La Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) ha presentado una nueva guía técnica que ofrece un método práctico para gestionar de forma preventiva la calidad del aire interior en edificios como escuelas, hospitales, oficinas o viviendas. El documento busca impulsar una gestión sistemática de los riesgos ambientales en espacios cerrados y avanzar hacia entornos más saludables.
La nueva ‘Guía para la Elaboración del Plan Sanitario de Calidad Ambiental en Interiores (PSCAI)’ establece un marco técnico para identificar riesgos, evaluar contaminantes y aplicar medidas preventivas en edificios.
El documento promueve un cambio de enfoque en la gestión de la calidad del aire interior, pasando de una actuación reactiva ante problemas a un modelo preventivo basado en la evaluación continua de riesgos.
Entre los contaminantes que pueden afectar a los espacios interiores se encuentran partículas en suspensión, dióxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles o microorganismos, cuya acumulación suele estar asociada a problemas de ventilación o mantenimiento.
Esta guía proporciona un marco técnico claro para identificar riesgos, evaluar contaminantes y aplicar medidas correctoras y preventivas que permitan garantizar entornos interiores más seguros y saludables. El documento cobra especial relevancia en un contexto en el que diversos organismos internacionales alertan sobre el impacto del aire interior en la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las personas pasamos entre el 80 % y el 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores, donde la concentración de contaminantes puede ser significativamente mayor que en el exterior. De hecho, en determinadas condiciones, el aire interior puede llegar a estar entre cinco y diez veces más contaminado que el aire de la calle.
“Pasamos prácticamente toda nuestra vida dentro de edificios y, sin embargo, históricamente la calidad del aire interior no ha recibido la atención que merece desde el punto de vista sanitario”, explica Manuel García Howlett, director general de ANECPLA. “Con esta guía queremos ayudar a introducir una cultura preventiva en la gestión de los edificios, similar a la que ya existe en ámbitos como el control del agua o de los alimentos”.
La publicación propone precisamente ese cambio de enfoque: pasar de una gestión reactiva (cuando aparecen problemas o quejas) a un modelo preventivo basado en la evaluación continua de riesgos y en la implantación sistemática de medidas de gestión. Para ello, la guía integra los principales estándares técnicos y normativos en materia de calidad ambiental interior, entre ellos las normas UNE 171330 y UNE 100012, así como el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) o el Código Técnico de la Edificación (CTE). A partir de estas referencias, establece un procedimiento estructurado que incluye la identificación de peligros, la evaluación de riesgos, la monitorización de parámetros ambientales y la aplicación de acciones correctoras.
Entre los contaminantes que pueden afectar a la calidad ambiental interior se encuentran partículas en suspensión, dióxido de carbono (CO₂), compuestos orgánicos volátiles (COV), microorganismos o bioaerosoles, cuya acumulación puede deberse a problemas de ventilación, mantenimiento inadecuado de instalaciones o determinadas actividades desarrolladas en los propios edificios. La importancia de controlar estos factores se ha hecho especialmente evidente tras la pandemia de COVID-19 y ante la propagación de virus respiratorios como la gripe, cuya transmisión se ve favorecida en espacios cerrados mal ventilados.
“El aire que respiramos en interiores es un factor determinante para la salud pública”, subraya García Howlett. “Gestionarlo adecuadamente no solo mejora el bienestar de las personas, sino que también ayuda a prevenir contagios, reducir el absentismo laboral y crear entornos más seguros en centros educativos, sanitarios o de trabajo”.
Con la publicación de esta guía, ANECPLA busca impulsar la implantación de planes sanitarios de calidad ambiental interior en edificios e instalaciones y fomentar una mayor cultura preventiva en la gestión de los espacios cerrados. “La calidad del aire interior debe convertirse en una prioridad en la gestión de edificios”, concluye el director general de ANECPLA. “Porque la salud pública empieza, literalmente, en el aire que respiramos”.















