Un artículo del Barcelona ConTech Hub
La historia de la construcción no avanza de forma continua, sino a través de grandes sacudidas tecnológicas que transforman la forma de construir, de organizar las empresas y de gestionar los proyectos. Cada cierto tiempo aparece una innovación capaz de reconfigurar el sistema productivo. Tras un periodo de experimentación llega otro, más largo, de adaptación e inversión hasta que la tecnología se consolida.
Algunas de estas innovaciones tienen un impacto especialmente profundo. Son las llamadas tecnologías de propósito general, avances que no solo mejoran un proceso concreto, sino que se extienden por toda la economía y desencadenan cambios en múltiples sectores. El vapor impulsó la primera revolución industrial, la electricidad transformó la producción en la segunda y la informática redefinió el funcionamiento de las empresas en la tercera. Hoy, la inteligencia artificial comienza a perfilarse como la próxima gran tecnología capaz de influir en la construcción.
Cuando surge una tecnología de este tipo, el sistema existente entra en tensión. Las empresas consolidadas se ven obligadas a replantear capacidades, procesos y modelos de negocio. Al mismo tiempo, aparecen nuevos actores diseñados desde el inicio en torno al nuevo paradigma tecnológico. El resultado suele ser un proceso de creación y destrucción: surgen nuevas oportunidades, pero también desaparecen empresas que no consiguen adaptarse.
La transformación, sin embargo, rara vez es inmediata. La experiencia histórica muestra que estas tecnologías pueden tardar décadas en difundirse plenamente. No basta con desarrollar la innovación: hay que rediseñar procesos, reorganizar empresas, formar profesionales y adaptar normas e infraestructuras.
En la construcción, además, existen factores que ralentizan la adopción tecnológica. Se trata de un sector muy fragmentado, compuesto en gran medida por pequeñas y medianas empresas con recursos limitados para invertir en innovación. A ello se suma un entorno normativo exigente que garantiza seguridad y calidad, pero que también hace que los cambios se introduzcan de forma gradual.
El propio sector es el resultado de transformaciones anteriores. En el siglo XIX, la llegada de nuevas máquinas y materiales como el hierro y el hormigón armado cambió la organización del trabajo. El antiguo maestro constructor fue dando paso a contratistas especializados, mientras arquitectos e ingenieros asumían un papel cada vez más relevante.
Hoy ese modelo se enfrenta a una nueva etapa de cambio impulsada por la digitalización y, especialmente, por la inteligencia artificial. Sus aplicaciones empiezan a ser visibles: análisis de grandes volúmenes de datos, optimización de diseños, anticipación de riesgos o mejora de la planificación de los proyectos.
Lo más probable es que los nuevos modelos empresariales convivan durante años. Como en otras revoluciones tecnológicas, el cambio no será instantáneo, pero sí profundo. Si la historia sirve de referencia, la inteligencia artificial podría convertirse en un factor capaz de redefinir la estructura y el funcionamiento de la construcción en las próximas décadas.
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