En un momento de transición hacia modelos productivos más ecológicos, la empresa parisina FabBRICK propone una reinterpretación del material constructivo basada en la reutilización de textiles posconsumo. Los ladrillos que fabrica esta empresa no solo aportan sostenibilidad, sino que también introducen un lenguaje material singular en proyectos de arquitectura interior y diseño.
La reutilización de residuos textiles como materia prima para la arquitectura interior abre una vía especialmente interesante dentro del debate sobre economía circular y construcción sostenible. Frente a soluciones basadas en procesos complejos o altamente tecnificados, este sistema plantea una transformación directa del desecho en elemento constructivo, reduciendo el consumo energético y dotando al material de una fuerte carga narrativa.
El proceso parte de prendas posconsumo que se trituran y compactan mediante un aglutinante de origen natural, sin necesidad de cocción ni de aditivos químicos intensivos. El resultado son piezas ligeras, modulares y reciclables, concebidas para aplicaciones no estructurales en espacios interiores.
Una propuesta material con carácter estético y funcional
A diferencia de otros productos industriales, estos ladrillos conservan la huella de su origen: fibras, colores y matices procedentes directamente de los tejidos reciclados. Esta condición convierte cada superficie en un plano expresivo, donde el acabado no se uniformiza, sino que pasa a formar parte del discurso arquitectónico.
El sistema nace de la visión de la arquitecta Clarisse Merlet, que transforma residuos textiles en bloques sólidos mediante un proceso artesanal basado en el reciclaje, la aglutinación con un polímero de base biológica y el prensado mecánico, evitando procesos térmicos intensivos.
Desde el punto de vista arquitectónico, el material ofrece cualidades relevantes:
- Contribución al confort acústico, gracias a la naturaleza fibrosa de los tejidos reutilizados.
- Ligereza y facilidad de manipulación, que simplifican su aplicación en interiores.
- Atractivo visual, con colores obtenidos directamente de los textiles y la posibilidad de generar composiciones cromáticas, tramas o efectos de degradado.
Esta variabilidad permite trabajar con soluciones que refuerzan el carácter del espacio, especialmente en programas como retail, oficinas, equipamientos culturales o arquitectura efímera.
Aportación funcional en interiores
Más allá de su dimensión estética, el material presenta cualidades funcionales relevantes para el diseño interior. Su baja densidad facilita el transporte y el montaje en obra, mientras que su estructura fibrosa contribuye a mejorar el comportamiento acústico de los espacios.
La documentación técnica recomienda su uso exclusivo en interiores y en superficies verticales, evitando zonas sometidas a humedad, cargas o desgaste directo. La colocación mediante adhesivos habituales y un mantenimiento sencillo refuerzan su viabilidad en proyectos reales.
Arquitectura y economía circular
La incorporación de residuos textiles a la arquitectura plantea una reflexión más amplia sobre la relación entre sectores productivos. En España, este desafío adquiere una dimensión especialmente relevante: cada año se generan cerca de 900.000 toneladas de residuos textiles, de las cuales solo una parte minoritaria se recoge de forma separada para su reutilización o reciclaje.
Según datos de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje, alrededor del 11–12 % de estos residuos se recupera, mientras que la gran mayoría acaba en vertederos o sistemas de eliminación. Este escenario pone de manifiesto el amplio margen de mejora existente y refuerza el interés de soluciones que permitan transferir estos materiales a otros sectores, como la arquitectura
Impacto y potencial para la construcción sostenible
En un contexto en el que la arquitectura debe responder no solo a criterios técnicos, sino también sociales y ambientales, los ladrillos textiles reciclados actúan como una solución viable.
El valor del sistema no reside únicamente en sus prestaciones, sino en su capacidad para hacer visible la transición hacia modelos circulares, integrando diseño, técnica y conciencia ambiental en un único gesto arquitectónico. Iniciativas de este tipo abordan problemáticas de escala global: cada año se generan millones de toneladas de residuos textiles que, en su mayor parte, terminan en vertederos o incineradoras. Su transformación en materiales reutilizables aporta una vía para aplicar los principios de la economía circular en la construcción, un sector que también busca reducir de forma significativa su huella ambiental.
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