La incorporación de naturaleza en la arquitectura suele asociarse a jardines verticales o cubiertas verdes. Sin embargo, una nueva línea de investigación en materiales plantea un enfoque diferente: diseñar superficies constructivas capaces de albergar organismos vivos. El hormigón bio-receptivo explora precisamente esta posibilidad, permitiendo que musgos y líquenes colonicen fachadas y cubiertas y transformen la envolvente del edificio en una infraestructura ecológica activa.
En este contexto aparece el hormigón bio-receptivo, una formulación diseñada para favorecer la colonización de organismos vivos —principalmente musgos y líquenes— sobre superficies arquitectónicas. El objetivo no es simplemente añadir vegetación a los edificios, sino permitir que la propia envolvente funcione como soporte para procesos ecológicos.
La tecnología desarrollada por Respyre se basa en este principio. A través de una combinación de hormigón modificado y un gel biológico que incorpora esporas de musgo, el sistema permite crear superficies capaces de desarrollar una capa vegetal estable en pocas semanas.
Bioreceptividad: el principio científico
La base científica de esta tecnología es la bioreceptividad, un término utilizado en investigación para describir la capacidad de una superficie para ser colonizada por organismos vivos. En términos generales se distinguen tres situaciones: superficies con potencial de colonización, superficies ya colonizadas por organismos y superficies modificadas por intervención humana para favorecer ese crecimiento biológico.
Aunque distintos materiales pueden presentar cierto grado de bioreceptividad —desde el papel hasta el vidrio— el hormigón resulta especialmente interesante. No sólo es el material más utilizado en la construcción contemporánea, sino que su estructura mineral se asemeja a la de muchas rocas naturales, lo que facilita la interacción con organismos biológicos.
Redefinir la relación entre hormigón y naturaleza
Tradicionalmente, la presencia de musgo en los edificios se ha asociado a problemas de humedad o deterioro. En muchos casos, su aparición indicaba la existencia de agua retenida en la superficie del material.
Las investigaciones actuales plantean un cambio de enfoque. En lugar de considerar el crecimiento de musgo como un problema, se propone aprovechar su capacidad natural de colonización para mejorar el comportamiento ambiental de las superficies urbanas.
El musgo resulta particularmente adecuado para este tipo de aplicaciones porque no desarrolla raíces profundas. En su lugar utiliza rizoides, estructuras que le permiten fijarse a superficies minerales sin penetrar en el material ni dañarlo, lo que lo convierte en un organismo especialmente compatible con el hormigón.
Optimizar agua, textura y microclima
Uno de los factores clave para el crecimiento del musgo es la disponibilidad de agua. Las soluciones de hormigón bio-receptivo trabajan precisamente en la gestión de este recurso dentro del material.
Según explica Respyre, su tecnología incorpora una estructura capaz de captar y retener la cantidad adecuada de humedad, permitiendo que el agua circule por el material y genere un microentorno favorable para el crecimiento biológico.
Además de esta optimización hídrica, la superficie del hormigón se modifica para crear una microtopografía que facilite la implantación de las esporas. A esto se suma la selección de especies de musgo adaptadas a las condiciones climáticas del entorno urbano.
Aplicaciones constructivas
El desarrollo del hormigón bio-receptivo se está trasladando progresivamente a soluciones constructivas aplicables en arquitectura. Entre ellas destacan los revestimientos bio-receptivos para rehabilitación, los paneles prefabricados de fachada y distintos elementos de cubierta o piezas constructivas capaces de albergar vegetación.
Tras la aplicación del soporte bio-receptivo y del gel con esporas, el crecimiento vegetal puede consolidarse en aproximadamente tres meses, generando una capa viva que requiere un mantenimiento reducido.
A diferencia de los jardines verticales convencionales, este sistema no necesita sustratos ni estructuras complejas. El musgo obtiene gran parte de su agua y nutrientes directamente del ambiente, lo que simplifica la infraestructura necesaria.
Una infraestructura ecológica para la ciudad
Las superficies bio-receptivas pueden aportar varias funciones ambientales relevantes en el contexto urbano. Entre los beneficios potenciales destacan la captura de dióxido de carbono y partículas contaminantes, la regulación térmica de las fachadas, la retención de agua de lluvia y el incremento de la biodiversidad en entornos densamente urbanizados.
Este enfoque permite ampliar la infraestructura verde de las ciudades sin necesidad de ocupar suelo adicional, aprovechando superficies constructivas que ya forman parte del paisaje urbano.
Más allá de una simple innovación material, el hormigón bio-receptivo apunta hacia una idea más amplia: convertir la arquitectura en infraestructura ecológica, capaz de integrar procesos naturales en la propia materia con la que se construyen las ciudades.


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