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- La sostenibilidad ha dejado de ser un atributo añadido para convertirse en un eje estructural del sector de la construcción. La entrada en escena del pasaporte digital de producto, la aplicación de la taxonomía europea y la creciente exigencia de trazabilidad y datos ambientales están modificando la forma de proyectar, construir y promover. En esta entrevista coral, distintos perfiles del sector analizan cómo está impactando esta transformación en su trabajo diario y qué retos y oportunidades plantea a medio plazo.
- Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
- El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
- ¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
- ¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
- ¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
- ¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
- ¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?
- ¿Qué riesgos identifica en una implantación acelerada de nuevas exigencias sin una coordinación clara entre normativa, industria y práctica profesional?
- Mirando a medio plazo, ¿qué oportunidades concretas puede generar esta transformación para mejorar la calidad del proyecto, la eficiencia de la obra y la competitividad del sector?

Entrevista a Mauro Manca, Ph.D Architect + Engineer de Energreen Design, en relación con el monográfico y entrevista coral, Materiales y sostenibilidad: incluyendo el pasaporte digital, la taxonomía europea y cómo las empresas están respondiendo a estas exigencias.
La sostenibilidad ha dejado de ser un atributo añadido para convertirse en un eje estructural del sector de la construcción. La entrada en escena del pasaporte digital de producto, la aplicación de la taxonomía europea y la creciente exigencia de trazabilidad y datos ambientales están modificando la forma de proyectar, construir y promover. En esta entrevista coral, distintos perfiles del sector analizan cómo está impactando esta transformación en su trabajo diario y qué retos y oportunidades plantea a medio plazo.

¿Cómo están cambiando los criterios de selección de materiales en proyectos y obras a raíz de las nuevas exigencias de sostenibilidad y del marco regulatorio europeo?
Estamos entrando en una nueva condición material de la arquitectura. Durante décadas diseñamos formas y luego buscamos con qué construirlas; ahora empezaremos a diseñar en función de lo que el planeta puede permitirnos extraer, reutilizar o regenerar. Es un giro casi premoderno: volver a una arquitectura condicionada por la disponibilidad real de recursos, pero con herramientas digitales y métricas de carbono.
El marco europeo —Taxonomía, EPBD, Reglamento de Productos de Construcción, Level(s)— está introduciendo un cambio radical: las emisiones incorporadas pasan a ser un parámetro de proyecto tan relevante como los demás aspectos técnicos o el coste. El ACV dejará de ser un informe justificativo para convertirse en instrumento de diseño. Edificios con altas emisiones incorporadas serán activos varados, poco financiables y difícilmente asegurables. Esto implica seleccionar materiales por desmontabilidad, contenido reciclado, recuperabilidad y trazabilidad. La estética también cambiará: emergerá una estética de la suficiencia, donde la reutilización y la imperfección material sustituyen a la homogeneidad industrial del siglo XX.
Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
Todavía estamos en una fase inicial de la sostenibilidad: mucha retórica y pocos estándares realmente operativos. Existen EPDs y bases de datos, pero la comparabilidad sigue siendo limitada por la falta de armonización metodológica y por divergentes intereses comerciales. Cada uno calcula las emisiones de forma distinta y eso no permite un comparativo equitativo. El primer paso será saber reportar todos de la misma forma; luego limitar las emisiones.
Además, hay un problema cultural profundo: el sector sigue midiendo los costes de construcción con una mirada miope, sin considerar el coste de ciclo de vida completo del activo. La información ambiental existe, pero no siempre es inteligible para quien toma decisiones económicas. Las empresas más avanzadas ya están introduciendo contratación responsable y criterios ESG, pero siguen siendo minoría. El riesgo es que la sostenibilidad se convierta en una nueva forma de greenwashing más sofisticado si no va acompañada de alfabetización técnica y repercusión real en los impactos reducidos.
Las emisiones incorporadas dejarán de ser un anexo técnico para convertirse en un parámetro central de diseño y viabilidad económica
El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
Es una herramienta imprescindible si queremos pasar de una economía extractiva a una economía circular. Sin trazabilidad no hay circularidad. El pasaporte digital permite entender el edificio como banco de materiales y futura mina urbana. Pero existe el riesgo burocrático: que se convierta en otro documento administrativo sin valor técnico real. Su potencial depende de que esté integrado en modelos BIM y en plataformas operativas de mantenimiento y gestión de activos. El siguiente paso lógico será el pasaporte del edificio completo, alineado con el Renovation Passport europeo. Cuando eso ocurra, el mercado inmobiliario empezará a valorar no solo ubicación y superficie, sino también calidad material, capacidad de adaptación y carbono incorporado.
¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
El principal problema no es técnico, sino cultural y organizativo. Los proyectos no nacen con estos criterios; se les añade una capa al final para cumplir expediente. En obra, la sostenibilidad se traduce muchas veces en recopilación de certificados, no en transformación de procesos. Se habla de circularidad mientras se mantiene un modelo lineal de contratación fragmentada y conflictiva, orientada al recorte de precios. Sin integración temprana de la cadena de valor —proyectistas, industria, constructora y gestores— es imposible optimizar.
¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
Respuesta. Está influyendo, pero menos de lo esperado. Tras ajustes regulatorios recientes, parte del sector ha entrado en una fase de espera prudente que genera incertidumbre y ralentiza decisiones. La lógica financiera es clara: la sostenibilidad reduce riesgo físico, regulatorio y reputacional, por lo que debería traducirse en mejores condiciones de financiación. El problema es que muchos departamentos de riesgo aún no han internalizado métricas que les permitan apreciarlo. Existe además el riesgo de simplificación: considerar sostenible un edificio solo por tener calificación energética alta es insuficiente. La taxonomía exige una visión mucho más amplia que incluye ciclo de vida completo, adaptación climática y economía circular.
¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
La circularidad no es un requisito técnico adicional; es un cambio de paradigma industrial. Implica pasar de diseñar edificios a diseñar sistemas de valor a largo plazo. Cuando el proyecto se concibe desde la co-creación con industria y constructora, los sobrecostes desaparecen o incluso se convierten en ahorros. Los sobrecostes actuales son el precio de intentar aplicar soluciones sistémicas a procesos fragmentados.
La falta de armonización en las Declaraciones Ambientales de Producto limita hoy la comparabilidad real entre materiales
¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
Respuesta. De momento, la transición está generando fricción. La sostenibilidad aparece como una exigencia externa que reparte responsabilidades y costes adicionales sin concretar beneficios e incentivos. Muchos agentes siguen viéndola como una capa final en lugar de un elemento estructural del proyecto. Sin embargo, cuando se integra desde el inicio, mejora la coordinación y reduce incertidumbre. Puede convertirse en una herramienta de gestión de riesgos y soporte holístico al proyecto.
¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?
Existe un desfase evidente entre academia y realidad. Muchos profesionales se formaron en una arquitectura previa a la crisis climática y a la digitalización industrial del sector. La sostenibilidad suele aparecer como asignatura periférica cuando debería ser el marco dentro del cual se enseña todo lo demás. Esto produce profesionales brillantes, pero desarmados frente a los retos sistémicos actuales.
¿Qué riesgos identifica en una implantación acelerada de nuevas exigencias sin una coordinación clara entre normativa, industria y práctica profesional?
La aceleración puede generar confusión inicial, pero es necesaria. Durante décadas el sector ha externalizado costes ambientales a la sociedad y al planeta. Internalizarlos implica tensiones inevitables. El verdadero riesgo no es avanzar demasiado rápido, sino hacerlo sin coordinación entre normativa, industria y práctica profesional. Sin alineación, la regulación puede convertirse en carga administrativa en lugar de motor de innovación.
Mirando a medio plazo, ¿qué oportunidades concretas puede generar esta transformación para mejorar la calidad del proyecto, la eficiencia de la obra y la competitividad del sector?
Si se gestiona bien, esta transición puede aumentar radicalmente la calidad del patrimonio construido: edificios más resilientes, adaptables y financieramente robustos frente a riesgos climáticos y regulatorios. También puede transformar el sector en términos sociales, generando nuevas cadenas de valor locales y empleos cualificados en rehabilitación y economía circular. En última instancia, es una oportunidad para redefinir qué significa progreso en arquitectura: pasar de producir objetos a construir infraestructuras habitables compatibles con los límites planetarios.
La sostenibilidad bien integrada puede convertirse en una herramienta de gestión de riesgos y de mejora de la calidad del patrimonio construido.
















