El número de propuestas impulsadas por cooperativas de usuarios y grupos ciudadanos sigue creciendo, con especial concentración en Cataluña, Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana.
El cohousing crece en España
El cohousing, también denominado covivienda o vivienda colaborativa, es un modelo habitacional en el que las personas residentes impulsan, diseñan y gestionan colectivamente su proyecto residencial, combinando viviendas privadas completas con una red de espacios comunes pensados para el uso cotidiano, los cuidados y la vida comunitaria.
Aunque su origen se sitúa en Dinamarca en los años sesenta, en España este modelo ha pasado en la última década de ser una experiencia minoritaria a convertirse en una alternativa real al mercado inmobiliario convencional, especialmente atractiva para colectivos que buscan estabilidad, comunidad y control sobre el coste de la vivienda.
De modelo alternativo a opción estructural
El crecimiento del cohousing no es solo cuantitativo, sino también cualitativo. En los últimos años se han incorporado criterios arquitectónicos y urbanos más complejos, con proyectos que integran sostenibilidad ambiental, eficiencia energética, accesibilidad universal y una fuerte relación con el entorno urbano.
En paralelo, la expansión del coliving en grandes ciudades ha contribuido a visibilizar el valor de los espacios compartidos y de nuevas formas de habitar, aunque desde lógicas muy distintas. Frente al coliving —generalmente promovido por operadores privados y orientado a la flexibilidad y la rotación— el cohousing mantiene una vocación de permanencia, autogestión y arraigo, con un papel activo de los residentes desde el inicio del proceso.
Un impulso cuantitativo y tipológico
A comienzos de 2026, los proyectos de cohousing en España se distribuyen en distintas tipologías. La más extendida sigue siendo el cohousing senior, orientado a personas mayores de 55 o 60 años que desean envejecer de forma activa, autónoma y acompañada. Sin embargo, también se consolidan experiencias intergeneracionales y propuestas dirigidas a familias, profesionales o colectivos mixtos.
En muchos casos, las administraciones locales han empezado a ceder suelo público en derecho de superficie, facilitando el acceso a suelo a largo plazo y reduciendo uno de los principales costes de entrada al modelo. Esta fórmula ha permitido que el cohousing se incorpore al debate sobre vivienda asequible y políticas públicas.
Cohousing senior: comunidad frente a la soledad
El peso del cohousing senior refleja dos tendencias demográficas claras: el envejecimiento progresivo de la población y la búsqueda de alternativas a modelos residenciales tradicionales, como la vivienda unifamiliar aislada o las residencias asistidas.
Estos proyectos permiten mantener viviendas privadas, pero incorporan servicios y espacios comunes —comedores, salas polivalentes, lavanderías, jardines o zonas de cuidados— gestionados de forma democrática. El resultado es una reducción de costes, una mayor eficiencia en el uso de recursos y, sobre todo, una red social estable que combate la soledad no deseada.
Ejemplos y arraigo territorial
España cuenta ya con experiencias pioneras que han actuado como referentes para nuevas iniciativas. Proyectos como La Muralleta, en Tarragona, o Trabensol, en la Comunidad de Madrid, han demostrado la viabilidad del cohousing senior en contextos diversos.
En el ámbito urbano, propuestas como La Borda, desarrollada en suelo público y bajo un modelo de cesión de uso, han ampliado el imaginario de la vivienda colaborativa, integrando arquitectura contemporánea, sostenibilidad y comunidad en barrios consolidados.
Impulso institucional y límites actuales
Pese a su crecimiento, el cohousing sigue enfrentándose a importantes retos normativos. Aunque el modelo ha sido mencionado en instrumentos como el Plan Estatal de Vivienda 2022-2025, no existe todavía una regulación homogénea que lo reconozca como tipología residencial específica en todo el territorio.
A ello se suman las barreras económicas de acceso. Incluso en modelos cooperativos, las aportaciones iniciales y las cuotas mensuales pueden resultar elevadas para amplias capas de la población, lo que plantea el debate sobre cómo escalar el cohousing sin perder su esencia comunitaria.
¿Puede el cohousing aliviar la crisis de la vivienda?
En un contexto marcado por la escasez de oferta, el aumento de precios y la dificultad de acceso a la vivienda, el cohousing no es una solución universal, pero sí una pieza cada vez más relevante dentro del ecosistema residencial. Su capacidad para combinar estabilidad, comunidad, sostenibilidad y control de costes lo sitúa como una alternativa especialmente valiosa para determinados perfiles y territorios.
Aunque sigue siendo minoritario frente al conjunto del parque residencial, su evolución en los últimos años apunta a que el cohousing ha dejado de ser una experiencia marginal para convertirse en un laboratorio real de nuevas políticas, arquitecturas y formas de habitar en España.














