El hallazgo, desarrollado por Annalisa Di Maria, Andrea da Montefeltro y Lucica Bianchi, establece una conexión directa entre una anotación fechada entre 1491 y 1505 en el Codex Madrid II y tecnologías contemporáneas como la madera carbonizada para fachadas, empleada en edificios de bajas emisiones y regulaciones como la ley francesa de 2022 que exige un 50 por ciento de madera en edificios públicos
En una página casi inadvertida del Codex Madrid II, conservado en la Biblioteca Nacional de España, Leonardo da Vinci dejó escrita una frase que hoy adquiere una dimensión inesperada. En el folio 87r, entre estudios de fortificaciones y cálculos hidráulicos, anotó: “Se conservarán mejor si se descortezan y se queman en la superficie que de cualquier otro modo”.
Lo que durante siglos pudo interpretarse como una simple indicación técnica de taller es, según una nueva investigación internacional, una auténtica intuición fundacional de la bioarquitectura contemporánea.
El estudio ha sido desarrollado por Annalisa Di Maria, experta internacional en Leonardo y los artistas del Renacimiento; Andrea da Montefeltro, biólogo molecular y escultor; y Lucica Bianchi, historiadora del arte e investigadora documental, todos miembros del Club UNESCO de Florencia. Su trabajo no se limita a una lectura filológica del manuscrito, sino que conecta el empirismo renacentista con las tecnologías materiales más avanzadas de 2025.
Leonardo entendía la madera no como un recurso inerte, sino como un organismo vivo cuya durabilidad dependía de comprender su estructura interna. La práctica de descortezar y carbonizar superficialmente la madera responde a un proceso que hoy la química define como pirólisis: la descomposición térmica en condiciones de bajo oxígeno que genera una capa externa de carbono amorfo.
Ese estrato actúa como barrera hidrófoba, elimina nutrientes que alimentan hongos e insectos y reduce la conductividad térmica del material, mejorando incluso su resistencia al fuego. Paradójicamente, la madera tratada mediante carbonización superficial puede soportar mejor la exposición a incendios que materiales protegidos con tratamientos químicos convencionales.
El Codex Madrid II, redactado entre 1491 y 1505, refleja el enfoque sistémico de Leonardo, donde mecánica, naturaleza y arquitectura forman parte de un mismo universo interconectado. La anotación sobre la madera se inscribe en un contexto de estudios estratégicos vinculados a fortificaciones y estructuras sometidas a humedad extrema, lo que demuestra que la durabilidad no era para Leonardo un detalle estético, sino una necesidad estructural.
La investigación establece además un paralelismo con la técnica japonesa Yakisugi o Shō Sugi Ban, basada también en la carbonización superficial de la madera. Aunque ambas culturas no tuvieron contacto directo en el siglo XV, Leonardo anticipó esta solución más de un siglo antes de la primera documentación escrita japonesa conocida, en un claro ejemplo de invención convergente.
Hoy, esta técnica es protagonista en algunos de los proyectos arquitectónicos más ambiciosos del mundo. Un caso emblemático es el nuevo Doris Duke Theatre en Jacob’s Pillow, Massachusetts, inaugurado en julio de 2025 y diseñado por Mecanoo, cuya envolvente utiliza madera carbonizada como respuesta tanto simbólica como técnica a la reconstrucción tras el incendio de 2020.
En un contexto global en el que la construcción es responsable de una parte sustancial de las emisiones de CO₂ y en el que normativas como la ley francesa de 2022 exigen una elevada proporción de madera en edificios públicos, la intuición leonardiana adquiere un valor estratégico.
La investigación concluye que Leonardo no fue únicamente pintor, ingeniero o inventor, sino precursor de una cultura del cuidado material basada en la observación, la experimentación y el equilibrio entre técnica y naturaleza. Más que una curiosidad histórica, su anotación revela que la sostenibilidad no es una innovación reciente, sino una tradición olvidada que hoy vuelve a ocupar el centro del debate arquitectónico.
Cinco siglos después, la “madera que preserva el fuego” de Leonardo se consolida como una de las claves de la arquitectura regenerativa del siglo XXI.
















