Álvaro Ruiz Cuevas: «Los sistemas de información geográfica son la máquina del tiempo de la arquitectura y el urbanismo»

El desarrollador, archivero e historiador impulsa la creación de los SIG históricos para reconstruir las dinámicas urbanas del siglo XIX y plantea el reto de aplicar la tecnología BIM a la edificación del pasado.

El Dato
Los SIG históricos permiten cruzar datos de licencias, arquitectos y propietarios de fines del siglo XIX y XX para digitalizar el urbanismo.

La evolución de las ciudades no solo se lee en los libros de historia, sino que se visualiza en la transformación de su suelo y su arquitectura. En la intersección entre la archivística tradicional, la investigación histórica y el desarrollo web, los Sistemas de Información Geográfica Históricos (GIS-H) están emergiendo como herramientas fundamentales para entender el desarrollo urbano.

Álvaro Ruiz Cuevas lidera esta renovación metodológica a través de proyectos como el SIG Histórico de Madrid (1869-1879) o el Atlas historique du Limousin en Francia.

En esta entrevista, el especialista desvela cómo la digitalización de las licencias de obra del Archivo de Villa permite mapear el poder constructivo de las ciudades, analiza las barreras técnicas de las humanidades digitales y propone un puente de conexión con el sector de la edificación y la restauración patrimonial.

El puzle de la cartografía histórica y el peso del archivo

¿Cómo logras que tus tres facetas de desarrollador web, archivero e historiador dialoguen entre sí en tu día a día? ¿Cuál de ellas suele llevar ‘la voz cantante’ al iniciar un nuevo proyecto?

Yo soy historiador y archivero de formación. Creo que lo que gana ahí, la voz cantante, es la del archivero, pero no un archivero tradicional, porque ahí entra en juego todo lo que es visualización. Yo le doy mucha importancia a visualizar. Digamos que es un enfoque archivístico un poco particular. El archivero tradicional a lo mejor se va a basar más en el documento y a mí me gusta la difusión de esos documentos.

¿En qué momento de tu trayectoria decidiste que las herramientas digitales y los sistemas de información geográfica eran el camino necesario para renovar la gestión y difusión del patrimonio histórico?

Desde que hago investigación histórica, siempre he utilizado estas herramientas para entender. Para mí es el método, la manera de entender. Más que leerme una tesis doctoral o quinientos mil artículos, a mí me gusta visualizar la información; por ejemplo, cómo la ciudad ha evolucionado a lo largo del tiempo. Eso se ve muy bien con los mapas. Entonces, desde hace ya mucho me esfuerzo en poner la información histórica en mapas para poder entenderla yo, y eso poco a poco se ha transformado en algo que no solo quiero para mí, sino que quiero para los demás, que los demás también puedan entender la historia de esta manera.

Más que leerme una tesis doctoral o quinientos mil artículos, a mí me gusta visualizar en mapas cómo la ciudad ha evolucionado a lo largo del tiempo.

Como historiador, ¿qué te aporta el rigor del desarrollo web y la estructuración de bases de datos a la hora de interpretar y hacer preguntas al pasado?

Me aporta el contexto. Las bases de datos en sí tienen una capacidad de contextualizar la información muy potente. Yo puedo tener la información sobre una licencia de obras y, conectada a ella, la persona que era el propietario, el arquitecto y el año de construcción. Todo está ahí. Pero no solo de esa licencia de obras; también están todas las que había alrededor, todas las del barrio y todas las de esa década. Las bases de datos te permiten contextualizar de una manera muy potente la información histórica; eso es lo que me atrae. Y el desarrollo web lo que me aporta es poder difundir todo esto, porque la base de datos está muy bien en mi ordenador, pero sin desarrollo web solo la voy a consultar yo.

Del legajo al mapa interactivo: descodificando el Archivo de Villa

El SIG Histórico de Madrid (1869–1879) es uno de tus proyectos más notables. ¿Cuál fue el mayor reto técnico y documental al intentar reconstruir y georreferenciar con precisión el Madrid de finales del siglo XIX sobre la cartografía actual?

Hay muchos retos. Con respecto a la base de datos, el reto es modelizar toda esta información histórica para que tenga sentido y se conecte entre sí. Y en el ámbito de la georreferenciación, influyen todas las transformaciones que ha vivido la ciudad a lo largo del tiempo. Es complicado georreferenciar toda la información histórica en ese mapa si no tenemos todos los datos. Entonces, el sistema de información geográfica es un poco mi registro que me permite georreferenciar todo lo demás. Yo lo comparo mucho con un puzle: cuando haces un puzle, vas colocando las piezas y al principio es muy difícil, pero conforme tienes más piezas, se hace más fácil. El SIG histórico es ese puzle.

Con el Atlas historique du Limousin trabajaste en un contexto geográfico diferente. ¿Cómo fue la experiencia de trasladar esta metodología a un proyecto internacional? ¿Existen diferencias significativas en la disponibilidad o estructura de las fuentes entre Francia y España?

Respecto a la estructura de fuentes, no hay una diferencia significativa. Más o menos tenemos las mismas fuentes, a lo mejor para diferentes periodos o con pequeñas variaciones, pero son bastante similares a fin de cuentas. La experiencia de trasladar la metodología ha sido enriquecedora porque me ha abierto a todo el ecosistema de fuentes históricas de Francia. Luego ha sido también estimulante trabajar con la universidad francesa porque allí —yo vivo en Francia— se le da más importancia a la dimensión espacial que en España. Le prestan más atención y tienen herramientas un poco más antiguas, por decirlo así; tienen más experiencia, vaya.

Actualmente estás preparando un mapa interactivo de licencias de obra del Archivo de Villa. ¿Qué tipo de información ‘oculta’ o dinámicas urbanas sobre la evolución de la ciudad nos pueden revelar estas licencias una vez que se visualicen e interconecten geográficamente?

Hay mucho en relación con el poder: quién tenía el poder de construir en aquella época y quiénes son los que más construían. También toda la dinámica alrededor de los arquitectos, un poco cómo se distribuían en el espacio. He visto pequeños patrones de arquitectos que trabajaban más por determinados barrios que otros. Todavía no he tenido tiempo de estudiarlo en profundidad, pero se puede explorar. Luego están los patrones de crecimiento de la ciudad y las tipologías constructivas, ya que cada barrio tiene un poco sus especialidades. Todo esto es bastante visible con el mapa interactivo. Y, por supuesto, las plantas de los edificios son algo fundamental para mí: poder visualizar esa imagen de la ciudad hace ciento cincuenta años.

Las licencias del Archivo de Villa revelan dinámicas de poder: quién construía, las tipologías de cada barrio y los patrones espaciales de los arquitectos.

¿Cómo es el proceso metodológico de ‘traducir’ un legajo, un expediente manuscrito o un plano antiguo del Archivo de Villa a un formato de datos normalizado que un sistema de información geográfica pueda procesar e indexar?

El método exige primero el diseño de la base de datos. Es cierto que hay una parte que está normalizada mediante ontologías, que sirven para darle una estructura a esa información, pero como es un campo que no está muy trabajado, hay mucho por hacer. Luego hay que extraer toda esa información, lo cual en parte se hace de manera manual: hay que leer el expediente, extraer la información útil y registrarla en la base de datos. Esto, lógicamente, consume un cierto tiempo. Y después hay que localizar el lugar físico al que se refiere cada expediente. En determinados casos, gracias al SIG histórico es fácil porque tengo acceso a las direcciones de esa época, pero en aquellos años tampoco eran rigurosos; hay sitios que no tienen dirección directamente porque son nuevos o porque han cambiado, y ahí entra en juego la investigación.

Democratización del dato y el puente hacia el BIM histórico

Para los profesionales y entusiastas del sector, ¿cuál es tu stack tecnológico predilecto? ¿Qué herramientas (tanto Open Source como comerciales) consideras indispensables hoy en día para crear un Story Map o un SIG histórico robusto?

Para mí, para el SIG histórico, QGIS es la herramienta de cabecera. Es un software libre, tiene una comunidad ya superimportante y muy activa, y me parece un excelente ejemplo de software libre eficaz.

En el diseño de experiencias digitales de patrimonio, a veces ‘menos es más’. ¿Cómo gestionas la curaduría de datos para que un mapa interactivo sea riguroso y profundo para investigadores, pero a la vez intuitivo y atractivo para el público general?

Lo has dicho muy bien, menos es más. Me gusta seleccionar muy bien la información porque uno de los peligros que tenemos en los archivos es la sobrecarga de datos, el saturar al usuario con términos desconocidos o demasiados detalles. La información tiene que estar bien dosificada y, por supuesto, contar con un toque visual importante para darle al usuario o al curioso ganas de seguir explorando.

Tu objetivo es hacer el patrimonio histórico más visual y accesible. A nivel institucional (universidades, museos, archivos públicos), ¿crees que se está aprovechando realmente el potencial de la cartografía interactiva o queda aún mucho camino por recorrer?

Se está empezando a aprovechar, pero queda mucho, mucho camino por recorrer, efectivamente. Y esto es algo muy estimulante.

A través de tu labor de consultoría y formación, acompañas a otros profesionales del patrimonio. ¿Cuál suele ser la principal barrera mental o técnica que encuentran los historiadores o archiveros tradicionales al adoptar estas metodologías digitales?

La barrera son los conocimientos técnicos, ya que es un campo muy complejo. Yo no lo veía tanto así, pero cuando he empezado a hacer formación, me he dado cuenta de que realmente es una especialización bastante concreta. Hay una barrera de entrada fuerte que se puede superar, pero los conocimientos técnicos o el manejo de bases de datos, por ejemplo, son competencias que no todo el mundo tiene. Además, en humanidades no tenemos muchas veces la predisposición a utilizar estas herramientas; somos más de texto, de leer y escribir.

¿Por qué un mapa interactivo o un Story Map bien estructurado puede llegar a ser una herramienta de difusión cultural y transferencia de conocimiento más efectiva que una publicación académica convencional?

Primero, porque es visual, seleccionamos lo más importante y le damos relevancia. Además, el lado interactivo es fundamental: ofrece al usuario la oportunidad de descubrir la información poco a poco en función de su disponibilidad y de sus ganas. Todo esto son ventajas. A ello habría que sumarle un lenguaje un poco más accesible que el de la literatura científica convencional, y la propia disponibilidad que da Internet, adaptada a la web moderna; el texto académico muchas veces se queda en un formato PDF y resulta un poco árido.

¿Hay algún periodo histórico concreto, archivo o espacio geográfico que te resulte especialmente fascinante y que te gustaría ‘mapear’ en el futuro a través de un proyecto personal?

Con el SIG histórico de Madrid cubro mi preferencia cronológica, que es el siglo XIX. Mi lugar preferido es más difuso. He trabajado con Madrid porque hay fuentes, documentos e información que me permiten hacerlo, pero en ese sentido estoy abierto. A mí me gusta mucho descubrir las ciudades y me estimularía muchísimo trabajar con Barcelona o con París, con cualquier ciudad que tenga un cierto patrimonio contemporáneo de los siglos XIX y XX. Esto me encantaría.

Me estimularía muchísimo trabajar en el futuro mapeando el patrimonio contemporáneo de las ciudades de Barcelona o París.

Con la irrupción de tecnologías como la Inteligencia Artificial (por ejemplo, en la transcripción automática de manuscritos HTR o la vectorización de mapas antiguos) y el Big Data, ¿hacia dónde crees que se dirige el futuro de los SIG Históricos y las Humanidades Digitales?

Se dirige a ser una herramienta mucho más importante de lo que es hoy, porque la barrera de entrada se está reduciendo. La gente puede aprender a utilizar estas herramientas de una manera más fácil o integrarlas directamente. Por otra parte, el tratamiento de la información, que es una de las tareas más lentas, se ve muy acelerado. Yo en muchos casos he transcrito documentos o he extraído la información de forma manual, pero eso es algo que empieza a no ser necesario gracias a los automatismos.

Como medio especializado en construcción y arquitectura, vemos una conexión directa con tu labor. ¿Cómo crees que el sector de la edificación, la arquitectura o la promoción inmobiliaria pueden aprovechar tu metodología de trabajo?

La parte histórica aporta el historial que muchas veces es estrictamente necesario para realizar una promoción o una restauración patrimonial. Las licencias de obra son uno de los documentos más consultados en cualquier archivo municipal, por lo que mi trabajo acelera y facilita mucho la intervención sobre el patrimonio arquitectónico antiguo. De cara al futuro, permite a otros profesionales enfocar sus promociones de una manera didáctica y visual para los futuros compradores o inversores.

El entorno técnico actual está marcado por la obligatoriedad regulatoria de la metodología BIM en la edificación pública en Europa, lo que genera capas de conocimiento digital hacia el futuro. ¿Es viable aplicar este concepto hacia el pasado combinándolo con tus sistemas GIS-H?

Es superinteresante. Yo creo que, en cierta medida, es posible volver atrás en el tiempo y hacer un BIM de esos edificios históricos hasta donde las fuentes lo permiten. Aplicado al siglo XX sería relativamente fácil. Antes del siglo XIX ya empieza a faltar información, pero aun así la fachada, que era lo que más interesaba en aquella época —que el edificio fuera bonito de puertas afuera—, se puede recuperar perfectamente. Los sistemas de información geográfica funcionan como una máquina del tiempo. Nos permiten recoger toda la información visual sobre el pasado, estructurarla en una base de datos especial y viajar atrás en el tiempo, o estar lo más cerca posible de conseguirlo.

El desarrollo de los Sistemas de Información Geográfica Históricos (GIS-H) agiliza la investigación documental al digitalizar expedientes municipales y licencias de obra. Esta metodología facilita datos históricos estructurados esenciales para proyectos de rehabilitación arquitectónica y abre la puerta a la recreación de modelos BIM aplicados a fachadas y edificios del siglo XIX y XX.

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