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- La relación entre arte y arquitectura ha sido constante a lo largo de la historia. Ambas disciplinas comparten una misma preocupación por el espacio, la luz, la escala y la forma en que las personas perciben y habitan el mundo. En el caso de Santiago Corral, artista mexicano-español con una trayectoria internacional consolidada, esta conexión adquiere una dimensión especialmente sugerente.
- ¿Recuerda cuándo comenzó a interesarse por la representación del espacio? ¿Hubo algún momento o influencia que marcara especialmente su manera de mirar el mundo?
- A lo largo de su trayectoria ha evolucionado desde paisajes y escenas figurativas hacia universos mucho más abiertos, ambiguos y emocionales. ¿Cómo ha cambiado su relación con el espacio a medida que ha evolucionado su obra?
- Aunque no proviene del ámbito de la arquitectura, muchas de sus pinturas generan una fuerte sensación de construcción espacial. ¿Qué relación mantiene con la arquitectura como fuente de inspiración o reflexión artística?
- La perspectiva fue durante siglos una de las grandes herramientas para representar la realidad. En sus obras, sin embargo, parece expandirse, distorsionarse o incluso desafiar las reglas convencionales. ¿Qué le interesa explorar a través de esa ambigüedad espacial?
- Sus cuadros suelen situar al espectador en escenarios que resultan familiares y extraños al mismo tiempo. ¿Le interesa más representar lugares reales o construir espacios que solo pueden existir en la imaginación?
- Vivimos un momento en el que la fotografía, el vídeo, los motores de renderizado y la inteligencia artificial están transformando profundamente la creación de imágenes. ¿Cómo observa esta nueva revolución visual desde la pintura?
- La aparición de herramientas de inteligencia artificial ha reabierto el debate sobre la autoría y la creatividad. Como artista, ¿cree que estas tecnologías representan una oportunidad, una amenaza o simplemente una nueva herramienta que habrá que aprender a integrar?
- La arquitectura construye espacios físicos, mientras que el arte tiene la capacidad de construir espacios emocionales o mentales. ¿Dónde cree que se encuentran ambas disciplinas y qué pueden aportar la una a la otra?
- En una época marcada por la inmediatez y la sobreabundancia de imágenes, ¿qué papel sigue desempeñando la pintura como medio para detener la mirada y generar reflexión?
- Si tuviera que imaginar cómo evolucionará la relación entre arte, arquitectura e inteligencia artificial durante las próximas décadas, ¿qué escenario le resulta más estimulante y qué aspectos le generan más incertidumbre?
La relación entre arte y arquitectura ha sido constante a lo largo de la historia. Ambas disciplinas comparten una misma preocupación por el espacio, la luz, la escala y la forma en que las personas perciben y habitan el mundo. En el caso de Santiago Corral, artista mexicano-español con una trayectoria internacional consolidada, esta conexión adquiere una dimensión especialmente sugerente.
Sus obras, reconocibles por la creación de atmósferas oníricas, perspectivas ambiguas y escenarios que oscilan entre lo real y lo imaginario, invitan al espectador a replantearse su propia percepción del espacio. En un momento en el que la inteligencia artificial, la imagen digital y los nuevos sistemas de generación visual están transformando nuestra manera de crear y consumir imágenes, la obra de Corral plantea preguntas especialmente relevantes sobre el futuro de la representación, la creatividad y el papel del artista. Desde la pintura hasta la fotografía, desde la arquitectura hasta los entornos virtuales, conversamos con él sobre la evolución de la mirada contemporánea y sobre cómo el arte sigue siendo una herramienta única para interpretar el espacio que habitamos.
¿Recuerda cuándo comenzó a interesarse por la representación del espacio? ¿Hubo algún momento o influencia que marcara especialmente su manera de mirar el mundo?
Cuando pude ver por primera vez una de mis obras de gran formato colgada en una importante Bienal de pintura, comprendí la importancia del espacio, la dimensión y la luz como elementos que complementan la fuerza de una obra. Aquel día entendí que, para comprender el arte, también era necesario comprender la arquitectura. Desde entonces, mi interés por la arquitectura se convirtió en una constante, hasta el punto de decidir construir mi propia casa para satisfacer mis inquietudes y necesidades, e integrar tanto mis obras como algunas piezas de mi colección personal. Ese proceso me absorbió profundamente: un proyecto llevó a otro y así sucesivamente. Es un camino que nunca termina de satisfacer por completo la ambición artística, pero precisamente ahí reside gran parte de su atractivo.
A lo largo de su trayectoria ha evolucionado desde paisajes y escenas figurativas hacia universos mucho más abiertos, ambiguos y emocionales. ¿Cómo ha cambiado su relación con el espacio a medida que ha evolucionado su obra?
El paisaje ha sido, y sigue siendo, un tema dominante en mi trabajo. Durante mucho tiempo fue un refugio frente a la duda, un lugar cómodo desde el punto de vista estético y seguro como punto de partida. Más adelante llegaron la naturaleza muerta y la figura humana, influenciadas por grandes maestros del realismo y el hiperrealismo como Antonio López, Gerhard Richter o Edward Hopper, entre muchos otros.
Fue un proceso de años aprendiendo de los grandes maestros, yendo cada vez más atrás en la historia: Dalí, Goya, Velázquez, Zurbarán… Con el tiempo descubrí que primero hay que estudiar a los muertos —los clásicos—, después a los vivos y, finalmente, hacer lo propio. Hoy mi relación con el espacio ha adquirido una relevancia mucho mayor. El espacio se ha convertido en una metáfora de lo interior, aunque siempre marcado por la belleza que emana de los lugares arquitectónicamente bien concebidos.
Aquel día entendí que, para comprender el arte, también era necesario comprender la arquitectura; el espacio y la luz complementan la fuerza de una obra.
Aunque no proviene del ámbito de la arquitectura, muchas de sus pinturas generan una fuerte sensación de construcción espacial. ¿Qué relación mantiene con la arquitectura como fuente de inspiración o reflexión artística?
Efectivamente, la arquitectura ha comenzado a dominar las estructuras de mis composiciones. En muchas obras se convierte en el centro de atención, en el verdadero sujeto, dialogando con una naturaleza indómita que aparece como contrapunto. La arquitectura funciona para mí como un punto de partida: un espacio sugerente que el espectador puede completar con su propia imaginación, del mismo modo que llenamos mentalmente un espacio vacío.
La perspectiva fue durante siglos una de las grandes herramientas para representar la realidad. En sus obras, sin embargo, parece expandirse, distorsionarse o incluso desafiar las reglas convencionales. ¿Qué le interesa explorar a través de esa ambigüedad espacial?
El espacio se convierte en el objetivo central de la obra. La escala, el punto de fuga y la profundidad son, en cierto modo, pretextos para desafiar las convenciones y explorar la libertad que ofrece la imaginación. Me interesa especialmente el juego espacial, la creación de atmósferas dentro de espacios que reconocemos como nuestro hábitat y nuestra zona de confort, pero que al mismo tiempo generan incertidumbre o extrañeza.
Sus cuadros suelen situar al espectador en escenarios que resultan familiares y extraños al mismo tiempo. ¿Le interesa más representar lugares reales o construir espacios que solo pueden existir en la imaginación?
Me interesa distorsionar la realidad y jugar con la imaginación del espectador. Busco provocar reflexión a través de espacios casi reales que incorporan elementos de ficción y, en algunos casos, incluso componentes distópicos y por qué no, entrópicos. La condición humana dentro del hábitat. No solo la belleza de un espacio que refleja una perfección estética creada por una propuesta arquitectónica, sino también las contradicciones, disfunciones y fragilidades que forman parte de nuestra naturaleza.
La arquitectura ha comenzado a dominar las estructuras de mis composiciones, convirtiéndose en el centro de atención y en el verdadero sujeto de la obra.
Vivimos un momento en el que la fotografía, el vídeo, los motores de renderizado y la inteligencia artificial están transformando profundamente la creación de imágenes. ¿Cómo observa esta nueva revolución visual desde la pintura?
Personalmente he vivido lo que yo llamaría “tres grandes revoluciones”. La primera fue la incorporación de la fotografía a mi proceso creativo: generar imágenes y utilizarlas como referencia para después pintarlas, siempre con la libertad de transformarlas según mis necesidades artísticas. La segunda fue Internet, que abrió un universo de posibilidades, aunque con ciertas limitaciones, y la tercera es la inteligencia artificial.
Para mí ha supuesto un auténtico punto de inflexión: un universo infinito, desconocido y vertiginoso, donde la mente creativa parece no tener límites. La IA llegó en un momento muy concreto de madurez en mi trayectoria, después de más de treinta años creando, experimentando, perdiéndome y aprendiendo. Hoy la percibo como parte de mi equipo de trabajo, como si tuviera a mi disposición un grupo de colaboradores extraordinariamente creativos tratando de dar forma a mis inquietudes artísticas más profundas. La IA es, en cierto modo, una inmensa jungla de posibilidades.
La aparición de herramientas de inteligencia artificial ha reabierto el debate sobre la autoría y la creatividad. Como artista, ¿cree que estas tecnologías representan una oportunidad, una amenaza o simplemente una nueva herramienta que habrá que aprender a integrar?
Creo que son ambas cosas: una gran oportunidad y, al mismo tiempo, un desafío importante. Personalmente observo la IA de manera muy positiva. Es una herramienta poderosa que me permite trasladar mis ideas creativas con una precisión sin precedentes. Dicho esto, considero que el oficio debe seguir siendo fundamental. La IA es un punto de partida, pero el pincel, la materia y la intención del artista deben permanecer siempre presentes.
La arquitectura construye espacios físicos, mientras que el arte tiene la capacidad de construir espacios emocionales o mentales. ¿Dónde cree que se encuentran ambas disciplinas y qué pueden aportar la una a la otra?
El espacio físico se convierte en el refugio natural e indispensable para las obras de arte, permitiendo que estas manifiesten plenamente sus emociones y significados. Ambas disciplinas se complementan mutuamente. La arquitectura ofrece el marco y el contexto; el arte aporta emoción, reflexión y experiencia. En muchos sentidos, una no puede existir plenamente sin la otra.
La IA es un punto de partida, pero el oficio debe seguir siendo fundamental; el pincel, la materia y la intención del artista deben permanecer.
En una época marcada por la inmediatez y la sobreabundancia de imágenes, ¿qué papel sigue desempeñando la pintura como medio para detener la mirada y generar reflexión?
La pintura conserva el poder único de la imagen creada a mano, fruto del oficio, la dedicación y la experiencia. Una parte del espíritu del artista queda depositada en cada obra; por eso no existen dos iguales. La pintura debe provocar al espectador. No es un objeto decorativo ni necesita cumplir una función práctica. Su misión es transmitir emoción, generar reflexión y, aunque sea por un instante, detener el tiempo.
Si tuviera que imaginar cómo evolucionará la relación entre arte, arquitectura e inteligencia artificial durante las próximas décadas, ¿qué escenario le resulta más estimulante y qué aspectos le generan más incertidumbre?
Creo que estamos ante una transformación que nos hará cada vez más conscientes de lo que elegimos mirar, valorar y apreciar. La arquitectura, la inteligencia artificial y las artes visuales avanzarán de manera cada vez más integrada, generando nuevas formas de creación, diálogo y experiencia. Lo que más me entusiasma es imaginar un territorio inmenso y fértil, donde la tecnología amplifique nuestra capacidad de imaginar y materializar ideas. Veo la posibilidad de espacios más sensibles, obras más interactivas y procesos creativos que conecten disciplinas antes distantes.
La incertidumbre proviene precisamente de esa amplitud. Aún desconocemos muchas de las formas que adoptará esta colaboración, pero más que una preocupación, la considero una oportunidad para seguir explorando. Estoy convencido de que la creatividad humana seguirá siendo el corazón de cualquier innovación. La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero serán nuestra sensibilidad, nuestra memoria y nuestra capacidad de dar significado las que orienten el rumbo. Quizá el aspecto más fascinante de esta transformación no sea lo que la inteligencia artificial pueda crear, sino las nuevas perspectivas que nos permitirá descubrir sobre nuestra propia creatividad.
Santiago Corral constata que la arquitectura ejerce como el marco y eje estructural de la composición pictórica de su obra tras más de treinta años de trayectoria. La inteligencia artificial se integra actualmente en su proceso como una herramienta técnica de co-creación, subordinada al mantenimiento del oficio tradicional, el empleo de la materia y la preeminencia de la sensibilidad humana para dotar de significado al hábitat.










