La arquitectura y la edificación han abordado un cambio de ciclo decisivo marcado por la emergencia climática, el acceso social a la vivienda y la aceleración de las tecnologías. En este marco, la serie audiovisual ‘Arquitectura con voz propia‘, producida por Construnews, Jopergon y Cosentino, reunió a diez profesionales referentes a lo largo de ocho grabaciones para radiografiar el estado de la profesión. El proyecto, con idea original, dirección y realización de Josep Pérez, y comisariado, guion y entrevistas de Xavier Jiménez Sama con la colaboración de Cosentino City Barcelona, pretende servir de resumen conceptual del Congreso Mundial de Arquitectos de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) celebrado en Barcelona bajo el lema «Becoming. Architectures for a planet in transition». A continuación, recogemos la entrevista a Eva Franch i Gilabert, arquitecta y pedagoga.
El lema del Congreso UIA 2026 es «Becoming. Architectures for a planet in transition», ¿qué significa esta idea de transición aplicada a tu ámbito dentro de la arquitectura?
Nos está pidiendo que cuestionemos lo que todos hemos oído muchísimas veces en las escuelas de arquitectura, en los jurados o en los congresos: la arquitectura con mayúscula. Tenemos que poner en duda esas grandes definiciones de lo que la arquitectura es, porque la arquitectura es un devenir. Y más hoy en día que estamos frente a una gran intersección de crisis climáticas, económicas, sociales y políticas. La gran cuestión es cómo la arquitectura es capaz de responder y entender su responsabilidad en esa conjunción de conflictos y de posibilidades.
Si entendemos el mundo y las grandes transformaciones que ha habido en el siglo XX, desde lo tecnológico a lo alimentario o lo industrial, la arquitectura es quizás de las disciplinas y de las profesiones que menos ha cambiado. Nos tenemos que preguntar y reflexionar, sabiendo que somos uno de los grandes problemas compartidos, la contaminación ambiental y que la edificación contribuye a casi un 40% de las emisiones globales, cómo no somos capaces de cuestionarnos lo que la arquitectura es y lo que ha sido.
Si tuvieras que señalar un solo reto urgente hoy, ¿cuál sería?
El reto más urgente es entender cómo nos gobernamos y cómo tomamos decisiones. Esta crisis de gobernanza es una cuestión que muy pocas veces se pone sobre la mesa en las escuelas de arquitectura o en los colegios profesionales. A los arquitectos nos han educado para llegar después de la gran toma de decisión; siempre respondemos a preguntas que otros han escrito, y esas preguntas muchísimas veces replican respuestas anteriores.
Los arquitectos han sido educados para llegar después de la toma de decisión; respondemos a preguntas que otros han escrito
La sociedad ve en la arquitectura símbolos, iconos o espacios de representación, y muchísimas veces se pide «un edificio como este» o «una ciudad como esta», lo cual es la peor línea de toma de decisiones. Necesitamos una reflexión profunda en relación a las ciudadanías y a las constituciones de diferentes territorios para entender cuestiones biorregionales, hídricas, sociales y políticas. La intersección de todos estos aspectos debe producir mejores preguntas que, obviamente, producirán mejores arquitecturas.
¿Qué crees que puede aportar Barcelona, como sede del Congreso Mundial de Arquitectos, y la capitalidad arquitectónica, al debate global sobre el futuro de la disciplina?
Barcelona ha sabido entender muy bien cómo instrumentalizar momentos económicos y políticos para repensar y producir nuevos modelos y referentes en la arquitectura y el urbanismo. Pero Barcelona es también un espacio de grandes conflictos ideológicos sobre lo que debe ser la ciudad. En los últimos años ha habido una apuesta muy valiente por descarbonizar, quitar protagonismo al coche y dárselo a las personas.
Barcelona ha sido valiente al producir espacios pioneros que muchas ciudades toman como ejemplo, como las superillas o el urbanismo táctico
Ese conflicto es positivo porque demuestra a escala planetaria que las tomas de decisiones no siempre salen de lo más razonable, sino que se establecen a través de intereses económicos y corporativos. Barcelona ha sido valiente a través de sus diferentes visiones para producir espacios pioneros que muchas ciudades toman como referencia, como el urbanismo táctico o las superillas, trabajando con arquitectos como Xavi Matilla para generar nuevos modelos de ciudad.
El nuevo perfil profesional y la capacidad de pensamiento crítico
Hoy en día tenemos que entender que el 40% de los arquitectos que se gradúan no acaban ejerciendo como arquitectos que construyen edificios, sino que practican de formas muy diversas. La educación en arquitectura abre caminos muy distintos. Si continuamos enseñándola tal como lo hemos hecho hasta ahora, la inteligencia artificial y la producción sistematizada van a erradicar una gran parte de nuestra labor tradicional.
Necesitamos generar profesionales con capacidad de pensamiento crítico. Para ello hay que entender los espacios legales, económicos, tecnológicos y ecológicos. En mi práctica pedagógica pido a los estudiantes que elaboren un modelo de negocio y un modelo legal junto al modelo tipológico, espacial o tecnológico. Todo proyecto debe incorporar innovación desde lo legal y lo económico para que la nueva tipología o materialidad pueda hacerse realidad.
Ecología hídrica, investigación y proyección planetaria
Frente a la crisis ecológica, iniciativas como la Plataforma en Defensa de l’Ebre llevan 25 años reivindicando una política hídrica que escuche a las personas y a los ecosistemas. Ciudades que no entienden su crecimiento en términos hídricos ponen en riesgo entornos enteros al extraer recursos de otros territorios.
En el proyecto Monusediments investigamos los pantanos del Ebro para escenificar la colmatación y la expulsión de especies
En el Congreso de la UIA presentamos el proyecto Monusediments dentro de la sección Research by Design. Planteamos un laboratorio y espacio litúrgico que escenificaba la atomización del río Ebro a través de ocho pantanos investigados, analizando sus niveles de colmatación, toxicidades y la pérdida de especies nativas. Es una arquitectura de reparación que conecta los derechos humanos con los ecosistémicos.
Finalmente, es imprescindible generar nuevos espacios de poder e instituciones alternativas capaces de redefinir la cultura y la disciplina. Cada acto local tiene una consecuencia global: toda arquitectura es planetaria, y una perspectiva biorregional basada en el Delta del Ebro puede formular preguntas con aspiración y voz global.




