Contenidos
- La implantación de nuevas exigencias ambientales está transformando la selección de materiales, incorporando las DAP, la circularidad y la trazabilidad como variables estructurales del proyecto.
- ¿Cómo están cambiando los criterios de selección de materiales en proyectos y obras a raíz de las nuevas exigencias de sostenibilidad y del marco regulatorio europeo?
- Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
- El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
- ¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
- ¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
- ¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
- ¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
- ¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?
- ¿Qué riesgos identifica en una implantación acelerada de nuevas exigencias sin una coordinación clara entre normativa, industria y práctica profesional?
- Mirando a medio plazo, ¿qué oportunidades concretas puede generar esta transformación para mejorar la calidad del proyecto, la eficiencia de la obra y la competitividad del sector?
La implantación de nuevas exigencias ambientales está transformando la selección de materiales, incorporando las DAP, la circularidad y la trazabilidad como variables estructurales del proyecto.

Entrevista a Pablo Garrido, socio y director de Tecnología y Sostenibilidad de b720 Arquitectos, en relación con el monográfico y entrevista coral: Materiales y sostenibilidad: incluyendo el pasaporte digital, la taxonomía europea y cómo las empresas están respondiendo a estas exigencias.
La sostenibilidad ha dejado de ser un atributo añadido para convertirse en un eje estructural del sector de la construcción. La entrada en escena del pasaporte digital de producto, la aplicación de la taxonomía europea y la creciente exigencia de trazabilidad y datos ambientales están modificando la forma de proyectar, construir y promover.
¿Cómo están cambiando los criterios de selección de materiales en proyectos y obras a raíz de las nuevas exigencias de sostenibilidad y del marco regulatorio europeo?
Las exigencias de sostenibilidad de los materiales forman ya parte de los criterios básicos de prescripción en todos nuestros proyectos. En algunos casos se puede llegar más lejos que en otros —cada proyecto tiene condicionantes distintos en cuanto a coste, cliente o sensibilidad ambiental—, pero es una cuestión que siempre está presente.
Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
No completamente, pero está en buen camino. La implantación generalizada de las Declaraciones Ambientales de Producto como herramienta acreditativa del impacto ambiental facilita mucho las cosas, permitiendo un análisis comparativo fiable entre productos. También es importante que las diferentes bases de datos utilicen este tipo de documentos para la información que suministran, unificando el marco de trabajo.
El pasaporte digital aportará información valiosa, pero también exigirá mayor especialización técnica y administrativa.
El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
Ambas cosas, en cierta medida. Por un lado, será una fuente de información muy valiosa para la prescripción y la toma de decisiones en los proyectos. Pero también parece claro que puede complicar los procesos y requerir nuevos conocimientos técnicos y gestiones administrativas. Es probable que esto suponga una mayor participación de consultores y especialistas ambientales, algo positivo para la calidad del proyecto, aunque puede repercutir en los costes finales.
¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
En cuanto a la integración de datos ambientales, la creciente disponibilidad de DAP está simplificando el escenario. Lo que todavía no está resuelto es la aplicación práctica y fiable de la circularidad en el uso de materiales de construcción. Cuando se trata de productos reciclados dentro de un proceso industrial, la acreditación la asume el propio productor. Pero en el caso de elementos reutilizados y poco transformados, la trazabilidad de propiedades y la asunción de responsabilidades no están del todo claras. Aún está por desarrollarse un verdadero ecosistema de construcción circular con agentes capaces de gestionar, recuperar y acreditar productos reutilizados.
¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
Probablemente esta sea una cuestión más directa para promotores y otros agentes. Desde nuestra posición como arquitectos, mantenemos la misma ambición ambiental en los proyectos. Lo que sí hemos observado es un aumento de la sensibilidad y la implicación del resto de agentes para elevar el nivel de exigencia en sostenibilidad.
¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
Las dinámicas reales de la construcción suelen ir por detrás de las normativas. En cierto modo, para eso están las normativas: para impulsar medidas que, de otro modo, tardarían mucho más en desarrollarse. Desde nuestro punto de vista, incluso pueden quedarse cortas. En un escenario de urgencia climática como el actual, sería razonable que las administraciones fueran más exigentes y contribuyeran a crear un marco común con objetivos más ambiciosos.
¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
La relación sigue siendo, en esencia, la misma. Los proyectos están llenos de condicionantes, exigencias y objetivos diversos. Las exigencias de sostenibilidad son un requisito más que cumplir, aunque cada vez con mayor peso específico.
La circularidad real sigue siendo el gran reto pendiente, especialmente en la trazabilidad de productos reutilizados.
¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?
Cada vez más. Las universidades y otros centros formativos están poniendo mayor énfasis en estos temas. Aun así, conviene mantener un equilibrio: no parece razonable implantar nuevos procesos burocráticos o gestiones que los técnicos en ejercicio no puedan asumir con garantías. Además, no todos los proyectos tienen la misma complejidad ni las mismas posibilidades de desarrollo, por lo que los procesos deberían adaptarse a esa diversidad.
¿Qué riesgos identifica en una implantación acelerada de nuevas exigencias sin una coordinación clara entre normativa, industria y práctica profesional?
Todas las normativas generan cierta agitación cuando se promulgan, como ocurrió con el CTE. Con el tiempo, al tratarse de un marco común para todos, el sector termina por asumirlas con naturalidad. En cualquier caso, la implantación de medidas de sostenibilidad no parece algo que pueda dilatarse más. Todos los agentes deberíamos asumir la urgencia y actuar en consecuencia.
Mirando a medio plazo, ¿qué oportunidades concretas puede generar esta transformación para mejorar la calidad del proyecto, la eficiencia de la obra y la competitividad del sector?
En los periodos de transformación siempre surgen oportunidades: ser pionero, convertirse en referencia o desarrollar nuevos productos. Sin embargo, todo ello tiene un componente coyuntural. El objetivo de fondo debería ser avanzar hacia una arquitectura de mayor calidad ambiental y hacia un sector de la construcción más responsable.
Las normativas impulsan el cambio, pero el sector necesita un ecosistema coordinado para que la sostenibilidad sea realmente operativa.















