Por Chus Barroso, presidenta de AIFIm. Desde su creación la Asociación Ibérica de Fabricantes de Impermeabilización, organización sin ánimo de lucro que agrupa a fabricantes de referencia de esta industria (ASSA, BMI-Chova, Danosa, Krypton Chemical, Protan, Renolit-Alkorplan, Sika y Soprema), una de sus principales preocupaciones, y en la que se basan sus principios fundacionales, es la sostenibilidad en la edificación.

Sabemos que es importante divulgar los beneficios que la impermeabilización aporta a la edificación (seguridad, salubridad, fiabilidad…), para orientar sus decisiones hacia las mejores soluciones disponibles. Y esto lo hacemos impulsando el desarrollo de guías de buenas prácticas sobre la instalación y el mantenimiento de los sistemas de impermeabilización, con criterios de durabilidad (conservación de prestaciones a lo largo de la vida útil del edificio, ciclos largos de reposición y reparación, etc.).
Nuestro compromiso con la sostenibilidad no se queda ahí. Creemos que la unión de todo el sector, el fortalecimiento de las alianzas con otros agentes, como los instaladores, favorece las practicas sostenibles en toda la cadena de suministro. Y, como interlocutor que somos en la industria de la impermeabilización con la Administración, tanto a nivel nacional como europea, participamos en todas aquellas iniciativas legislativas, reglamentos y normativas relacionadas con la fabricación de soluciones sostenibles de impermeabilización que se ponen en marcha.
Dar a conocer el compromiso y los esfuerzos de la industria de la impermeabilización para mejorar la sostenibilidad, avanzar en la descarbonización de los edificios y reducir la huella de carbono es nuestra máxima.
Además de impulsar la rehabilitación potenciando el empleo de soluciones de altas prestaciones que optimicen el uso de la energía, incorporando para ello fuentes renovables que contribuyan a la mejora de la eficiencia energética del edificio, desde la Asociación promovemos sistemas enfocados a la funcionalización de la cubierta. Porque entendemos que la impermeabilización es clave para garantizar la resiliencia de los edificios, y una herramienta esencial, sobre todo en cubiertas, para mejorar su rendimiento energético.
Aunque tradicionalmente se ha descuidado el aislamiento de la cubierta, produciéndose pérdidas de energía, es un elemento clave y con contribución positiva en la descarbonización de los edificios.
En este sentido, si algo caracteriza a las grandes ciudades es la contaminación atmosférica que tienen que soportar sus habitantes y que puede provocar daños en los edificios. Es aquí donde las cubiertas descontaminantes cumplen un papel fundamental gracias al tratamiento fotocatalizador de las láminas impermeabilizantes.
Este tipo de láminas impermeabilizantes realizan el proceso de la fotocatálisis -principio de descontaminación natural- para convertir la energía solar en energía química y eliminar parte de los contaminantes (NOx, SOx o COVs) que generan los vehículos, la industria o la producción energética.
Mientras, la escalada progresiva de las temperaturas producidas por el cambio climático y que tiene su mayor exponente en el efecto “isla de calor”, un fenómeno que se produce en las grandes ciudades al experimentar temperaturas más altas que en las zonas rurales por una mayor densidad de edificios, también puede contrarrestarse con cubiertas frías o cool roof.
Las cubiertas frías o reflectantes reducen el impacto solar en los edificios, minimizan el calor en su interior, mejoran la calidad del aire interior y reducen el consumo de energía. Existen estudios científicos que demuestran que, durante los meses de mayor incidencia solar, de mayo a octubre, la superficie de una cubierta convencional puede alcanzar los 70ºC, mientras que con una correcta impermeabilización de una cubierta fría o cool roof, esta temperatura se reduciría hasta los 42ºC.
También las cubiertas verdes o ajardinadas han cobrado un especial protagonismo gracias a su aporte energético en el parque edificado y su capacidad para reducir las emisiones contaminantes (según el National Research Council of Canada, 1 m2 de cubierta vegetal puede absorber hasta 5 kg de CO2 al año). Son muchas las ventajas que aportan: desde reducir la demanda energética generando mayores ahorros económicos, pasando por un aumento de la durabilidad de la impermeabilización, hasta una mejora en el aislamiento acústico y térmico del inmueble y la calidad del aire para un mayor bienestar y confort de los residentes.
Asimismo, los sistemas de retención incorporados a la cubierta verde, cuando están correctamente diseñados, tienen un efecto positivo en la gestión de escorrentías provocadas por las lluvias torrenciales. Pueden ayudar a una buena absorción del agua caída y a su canalización hacia los sistemas de desagüe limpia y libre de restos, evitando el atascamiento. Es lo que se conoce como cubiertas blue roof.
Pero, además, las cubiertas verdes permiten la instalación de paneles solares, contribuyendo al incremento de la producción de energía renovable. Son las llamadas cubiertas biosolares. Según datos de la Universidad Tecnológica de Sídney, el rendimiento de las instalaciones fotovoltaicas situadas sobre un tejado verde, mejora hasta un 3,6%, comparándola con la producción convencional.
Varios fabricantes de AIFIm y de nuestras empresas colaboradoras desarrollan tecnologías y soluciones innovadoras para hacer de la cubierta la mejor herramienta para mejorar el rendimiento energético del edificio y conseguir envolventes más eficientes.En nuestra asociación, estamos convencidos de la importancia de las cubiertas descontaminantes, cool roof, blue roof, verdes y biosolares para avanzar en el camino hacia la descarbonización del parque edificado y el papel crucial que juega la impermeabilización para garantizar la integridad del edificio, protegiendo de las inclemencias del tiempo a los demás elementos constructivos.