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Un cambio estructural hacia la transparencia, la salud y la circularidad Por Sonia Hdez-Montaño, arquitecta especialista en bioconstrucción y arquitectura saludable. Fundadora del estudio Arquitectura Sana.
El pasado 8 de enero ha entrado en vigor el nuevo Reglamento europeo de Productos de la Construcción (CPR), – tal como publicaba Construnews en el artículo Europa activa el mayor cambio normativo en construcción de la última década -, el cual, establece condiciones armonizadas para la comercialización de los productos de la construcción en la Unión Europea, con el objetivo de contribuir de forma directa a los objetivos del Pacto Verde Europeo y de la Economía Circular. Aunque su aplicación será progresiva, el reglamento supone un punto de inflexión en las exigencias ambientales, de salud y de información asociadas a los materiales y sistemas constructivos.
Más información obligatoria y mayor transparencia
El nuevo CPR obliga a los fabricantes a facilitar más información esencial sobre los productos, especialmente en lo relativo a la seguridad y la salud, e introduce por primera vez la obligatoriedad de aportar datos ambientales como requisito para la obtención del marcado CE.
Las características ambientales esenciales de los productos se establecen a través de normas armonizadas, tomando como base los indicadores de Análisis del Ciclo de Vida (ACV) definidos en la norma UNE-EN 15804:2012+A2:2020 de Declaraciones Ambientales de Producto (DAP). Toda esta información se incorporará progresivamente a los Pasaportes Digitales de Producto (DPP), en coherencia con lo establecido en el Reglamento de Ecodiseño de Productos Sostenibles (ESPR).
Diseño orientado a la circularidad
El reglamento exige que los productos estén diseñados para alargar al máximo su ciclo de vida, incorporando:
- piezas de recambio accesibles,
- posibilidad de reparación, reutilización y reciclaje,
- fomento de la circularidad de los componentes,
- evita materiales complejos o tóxicos.
El objetivo es garantizar un uso sostenible de los recursos naturales a lo largo del ACV, maximizando la eficiencia de materias primas y secundarias, reduciendo el consumo de energía y agua, minimizando residuos y facilitando la reutilización o el reciclaje en fase de desmontaje.
Requisitos básicos ya existentes
Este reglamento no es nuevo. Ya existía, y en esta renovación se mantienen los requisitos esenciales ya incluidos en el reglamento anterior:
- integridad estructural,
- seguridad contra incendios,
- higiene y salud (incluidos COV, COP y microplásticos),
- seguridad y accesibilidad,
- protección frente al ruido,
- eficiencia energética.
Nuevos requisitos medioambientales
El nuevo CPR introduce explícitamente nuevos requisitos ambientales, como:
- emisiones al medio exterior,
- uso sostenible de los recursos naturales.
Asimismo, fija un conjunto amplio de características ambientales esenciales vinculadas al ciclo de vida, entre ellas:
- impacto sobre el cambio climático,
- agotamiento de la capa de ozono,
- potencial de acidificación,
- eutrofización de aguas dulces, marinas y terrestres,
- formación de ozono fotoquímico,
- agotamiento abiótico (minerales, metales y combustibles fósiles),
- consumo de agua,
- emisiones de materia particulada,
- radiaciones ionizantes (salud humana),
- ecotoxicidad en agua dulce,
- toxicidad humana (efectos cancerígenos y no cancerígenos),
- impactos relacionados con el uso del suelo.
La salud como eje central
El reglamento refuerza de manera clara la dimensión de salud. Los productos no deben liberar sustancias peligrosas, microplásticos ni emisiones que afecten negativamente:
- a la higiene, salud y seguridad de los trabajadores de la construcción,
- a los ocupantes de los edificios,
- ni al entorno próximo.
Se incorporan criterios específicos sobre emisiones al aire interior, COV, partículas peligrosas, radiaciones ionizantes y toxicidad humana. Además, se establece que los productos no deben afectar negativamente al paso de la humedad ni al comportamiento higrotérmico del edificio.
En materia acústica, se exige una protección adecuada frente a niveles sonoros perjudiciales, tanto interiores como exteriores, garantizando una correcta absorción y reflexión acústica para evitar riesgos para la salud.
Eficiencia en la fase de uso
En relación con el consumo, el CPR establece que las instalaciones de climatización, iluminación y ventilación deben consumir poca energía durante su uso, alineándose con el objetivo europeo de edificios de consumo casi nulo y edificios de cero emisiones, considerando tanto las condiciones climáticas exteriores como las interiores.
Aplicación progresiva hasta 2032
El reglamento prevé un amplio periodo de adaptación, durante el cual convivirá con el anterior CPR. La aplicación efectiva de los nuevos requisitos y características esenciales que se concretarán mediante nuevas normas armonizadas se desplegará en varias fases, con un horizonte final situado en enero de 2032.
Este nuevo marco normativo supone un impulso claro a los biomateriales, que quedan mejor posicionados frente a otros materiales por su menor carga química y su mejor comportamiento desde el punto de vista de la salud humana. Suelen presentar emisiones muy reducidas de COV, ausencia o baja presencia de sustancias peligrosas, y un comportamiento más favorable en términos de toxicidad humana y ecotoxicidad, aspectos que el nuevo CPR pasa a evaluar de forma explícita.
Además, los biomateriales responden de manera especialmente adecuada a los criterios ambientales basados en el Análisis del Ciclo de Vida: menor huella de carbono, potencial de fijación de carbono biogénico, menor consumo energético en fase de fabricación, menor agotamiento de recursos abióticos y, en muchos casos, menor consumo de agua. A ello se suma su buena compatibilidad con estrategias de circularidad, al tratarse de materiales más fácilmente reparables, reutilizables, reciclables o incluso biodegradables al final de su vida útil.
Desde el punto de vista constructivo y de uso, los biomateriales suelen ofrecer un buen comportamiento higrotérmico y acústico, contribuyendo al confort interior sin recurrir a soluciones tecnológicas complejas, y alineándose con los objetivos de eficiencia energética y edificios de consumo casi nulo.
Por todo ello, el sector de la construcción está llamado a ponerse las pilas con los materiales de bioconstrucción: no como una opción alternativa o de nicho, sino como una respuesta coherente y sólida a las nuevas exigencias normativas en materia de salud, impacto ambiental, circularidad y calidad de vida de las personas.
En conjunto, el nuevo Reglamento de Productos de la Construcción no supone únicamente una actualización técnica, sino un cambio de paradigma en la forma de entender los materiales y sistemas constructivos, integrando de manera estructural la transparencia, la circularidad, la salud y el impacto ambiental en el núcleo del sector de la construcción europea.
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