Contenidos
- ¿Cómo están cambiando los criterios de selección de materiales en proyectos y obras a raíz de las nuevas exigencias de sostenibilidad y del marco regulatorio europeo?
- Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
- El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
- ¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
- ¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
- ¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
- ¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
- ¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?

Entrevista a José García Vázquez, Category Manager de Soluciones ESG para Construcción en AENOR,en relación con el monográfico y entrevista coral:Materiales y sostenibilidad: incluyendo el pasaporte digital, la taxonomía europea y cómo las empresas están respondiendo a estas exigencias.
La sostenibilidad ha dejado de ser un atributo añadido para convertirse en un eje estructural del sector de la construcción. La entrada en escena del pasaporte digital de producto, la aplicación de la taxonomía europea y la creciente exigencia de trazabilidad y datos ambientales están modificando la forma de proyectar, construir y promover. En esta entrevista coral, distintos perfiles del sector analizan cómo está impactando esta transformación en su trabajo diario y qué retos y oportunidades plantea a medio plazo.
La sostenibilidad integral ambiental, social y económica ya es un criterio estructural en la selección de materiales
¿Cómo están cambiando los criterios de selección de materiales en proyectos y obras a raíz de las nuevas exigencias de sostenibilidad y del marco regulatorio europeo?
Los criterios de selección de materiales están evolucionando con rapidez. Antes el foco se situaba principalmente en prestaciones técnicas, durabilidad y coste. Hoy, la sostenibilidad integral—ambiental, social y económica— se ha convertido en una variable estructural. El sector incorpora progresivamente requisitos como impacto del ciclo de vida, huella de carbono, trazabilidad, y el uso de productos certificados bajo esquemas reconocidos, como la Marca AENOR N y AENOR N Sostenible, que verifican tanto la calidad técnica como atributos ligados a sostenibilidad y buen gobierno empresarial.
Asimismo, los materiales con Declaraciones Ambientales de Producto (DAP), cada vez más integrados en los proyectos, permiten comparar alternativas con base técnica y homogénea. AENOR participa activamente en iniciativas europeas para asegurar el reconocimiento internacional de estas declaraciones, reforzando su uso como herramienta estándar en la toma de decisiones.
Desde su experiencia, ¿la información ambiental disponible hoy sobre los materiales es realmente útil, comprensible y comparable para quienes proyectan, dirigen obra o promueven?
La información ambiental ha dado un salto cualitativo, pero aún presenta retos. Las DAP permiten medir impactos con una metodología común y verificable, lo que las convierte en una herramienta de alta fiabilidad y comparabilidad. Sin embargo, parte del sector percibe que todavía existe heterogeneidad en formatos, indicadores y profundidad de análisis.
La tendencia hacia marcos de referencia, como LEVEL(s), o los requisitos de la Taxonomía Europea está contribuyendo a homogeneizar criterios, haciendo la información más comparable. La labor de certificación y verificación independiente es clave para convertir datos complejos en información útil y aplicable en el proyecto.
El pasaporte digital de producto apunta a ser una herramienta clave en los próximos años. ¿Cree que facilitará la toma de decisiones o añadirá una nueva capa de complejidad técnica y administrativa?
El pasaporte digital tiene potencial para ser un catalizador de eficiencia. Ya existe experiencia previa en esquemas que funcionan como “pasaporte ambiental”, como el programa GlobalEPD de AENOR, concebido para que las DAP actúen como un documento reconocido internacionalmente que facilita la circularidad y el intercambio de información entre mercados.
Su éxito dependerá del equilibrio entre exhaustividad y usabilidad. Si se integra con formatos normalizados y plataformas interoperables, será una herramienta que reduzca incertidumbre y mejore la trazabilidad. Si la implantación es fragmentada o poco coordinada, podría añadir complejidad administrativa. La clave será la armonización europea.
La taxonomía europea influye en financiación, contratación pública y viabilidad económica de los proyectos
¿Qué dificultades reales encuentran los distintos agentes del sector para integrar datos ambientales, trazabilidad y criterios de circularidad en el día a día del proyecto y la obra?
Existen tres grandes dificultades:
Disponibilidad y calidad del dato: Aunque aumenta el número de productos con DAP u otros certificados, no todos los materiales del mercado disponen aún de información ambiental verificada, lo que limita el análisis comparativo completo.
Integración operativa: Incorporar criterios de circularidad o trazabilidad requiere adaptar procesos internos, software de medición y prescripción, y metodologías de obra.
Capacidad técnica: Parte de los equipos no está familiarizada con interpretar indicadores de ciclo de vida, huella de carbono o atributos ESG, lo que puede ralentizar la implementación de estos sistemas de medición.
Los modelos de certificación integrales, como los desarrollados por AENOR en edificación sostenible, ya contemplan estas variables y ayudan a que los agentes dispongan de un marco claro y aplicable desde la fase de proyecto hasta la obra terminada.
¿Está influyendo ya la taxonomía europea en la viabilidad económica de los proyectos, el acceso a financiación o la contratación pública?
Sí, está comenzando a influir de manera significativa. La Taxonomía Europea se ha convertido en un estándar de referencia para la financiación verde, y cada vez más entidades financieras y administraciones públicas exigen evidencias alineadas con sus criterios.
Cada vez más, los certificados de edificación sostenible aportan un valor añadido al documentar el cumplimiento de estos requisitos y de marcos como LEVEL(s), lo que posiciona los proyectos de forma estratégica frente a inversores y convocatorias de contratación pública.
Esto está impactando directamente en la viabilidad económica y en el acceso a financiación preferente.
¿Existe una brecha entre los objetivos normativos de sostenibilidad y los tiempos, costes y dinámicas reales de la construcción?
Sí, existe una brecha que el sector está tratando de cerrar. La normativa avanza con rapidez, mientras que los procesos productivos, la disponibilidad de materiales certificados y los ciclos de obra siguen ritmos más rígidos. Esta transición requiere inversión en conocimiento, adaptación de la cadena de suministro y estandarización de datos.
Sin embargo, la brecha se está reduciendo a medida que los materiales sostenibles, certificados y trazables se vuelven más accesibles y que las soluciones de edificación sostenible se aplican tanto a obra nueva como a rehabilitación, ampliando su alcance y viabilidad operativa.
Además, dentro de la industria de materiales de construcción, existen diferentes velocidades, con sectores que avanzan más rápido en este sentido gracias también a una mayor inversión, mientras que otros sectores evolucionan de una manera más lenta.
¿Cómo está afectando esta transición a la relación entre promotores, proyectistas, direcciones facultativas, constructoras y proveedores de materiales?
Está generando una relación más colaborativa y basada en datos. Los requisitos de sostenibilidad obligan a que todos los agentes trabajen con información ambiental verificada desde las fases tempranas. Esto está fomentando:
Mayor coordinación entre proyectistas y proveedores para asegurar materiales compatibles con los objetivos de sostenibilidad.
Interlocución más técnica entre promotor y constructor, al exigir evidencias de trazabilidad y desempeño real del edificio.
Impulso de modelos de certificación globales que actúan como referencia común y facilitan la comunicación entre equipos.
La sostenibilidad está uniendo más que separando; actúa como un lenguaje común.
¿Considera que arquitectos, arquitectos técnicos y equipos de obra están suficientemente formados para interpretar y aplicar correctamente esta nueva capa de información técnica y ambiental?
El nivel de formación está creciendo, pero aún es desigual. La complejidad creciente de las DAP, los análisis de ciclo de vida o los requisitos de la Taxonomía Europea exigen una capacitación continua. Aquí los esquemas de certificación y las guías de construcción sostenible desarrolladas por instituciones públicas y privadas están jugando un papel clave, difundiendo criterios homogéneos y accesibles.
El reto no es solo entender la información, sino integrarla en decisiones de proyecto y obra en tiempo real.
¿Qué riesgos identifica en una implantación acelerada de nuevas exigencias sin una coordinación clara entre normativa, industria y práctica profesional?
Los principales riesgos son:
Fragmentación regulatoria: Si cada territorio o agente interpreta los requisitos de forma distinta, se generarán cargas administrativas y confusión.
Sobrecarga documental: Un aumento de obligaciones sin herramientas digitales interoperables podría ralentizar proyectos y elevar costes.
Desigualdad competitiva: Empresas con menos recursos podrían quedar rezagadas si no existen mecanismos de apoyo y verificación clara.
Pérdida de enfoque: Sin criterios armonizados, el sector podría centrarse en ‘cumplir papel’ en vez de mejorar el desempeño real de los edificios.
Por ello, iniciativas coordinadas a nivel europeo para reconocimiento de DAP y esquemas de certificación comunes son esenciales.
Mirando a medio plazo, ¿qué oportunidades concretas puede generar esta transformación para mejorar la calidad del proyecto, la eficiencia de la obra y la competitividad del sector?
Las oportunidades son amplias y ya visibles:
Mayor calidad del proyecto: Al integrar criterios ambientales y sociales desde la fase de designio, se obtienen edificios más eficientes, saludables y alineados con el buen gobierno corporativo, como destacan los modelos de certificación de AENOR.
Eficiencia en obra: La trazabilidad y la estandarización reducen incertidumbres, mejoran la planificación y minimizan errores.
Competitividad empresarial: Las empresas que disponen de productos y procesos certificados, con DAP verificadas y criterios ESG demostrables, están accediendo a mercados más exigentes y a financiación verde preferente.
Alineación europea: El reconocimiento internacional de las declaraciones ambientales facilita exportación, movilidad y reducción de barreras técnicas.
En conjunto, esta transformación no solo impulsa una construcción más sostenible sino también más innovadora y competitiva.
El pasaporte digital y las DAP impulsan trazabilidad, comparabilidad y competitividad empresarial en el mercado europeo














