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El Código Técnico de la Edificación ha redefinido el interiorismo, incorporando exigencias técnicas que sitúan al usuario en el centro del diseño.
Por M. Jose Urrutia, Tesorera del Colegio Oficial de Diseñadores de Interior/Decoradores de Navarra – CODINTER Navarra.
Han pasado 20 años desde la implantación del Código Técnico de la Edificación, CTE, aprobado mediante el Real Decreto 314/2006 de 17 de marzo, lo que representó una auténtica revolución en la forma de concebir los proyectos de diseño arquitectónico en todos sus ámbitos, marcando el paso de una normativa prescriptiva basada en normas rígidas sobre materiales e instalaciones (las Normas Básicas de la Edificación NBE, de 1977, y las posteriores Normas Tecnológicas de la Edificación NTE) a una normativa prestacional, enfocada en los resultados y exigencias funcionales que los edificios deben cumplir en seguridad, habitabilidad y sostenibilidad.
El CTE es una herramienta fundamental que ha permitido que la normativa técnica de la edificación pase de ser de uso exclusivamente técnico y profesional a ser de uso común para todos los agentes implicados en el mundo de la construcción. Es mucho más que un listado de exigencias y recomendaciones, es una guía que acompaña desde la concepción del edificio hasta su equipamiento, condicionando el diseño de cada una de las partes que lo componen.
La nueva normativa ha supuesto un gran reto técnico para interioristas y proyectistas, obligando a una mayor justificación técnica de las soluciones adoptadas y al control de calidad de la obra terminada, pero lo más relevante del CTE es, sin duda, el considerar a las personas usuarias de los edificios en el centro del proyecto, siendo estas, su seguridad y confort, la principal motivación del diseño.
Interiores seguros, accesibles y habitables
Por definición el Diseño de Interiores/Decoración es el arte de adaptar los edificios a las personas que los utilizan y a los usos a los que se destinan, creando espacios únicos, estéticos y funcionales, pero no se puede considerar que un espacio es funcional sin garantizar la seguridad de quienes lo habitan.
De nada sirve que un edificio cumpla con las normas de seguridad y habitabilidad si a la hora de concebir o reformar sus espacios interiores, instalaciones, equipamiento o revestimientos no se tienen en cuenta las mismas normas.
Es responsabilidad de los y las interioristas, como profesionales que mantienen la más estrecha relación con sus clientes, no solo el conocimiento y aplicación de las normas, sino el trasmitir la importancia de las mismas, explicando las medidas adoptadas y las pautas para su mantenimiento, a quienes van a utilizar la vivienda, local de negocio o espacio de ocio.
La aplicación del CTE abarca mucho más que la elección de un material u otro, los Documentos Básicos, DB, son textos de carácter técnico que se encargan de trasladar al terreno práctico las exigencias detalladas en el CTE, incluyendo los límites y la cuantificación de las exigencias básicas y una relación de procedimientos que permiten cumplir las exigencias.
Repasar cada uno de los Documentos Básicos de aplicación al proyecto ayuda a adoptar las soluciones técnicas y constructivas idóneas y a dimensionar los distintos elementos correctamente (espacios de circulación, puertas, ventanas…), influyendo significativamente en la distribución interior, las instalaciones y los materiales y, por tanto, en el resultado final del proyecto de interiorismo.
La búsqueda de la estética está en el ADN de la decoración y el diseño de interiores, pero esta no debe ser su único fin, sino el confort de las personas a las que se destina, ya que, si bien un espacio desproporcionado, estridente o anodino no puede considerarse verdaderamente confortable, la falta de seguridad o accesibilidad lo hace inhabitable.
El interiorismo profesional ya no utiliza aquellos recursos tan extendidos en el pasado, como las diferentes alturas para diferenciar zonas, la profusión de revestimientos textiles, elementos decorativos y aislamientos inflamables, o los cierres de fachada inexistentes o ineficaces. Cada material, instalación o sistema constructivo se diseña atendiendo a sus prestaciones técnicas y funcionales, creando espacios cada vez más seguros, accesibles y sostenibles.
La gran brecha
Esta creciente profesionalización del interiorismo es otra consecuencia de la implantación del CTE.
A pesar de que la colegiación y disponer de un título oficial son obligatorios para el ejercicio profesional del Diseño de Interiores/Decoración, todavía hay quien cuestiona este imperativo legal.
Está muy extendido el bulo de considerar que para dedicarse a decorar o diseñar interiores es suficiente tener buen gusto, ver un par de revistas o hacer un master, pero solo con una formación reglada se puede adquirir el conocimiento exhaustivo de las normas y de los sistemas constructivos para su aplicación práctica, y solo la colegiación habilita para ejercer profesionalmente y redactar proyectos con eficacia jurídica y plena responsabilidad.
Pero no solo se trata de asumir responsabilidades, se trata de evitar tragedias. Una decoración no profesional quizás quede muy bonita, pero el desconocimiento puede provocar la utilización de materiales inadecuados y convertirla en una trampa. Aunque parezca increíble, todavía se pueden encontrar locales con el techo forrado de hueveras de cartón por sus supuestas propiedades acústicas.















