
Entrevista a Teresa Batlle, Arquitecta, Cofundadora de Picharchitects/Pichaguilera en relación con el monográfico y entrevista coral:Materiales y sostenibilidad: incluyendo el pasaporte digital, la taxonomía europea y cómo las empresas están respondiendo a estas exigencias.
La sostenibilidad ha dejado de ser un atributo añadido para convertirse en un eje estructural del sector de la construcción. La entrada en escena del pasaporte digital de producto, la aplicación de la taxonomía europea y la creciente exigencia de trazabilidad y datos ambientales están modificando la forma de proyectar, construir y promover. En esta entrevista coral, distintos perfiles del sector analizan cómo está impactando esta transformación en su trabajo diario y qué retos y oportunidades plantea a medio plazo.
¿Cómo están cambiando los criterios de selección de materiales en proyectos y obras a raíz de las nuevas exigencias de sostenibilidad y del marco regulatorio europeo?
Si hablamos concretamente de nuestro día a día, exigimos a los materiales un detalle de su impacto ambiental, tanto si certificamos con algún sello Verde, BREEAM, LEED o el que nos solicite el encargo, como si no se nos pide.
Por otro lado, estamos haciendo un trabajo para apoyar la descarbonización de aquellos materiales que actualmente emiten más CO₂ a la atmósfera; son los más comunes, sus prestaciones son altas y ahora su trabajo está en reducir su impacto.
Se va avanzando, pero queda mucho trabajo por hacer.
Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
No lo es.
Nos cuesta mucho trabajo analizarla. Existen documentos ambientales de producto muy detallados y otros que simplemente cubren el expediente mínimo.
Nos cuesta también mucho trabajo exigir en obra que nos detallen la información y, en muchos casos, se han tenido que revertir contrataciones por no cumplir lo mínimo que algunas certificaciones ambientales exigen.
Sería mucho más interesante que, en lugar de ver cómo cumplir el expediente, hubiera una conciencia de servicio medioambiental de producto. En este sentido, y hablando con los fabricantes, empiezan a existir muchos productos reciclados e incluso con nuevos subproductos de menor impacto que no son solicitados por el mercado. El esfuerzo de la industria, que supone una inversión, todavía está teniendo poca respuesta. Falta mucho por recorrer.
El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
Por supuesto que es una nueva capa de complejidad técnica y administrativa. No existe todavía una mirada a largo plazo sobre lo que supone construir bien. Todas las miradas son todavía a corto plazo.
Hasta que no se valore la importancia del proyecto para garantizar la calidad del resultado en todo su ciclo de vida, no conseguiremos que esto avance con rigor. Tenemos todas las herramientas para conseguir un proyecto que refleje la realidad constructiva (embebida y operativa): Building Information Modelling, modelos energéticos, información del impacto de los materiales. Toda esta información permite una mirada completa de lo que supone construir un edificio. Valorarlo y respetarlo es el camino para garantizar construir bien, considerando la sostenibilidad ambiental, social y económica.
¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
La mayor dificultad es la fragmentación del sector. Los fabricantes no saben muchas veces de dónde proviene su materia prima, su impacto en el transporte o bien la complejidad del conjunto de suministro; los proveedores de materia prima no conocen dónde se desarrollan sus productos; los constructores solicitan la información medioambiental al final de la obra, como un puro trámite; los evaluadores se vuelven locos para conseguir la información mínima ambiental; los arquitectos todavía prescribimos con la máxima exigencia las declaraciones ambientales de producto.
La complejidad es global y debe abordarse de forma global y cómplice.
¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
La confianza en la taxonomía europea, hace menos de un año, era esperanzadora. En este momento no estamos seguros. Europa, y su preocupación por ser competitiva en un mercado global, está aminorando el esfuerzo que desde hace tantos años ha hecho por ser un referente en una economía verde.
Es un momento mundial muy inestable y deseo que Europa siga siendo el impulsor de los tres ejes de la sostenibilidad.
¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
No debería, pero los cambios e innovaciones siempre se traducen en mayor coste, no porque lo sean en sí mismos, sino porque suponen inversiones y, normalmente, riesgos.
¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
Todavía no se está engranando ni valorando el trabajo de calidad e información que todo ello supone. Refiriéndome a preguntas anteriores, sin una mirada global y una complicidad en los retos y objetivos de trabajo es difícil avanzar.
¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?
Considero que están haciendo un buen trabajo y están sensibilizados para ofrecer la información que se les solicita.
Me preocupa que muchas veces no se integre en el trabajo inherente al proyecto y se delegue como un requerimiento más a cumplir, como una documentación más dentro de la cantidad de fichas técnicas que actualmente se solicitan en un proyecto. El impacto ambiental no es un añadido, forma parte esencial de nuestra profesión.
¿Qué riesgos identifica en una implantación acelerada de nuevas exigencias sin una coordinación clara entre normativa, industria y práctica profesional?
Pienso que gran parte de la industria está haciendo un trabajo acelerado para que sus productos y sistemas tengan en cuenta las nuevas exigencias ambientales. Saben que, si no lo hacen, no podrán adaptarse, pero también se quejan de que, si no existen normativas que los apoyen, la aplicación en los edificios no resulta fácil.
Como siempre, las inversiones de fabricantes e industriales son muy altas. Debería haber un mayor incentivo en este camino. En este momento creo más en los incentivos que en las normativas.
En cuanto a la práctica profesional, mientras no se valore el trabajo del arquitecto como es debido, seguiremos haciendo el trabajo a medias.
Mirando a medio plazo, ¿qué oportunidades concretas puede generar esta transformación para mejorar la calidad del proyecto, la eficiencia de la obra y la competitividad del sector?
El largo plazo. Llevamos demasiado tiempo haciendo las cuentas en el corto plazo. Ahora nuestros edificios cuestan tanto de ponerse al día para que den las prestaciones mínimas de confort y bienestar que la fiesta nos va a costar mucho más cara que si hacemos las cosas bien desde el principio.
Quizás hemos de empezar a pensar en ofrecer servicios en lugar de productos: viviendas en alquiler, materiales en leasing, servicios de mantenimiento y gestión… Cuántas nuevas miradas que contemplar.















