El agua como hilo conductor entre la muralla romana y el lujo contemporáneo, a debate en las Architect Design Hotel Talks

La segunda sesión del ciclo, celebrada en el Hotel Mercer Barcelona, reunió al arquitecto Mohammed Adib (Dewan Architects + Engineers) y a Dornbracht. Hablaron de cómo intervenir en edificios con veinte siglos de historia sin limitarse a decorar el pasado, y de la evolución del baño de un espacio higiénico a uno de ritual, bienestar y personalización.

El Hotel Mercer Barcelona, levantado sobre un tramo de la muralla romana en pleno Barri Gòtic, acogió la segunda sesión de las Architect Design Hotel Talks (ADHT) el 29 de septiembre.

Este ciclo de encuentros lo organiza Tasmania Comunicación como acción oficial de Barcelona 2026 · Capital Mundial de la Arquitectura, con el apoyo del Ajuntament de Barcelona, la UNESCO y la UIA. La sesión se tituló «La arquitectura del agua. El agua como punto de diseño en el espacio histórico» y reunió en petit comité a una veintena de profesionales de la arquitectura y el diseño invitados personalmente. Al encuentro le siguió un cóctel de networking.

Anna Rovira, del departamento de comunicación de la organización, abrió la sesión. Explicó que, de las cerca de 1.500 actividades de la Capitalidad, las ADHT son la única que tiene a los hoteles de la ciudad como protagonistas. El ciclo empezó en El Palace Barcelona y recorrerá siete establecimientos emblemáticos, entre ellos el Hotel Arts, el Hoxton y el Nobu. «Estamos en un lugar que realmente nos representa», dijo Rovira. También reivindicó una restauración «muy cuidadosa, que preserve estas maravillas».

Un arquitecto entre Barcelona y Dubái

El invitado de la sesión fue Mohammed Adib, socio y director de diseño de Dewan Architects + Engineers, con sede en Dubái. Su relación con Barcelona empezó con su formación en interiorismo en la escuela EINA. Llegó a la ciudad a comienzos de los años noventa con una beca y, según explicó, «me encantó el sitio y me quedé». En 1993, en plena resaca postolímpica, fundó aquí su primer estudio. Hoy el grupo reúne a unos 1.200 profesionales en once oficinas, y Barcelona sigue siendo «donde empezó todo». Suma más de 35 años de trayectoria y cientos de proyectos en más de veinte países, con especial peso del diseño hotelero.

Aprender del pasado para construir desde cero

La primera pregunta fue qué aprende un arquitecto que trabaja con patrimonio centenario de un contexto que construye desde cero, y viceversa. Adib empezó desmontando un tópico: «Dubái tiene fama de que todo es nuevo, pero también tiene algo histórico». Puso como ejemplo su edificio más antiguo, un fuerte del siglo XVIII. Para él, lo esencial al construir de nuevo es «aprender siempre del pasado». A su juicio, hay muchos saberes de nuestros antepasados sobre cómo vivir y adaptarse a la naturaleza que «estamos ignorando».

Aprender del pasado, aplicarlo al presente y esperar que sirva también para el futuro

Adib criticó la idea de que modernizar un país exige «rascacielos de vidrio». Defendió que hay otras maneras de habitar, «más cómodas y en armonía con la naturaleza». Se trata, resumió la moderadora, de «continuar la historia, no frenarla».

Proteger, interpretar o cuestionar

En un edificio con capas tan distintas como el Mercer, con muralla romana, arcos góticos y techos de estilo dieciochesco, ¿qué se hace primero? Adib pidió distinguir antes el tipo de proyecto: restauración, reforma o cambio de uso. Después cedió la palabra a Christian, vinculado a la rehabilitación del hotel y presente en la sala. Christian describió el punto de partida: «Cuando entramos, había básicamente derrumbe. Montañas de escombro y forjados que se estaban cayendo». Entre los restos aparecieron la muralla romana con sus torres, un palacio renacentista, forjados del siglo XIX y frescos medievales.

El trabajo, explicó, consistió en ir clasificando y entendiendo lo que había para decidir qué recuperar y qué no tenía tanto valor. Todo ello debía contrastarse con la complejidad funcional de un hotel: separar zonas públicas e internas, integrar instalaciones y dar a todo «una capa de acabados a la altura de un cinco estrellas sin perder la esencia». Adib reconoció que «hubiera sido mucho más sensato derribarlo y hacer un edificio nuevo». Pero subrayó que el Mercer «no es una restauración, sino la interpretación de un edificio que no era un hotel». Su lectura es que hay elementos que no hace falta conservar y otros que «hay que amplificar y enseñar un poquito mejor».

La historia como valor diferencial

Esteve llevó el debate al terreno del negocio. Dornbracht trabaja de forma habitual en hoteles de cinco estrellas y, según explicó, la tendencia de los últimos años es clara: el viajero internacional busca «experiencias mucho más cercanas al sitio donde va». «Hay hoteles estándar, como hay un Zara en todas las calles principales del mundo», comparó. Frente a eso, dormir en un lugar con la historia de la ciudad «tiene mucho más valor que un hotel que puede estar aquí o en Dubái». Por eso, añadió, recuperar ese patrimonio también es una forma de generar valor.

Adib, que pasa casi doscientas noches al año fuera de casa, confirmó la tendencia con una imagen gráfica: «A veces tienes que abrir la cortina para saber en qué ciudad estás». En su opinión, los operadores intentan escapar del estándar con marcas lifestyle y propuestas de sense of place, pero «siempre se quedan cortos, todo queda más superficial». Un edificio con historia, interpretado con una mirada minimalista, «lo logra mucho mejor».

Estuches y contenedores

Uno de los momentos más vivos de la tarde lo protagonizó el arquitecto Octavi Mestre, ponente de la primera sesión del ciclo, que intervino desde el público. Partió de la etimología del prefijo re: «No es lo mismo rehabilitar que reconstruir o regenerar». Recordó que garantizar la vida de los edificios antiguos pasa muchas veces por el cambio de uso. Y repitió una distinción que, según contó, explicaba a sus alumnos: «Hay edificios que son estuches y edificios que son contenedores. Un estuche solo sirve para un violín. Un contenedor permite cambios de uso».

Como ejemplo citó los pisos del Eixample, donde «puedes poner una cama, dos, una supletoria, darle la vuelta». También recordó, con humor, una conferencia del arquitecto Dani Freixas sobre las habitaciones de diez metros cuadrados con cama king size, en las que levantarse de noche obliga a avanzar pegado a la pared «como un suicida en una cornisa».

Adib recogió el guante: «Cambiar el uso de un edificio es lo más sostenible que hay». Un matadero o una fábrica en medio de la ciudad ya no tienen sentido, y lo fácil sería derribar y levantar algo nuevo de hormigón. Mestre lo resumió en una frase que la sala celebró:

Un edificio es más sostenible cuantas más horas se usa al día y cuantos más usos admite con poco dinero. Todo lo demás son pajas mentales

«Puede tener una certificación LEED Platinum, pero si está vacío, es totalmente inútil», remató Adib.

Hallazgos, sobrecostes y clientes valientes

Un asistente preguntó cómo se gestiona la relación con la administración cuando, en plena obra, aparece un fresco. Adib fue claro: este tipo de proyectos exige «un cliente muy especial, que sabe dónde se mete». Explicó que es habitual parar la obra porque aparece otra pieza en el sótano, y eso obliga a rehacer el proyecto, cambiar circulaciones y asumir sobrecostes. «Con una obra ya licitada, la constructora se frota las manos». Y no ocurre una sola vez: «Sucede constantemente hasta que sales de la zona arqueológica». Por eso, cuando presenta un encargo así, avisa al cliente de que «no hay ni presupuesto, ni plazo», porque lo que se encuentra puede cambiarlo todo.

Como ejemplo extremo citó un proyecto en Sintra (Portugal) en el que su estudio lleva unos dieciocho años trabajando. Es un palacio de estilo árabe que un cliente sueco compró para ampliar un sótano excavado sobre un cráter de granito. Como no se permite usar maquinaria, hay operarios «picando a mano desde hace dieciséis años». El cliente, contó, sigue decidido a terminarlo: «Lo tenía clarísimo».

Decorar el pasado nunca es una opción

El debate pasó después del edificio al diseño interior. ¿Dónde está la línea entre respetar un espacio histórico y simplemente decorar el pasado? Adib respondió sin matices: «Decorar el pasado nunca tiene que ser una opción». La restauración, según él, tiene sentido en proyectos muy concretos y en buen estado. Cualquier otra intervención debe servir para mejorar el espacio, darle otro uso o reinterpretarlo con una mirada actual. Además, mostró sus dudas sobre reconstruir tal cual edificios destruidos con materiales nuevos, como se ha planteado con la antigua Bolsa de Copenhague tras el incendio: «Estas cosas son parte del tiempo y de la historia, y habrá que ir adaptándolas al momento que vivimos».

Mestre volvió a intervenir con varias referencias. Citó a Sáenz de Oiza, que decía que «deberíamos ser capaces de tirar las pirámides de Egipto si fuésemos capaces de hacer algo más bonito», y el concepto francés de durée. También recordó la distinción griega entre Cronos, el tiempo cronológico, y Kairos, el tiempo con sentido: «Lo que debemos hacer es transformar Cronos en Kairos». Evocó además el relato de Leonardo Sciascia sobre unas prisiones de Palermo convertidas sucesivamente en escuelas y oficinas, donde nadie se atrevía a borrar los grafitis de los presos. Y la catedral de Siracusa, con «veinticinco siglos de historia en un mismo edificio».

La preocupación siempre es dónde paras la historia: dónde pones el límite de decir me quedo, dialogo, escucho

La pregunta de qué pasaría si se quemara el Liceu, y si sería aceptable un edificio nuevo, quedó flotando en la sala como reflejo de una ciudad que, en palabras de la moderadora, es «bastante rehabilitadora». Adib añadió un matiz: «También se puede hacer muy mal la restauración, y eso es mucho peor que hacer algo nuevo».

Objetos que dialogan, no que gritan

En la escala del objeto, Esteve defendió la vigencia del diseño pensado para durar generaciones en un mercado que premia la renovación constante. «Hay productos pensados para gritar y otros pensados para dialogar», explicó. Los primeros buscan llamar la atención y, salvo que sean excepcionales, «con el tiempo acaban desapareciendo del espacio». Los segundos se adaptan a su entorno, y en esa categoría situó la filosofía de la firma. Como ejemplo citó la grifería Tara, presente en el propio Mercer: diseñada hace más de treinta años, «sigue siendo totalmente vigente» y encaja tanto en un hotel con contexto romano y medieval como en un espacio contemporáneo.

Adib desplazó el foco hacia la calidad. Recordó la eterna tensión entre Capex y Opex, es decir, entre el inversor que quiere construir lo más barato posible y el operador que prefiere invertir más para gastar menos en mantenimiento. Con productos de calidad, explicó, ha podido reformar hoteles manteniendo toda la instalación y la parte empotrada y cambiando solo el acabado exterior. Para un hotel de diseño, que «necesita estar al día», eso es clave.

Esteve completó la idea con Recrafted, un programa de Dornbracht para hoteles que se renuevan por motivos estéticos. La marca recupera la grifería instalada, la lleva a fábrica, sustituye las piezas de desgaste, como juntas y anillos, le aplica un nuevo acabado y la reinstala en el mismo proyecto. «¿Qué hay más sostenible que coger el producto que ya existía, darle un lavado de cara y volverlo a usar?», planteó. Y añadió, entre risas: «El equipo de ventas no está muy contento».

Del ritual romano a la ducha inteligente

El hotel se asienta sobre una muralla romana, y para los romanos el agua era un elemento central de la arquitectura. Ese vínculo llevó el debate a la convivencia entre tecnología y patrimonio. Para Esteve, la tecnología debe estar «al servicio de la persona» y, «cuanto más histórico es el edificio, menos visible tiene que ser». Introdujo además una distinción clave: «Ritual no es rutina. La rutina se hace de forma inconsciente; el ritual, de forma consciente». En su opinión, los rituales del agua «son los mismos que en la época de los baños romanos». Lo que aporta la tecnología es hacerlos más cómodos y accesibles.

Esteve repasó varios proyectos experimentales de la marca. En los años noventa, un fotógrafo documentó todo lo que ocurría en los baños de los clubes de Chicago para identificar esos rituales. Otro proyecto fue una instalación artística con bañeras transparentes llenas de champán para estudiar cómo interactúan las burbujas con el cuerpo, una investigación que, según contó, ayudó a definir tipos de caída, presiones y temperaturas del agua. «El baño es el único espacio de la casa en el que puedes estar encerrado sin que nadie te pregunte qué haces», resumió. Ha pasado de ser un espacio higiénico a acoger usos de salud, belleza y meditación.

Adib introdujo un contrapunto: «Se abusa un poco de la tecnología». En los últimos veinte años, explicó, los fabricantes han lanzado «productos que eran demasiado», y conviene dar un paso atrás para entender qué aportaban el hammam o los baños termales. Recordó también que la ducha se tomaba tradicionalmente al final del día como preparación para el descanso. Y contó la anécdota de un pequeño hotel italiano en el que el recepcionista le dio las gracias por no haberle llamado de madrugada para preguntar cómo funcionaba la ducha.

Esteve respondió con el concepto de individualización: la ducha de primera hora no tiene nada que ver con la de después del deporte o la de antes de dormir. En hoteles urbanos sin metros para un gran spa, o en ciudades como Hong Kong o Nueva York, la tecnología permite dar respuesta a distintas necesidades «con un mismo espacio». Adib añadió que hay mercado para la escala opuesta: su estudio trabaja en un concepto hotelero con un reparto casi al cincuenta por ciento entre zona de aguas y habitaciones, con unos 6.000 metros cuadrados de cada una.

El baño que se abre a la habitación

Sobre cómo evolucionará el diseño del bienestar en la próxima década, Adib distinguió entre hospitality y residencial. En hoteles, prevé que el auge del wellness y la longevidad dé cada vez más peso a las zonas de agua, y que las marcas de bienestar entren en el sector hotelero. En vivienda, apuesta por el baño abierto al dormitorio: «Es la habitación que más usamos y normalmente no tiene ventana, ni ventilación, ni vistas».

Esteve trazó un paralelismo con la cocina. Ha pasado de ser un área de servicio oscura y arrinconada a un espacio central y social, y eso se nota en las ventas: si antes predominaba el cromo, hoy el 70 % de los grifos de cocina que vende la firma tienen acabados especiales. Citó también la reflexión de un interiorista con quien colaboró la marca: el baño es la parte de la habitación de hotel donde pasamos más horas conscientes, y por eso merece más espacio, más usos y más personalización.

Christian aportó el caso del propio Mercer. Las habitaciones son relativamente pequeñas para un cinco estrellas y no se pueden ampliar, así que el proyecto optó por cerrar únicamente el inodoro, abrir el resto del baño a la habitación y crear, siempre que fue posible, recorridos circulares alrededor del baño para ganar sensación de amplitud. Se logró en más de la mitad de las habitaciones, todas distintas entre sí. Esteve lo relacionó con un proyecto que Dornbracht desarrolló hacia 2002 con una universidad de Zúrich: al diseñar el baño a partir de los usos y no de los elementos, los estudiantes tendían a colocar los elementos funcionales en el centro y dejar libre el perímetro para circular.

Lujo único e industrialización

La personalización llevó la conversación al concepto de lujo. «El lujo ya no es el producto más caro, sino el producto único», afirmó Esteve. Como ejemplos citó una grifería con manetas exclusivas diseñada para una flota de yates y otro encargo italiano cuyas manetas reproducen, como pequeñas esculturas, los gestos típicos italianos.

Desde el público surgió la duda de si ese lujo choca con la industrialización de la construcción y los baños prefabricados. Esteve lo negó: «Nosotros somos un ejemplo de que lujo y producto industrial van de la mano». Adib fue todavía más rotundo: «Es más calidad, mucho más calidad. La única diferencia es que no estás encima de una escalera colocando gresite, sino en una mesa, cortando con una máquina, sin polvo». Y concluyó con una confesión: «Odio el agua en las obras. Cuando hay agua en la obra, los acabados no acaban bien. Todo lo que se pueda hacer en fábrica es mejor calidad y mejores plazos».

Los sentidos y la salud mental, la próxima frontera

En el tramo final, una asistente puso sobre la mesa la salud mental. Hasta ahora, estos espacios se han centrado en la higiene y el bienestar físico, y en su opinión, arquitectos e interioristas deberían diseñarlos también como lugares de silencio, meditación y paz interior, cuidando medidas, texturas y colores.

Esteve coincidió y apuntó a los sentidos como el gran campo pendiente. Además de la vista y el tacto, señaló el oído y, sobre todo, el olfato: «No tiene nada que ver lo que hueles en una ducha de activación por la mañana que en una antes de dormir. Puede acompañar o chocar». Mientras la iluminación por escenarios está muy desarrollada, el olfato es «un gap donde aún se puede mejorar muchísimo».

Ilustró el poder de la percepción con una instalación que la marca montó en Milán. A los participantes se les pedía lavarse las manos con unas gafas que proyectaban imágenes sobre el chorro de agua. Cuando aparecían arañas, retiraban las manos por instinto. Y cuando se cortaba el agua sin avisar, seguían frotándose las manos: «Cien por cien de la gente no se daba cuenta de que habíamos apagado el agua». La conclusión, dijo, es que lo que vemos y oímos influye incluso más que lo que tocamos, y que con la cromoterapia, la aromaterapia y la experiencia sensorial «nos queda mucho recorrido».

La segunda sesión dejó una idea compartida: en un edificio histórico, intervenir no es reproducir el pasado ni decorarlo, sino interpretarlo y prolongar su vida útil, y el cambio de uso es la forma más sostenible de hacerlo. En la escala del objeto, la permanencia se juega en la calidad y en un diseño que dialoga con el espacio en lugar de imponerse. El agua, del ritual romano a la ducha personalizada, se consolida como el eje de un bienestar que ya no es solo físico, sino también sensorial y mental.

Suscríbete a nuestra Newsletter

Últimos artículos

Estandarizar el proceso, no la arquitectura

La construcción industrializada avanza en España como respuesta a la falta de mano de...

El CIM 2026 situará la adaptación de las ciudades a la calor extrema en el centro del debate municipal

El incremento continuado de las temperaturas y la intensificación de los episodios de calor...

WeCMR lanza una plataforma digital para optimizar la documentación de transporte por carretera en el sector de la construcción

La gestión logística en la construcción exige un elevado tránsito de vehículos y el...

El RDL 29/2026 despliega un paquete de medidas para impulsar la oferta de vivienda asequible e industrializada

El Consejo de Ministros ha dado luz verde al Real Decreto-ley 29/2026, de 6...

El Ministerio de Vivienda lanza una calculadora para limitar las actualizaciones del alquiler hasta 2027

El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana (MIVAU) ha puesto en marcha la nueva...

Artículos relacionados

El CIM 2026 situará la adaptación de las ciudades a la calor extrema en el centro del debate municipal

El incremento continuado de las temperaturas y la intensificación de los episodios de calor...

El Foro Técnico Ibiza 2026 debatirá sobre la implantación de un techo de población en la isla

El Centro Cultural de Jesús acogerá el próximo 16 de octubre el Foro Técnico...

El SIM no necesita ser otro congreso 

Si alguien pregunta si merece la pena ir a un festival de música, la...

Barcelona une arquitectura y comercio local exponiendo 120 maquetas en los escaparates de la ciudad

Barcelona se convierte durante ocho días en un gran espacio expositivo a pie de...

Día Mundial de la Arquitectura 2026: la UIA sitúa la vivienda digna y asequible en el centro del debate global

La profesión global se une este lunes 5 de octubre para reivindicar el papel...

La 5.ª edición de Decarbonising Architecture reúne a la élite europea en Barcelona para transformar la política edilicia en proyectos reales

El continente europeo afronta una doble encrucijada crítica: incrementar con urgencia el parque de...