El radón es un gas radiactivo de origen natural, incoloro e inodoro, que se libera a partir de la desintegración del uranio presente en suelos y rocas. Su acumulación en espacios interiores constituye uno de los principales riesgos ambientales para la salud en el ámbito residencial y laboral.
La Organización Mundial de la Salud lo identifica como la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaquismo y, en España, se estima que es responsable de alrededor del 7 % de las muertes por esta enfermedad, unas 1.500 anuales.
En este contexto, el Estudio de Monitorización de Radón en España, impulsado por la Plataforma Edificación Passivhaus (PEP) con el apoyo del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), aporta evidencia empírica relevante sobre el comportamiento del radón en edificios residenciales y el impacto de las soluciones constructivas en la exposición de la población a este gas.
Un estudio comparativo a escala nacional
El informe ha analizado durante un año completo un total de 73 edificios residenciales, combinando viviendas certificadas Passivhaus y edificios convencionales no certificados, ubicados en 11 comunidades autónomas: Galicia, Castilla y León, Extremadura, Comunidad de Madrid, Cataluña, Aragón, Asturias, Cantabria, Navarra, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana. Muchas de estas regiones presentan zonas clasificadas como de riesgo medio y alto según el Código Técnico de la Edificación (CTE).
Las mediciones se han realizado mediante detectores pasivos de trazas, que permiten obtener la concentración media anual de radón en espacios habitados. El periodo de monitorización se ha dividido en dos campañas semestrales —verano (abril–septiembre de 2023) e invierno (octubre de 2023–marzo de 2024)—, garantizando resultados representativos y comparables desde el punto de vista científico y normativo.
Resultados concluyentes: menos radón y mayor estabilidad
Los resultados del estudio muestran que la concentración media de radón en los edificios convencionales es más del doble que en las viviendas Passivhaus. Incluso en comunidades con elevada exposición natural, como Galicia —donde más del 14 % de la población está expuesta a concentraciones superiores a 300 Bq/m³—, las viviendas certificadas Passivhaus mantienen valores claramente inferiores.
De forma consistente, las viviendas monitorizadas bajo este estándar se sitúan por debajo del nivel saludable recomendado por la Organización Mundial de la Salud, fijado en 100 Bq/m³, mientras que la normativa española establece un límite máximo de 300 Bq/m³. Además, el estudio constata una mayor estabilidad estacional de las concentraciones de radón en los edificios Passivhaus, frente a las oscilaciones más acusadas observadas en la edificación convencional.
La calidad constructiva y el diseño del edificio influyen de forma directa en la exposición al radón y, por tanto, en la salud de las personas.
Diseño y calidad constructiva como factores clave
Desde el punto de vista técnico, el informe confirma que la ventilación mecánica controlada de doble flujo y la alta hermeticidad de la envolvente son herramientas eficaces para reducir la acumulación de radón en interiores. Según explica Sonia García Ortega, investigadora del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc-CSIC), la investigación aporta evidencia empírica de que la calidad constructiva y el diseño del edificio influyen de forma directa en la exposición al radón.
En la misma línea, la presidenta de la Plataforma Edificación Passivhaus, Concha Uría, subraya que la combinación de envolventes estancas y sistemas de ventilación controlada no solo reduce la concentración media anual del gas, sino que permite estabilizar sus niveles a lo largo del año, un aspecto clave desde el punto de vista de la salud ambiental.
Implicaciones en salud pública y marco normativo
El Ministerio de Sanidad destaca la relevancia de estos datos en el marco del Plan Nacional contra el Radón, en el que se inscribe el Documento Básico HS6 del Código Técnico de la Edificación, vigente desde 2019. Desde la Subdirección General de Sanidad Ambiental y Salud Laboral se señala que reducir la exposición al radón en interiores es una prioridad de salud pública y que la edificación puede actuar como una herramienta preventiva de primer orden.
En este sentido, el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE) pone el foco en la responsabilidad del sector en la aplicación de soluciones constructivas avanzadas y en el cumplimiento cualificado de la normativa.
Para Juan López-Asiain Martínez director del Gabinete Técnico del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España, “el estudio evidencia que ir más allá del cumplimiento mínimo normativo tiene un impacto real en la salud de las personas y demuestra que es posible construir edificios más saludables sin renunciar a la eficiencia ni al confort”. “Para ello, la arquitectura técnica es clave para trasladar este conocimiento a la práctica profesional y a la rehabilitación del parque edificado existente”, añade.
Radón y edificación: de la normativa a la práctica
La transposición de la Directiva 2013/59/Euratom al marco normativo español ha situado el radón en la agenda regulatoria. El CTE establece exigencias específicas para limitar su entrada en los edificios, especialmente en aquellas zonas identificadas con mayor potencial de exposición. Sin embargo, la aplicación efectiva de estas medidas sigue presentando retos, tanto en obra nueva como, especialmente, en la edificación existente.
El estudio promovido por PEP y CGATE se orienta precisamente a cubrir esta brecha entre normativa y realidad construida, aportando datos empíricos obtenidos mediante campañas de medición en edificios reales. La monitorización sistemática permite identificar concentraciones de radón, evaluar el comportamiento de los edificios frente a este gas y analizar la eficacia de las soluciones constructivas adoptadas.
Hacia edificios más saludables
Los resultados del Estudio de Monitorización de Radón en España ponen de relieve que la calidad del aire interior debe consolidarse como un criterio central en el diseño, la ejecución y la rehabilitación de edificios. La evidencia aportada confirma que determinadas estrategias constructivas, ya contrastadas en el ámbito de la eficiencia energética y el confort, tienen también un impacto directo en la protección de la salud.
En un contexto marcado por la actualización del marco normativo y por una creciente atención a los factores ambientales en la edificación, la monitorización del radón emerge como una herramienta clave para avanzar hacia edificios más seguros, saludables y basados en datos medibles, especialmente en las zonas de mayor riesgo geológico.
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