necesitamos sacarlo, pero sacarlo significa aceptar ciertos niveles de imperfección en esa especie de plano perfecto que nos hemos creído que es una ciudad. Hay que probar cosas diferentes y aceptar el riesgo de la equivocación. Políticamente, eso tiene un coste, pero la ciudadanía también tiene que entender que, si estamos innovando, a lo mejor a la primera no la acertamos. ¿Podemos encontrar ese equilibrio?
Por otro lado está la nostalgia. La incerteza se ha instalado en el presente, impulsada por un romanticismo que no es real. Con las macroestadísticas en la mano no hemos hecho más que mejorar, aunque haya generaciones conscientes de que su vida futura no tiene por qué ser mejor que la de sus padres o abuelitos. Me gusta recordar la frase del libro Repensar la pobreza: «Dejemos de pretender que hay soluciones únicas y mágicas para los grandes problemas de la humanidad y sumémonos a los centenares de miles de personas bienintencionadas que ponen soluciones cada día».
Nuestros debates a veces son excesivamente sofisticados; para que otros tengan agua corriente, tendremos que perder parte de nuestra sofisticación
Las leyes de avances de derechos sociales más importantes de la historia siempre llegan al final, no al principio. Los debates del congreso permiten desvelar cuestiones que, a medida que se hagan acuciantes, harán caer la norma por su propio peso. Nadie se atreve ya a negar el cambio climático; ahora la discusión cambia de sitio. Finalmente, a veces echo de menos una mayor conciencia de lo afortunados que somos. Cuando uno se mueve por el mundo donde abrir un grifo y tener agua corriente no es una realidad, te das cuenta de que nuestros debates son excesivamente sofisticados. Para que en esos grifos salga agua potable, los que ya la tenemos vamos a tener que perder parte de nuestra sofisticación. Alguien va a tener que dejar de estar tan bien para que otros puedan estar un poco mejor.




