La Sagrada Familia ha alcanzado su cota máxima prevista de 172,5 metros tras la colocación del brazo superior de la cruz que corona la torre de Jesucristo. Con esta operación culminan los trabajos exteriores de la torre central y el templo se consolida como la iglesia más alta del mundo, superando la catedral de Ulm.
El izado final, realizado el pasado 20 de febrero, marca uno de los hitos constructivos más relevantes del último siglo en Barcelona y se inscribe en el Año Gaudí, que conmemora el centenario de la muerte de Antoni Gaudí.
Más allá del récord dimensional, la culminación de la cruz representa la materialización de una idea que Gaudí dejó perfectamente definida: una arquitectura que se eleva sin competir con la creación natural —172,5 metros, ligeramente por debajo de la montaña de Montjuïc— y que convierte la verticalidad en símbolo.
Una operación de ingeniería de alta precisión
La ejecución de la cruz ha sido un ejercicio de coordinación técnica, logística internacional y control estructural en altura.
La estructura portante se fabricó en Alemania en catorce piezas prefabricadas de acero inoxidable y hormigón armado, optimizadas para su transporte y ensamblaje. Una vez en Barcelona, las piezas fueron izadas hasta una plataforma de trabajo situada a 54 metros de altura, donde se realizó el premontaje antes de su colocación definitiva a más de 160 metros.
La cruz completa alcanza aproximadamente 17 metros de altura y 13,5 metros de ancho. El peso de sus elementos obligó a secuencias de izado milimétricamente calculadas para garantizar la estabilidad estructural.
El revestimiento exterior —cerámica blanca esmaltada, vidrio y piedra— fue ejecutado en talleres de Cataluña. La cerámica, cuidadosamente calibrada, permite una alta reflectancia solar durante el día y una iluminación integrada durante la noche. Gaudí concibió este remate como un elemento luminoso visible desde distintos puntos del territorio metropolitano.
Aunque el exterior de la torre ya está finalizado, los trabajos interiores continuarán previsiblemente hasta 2027 y 2028, incluyendo accesos, acabados y sistemas de seguridad para su futura apertura al público.
«La finalización de la cruz de la torre de Jesucristo representa mucho más que la culminación de una fase constructiva: es el resultado de años de trabajo y de estudio del legado que Antoni Gaudí nos dejó. También es un compromiso firme con el futuro, para continuar trabajando en la finalización de la Sagrada Familia».
— Jordi Faulí, arquitecto director
Secuencia constructiva: equilibrio estructural y lógica geométrica
La instalación se desarrolló en fases claramente planificadas:
- Brazo inferior: 7,25 metros de altura y 24 toneladas. Fue la primera pieza colocada, encajándose con los rombos estructurales de la viga de coronación.
- Núcleo central: elemento octogonal de 16,5 toneladas que articula los cuatro brazos y contiene el acceso interior mediante escalera.
- Brazos laterales: colocados en lados opuestos —fachada del Nacimiento y de la Pasión— para garantizar el equilibrio estructural. Cada uno pesa alrededor de 11,30 toneladas.
- Brazo superior: pieza final de 4,5 x 4,5 x 4,9 metros que permitió alcanzar la cota definitiva de 172,5 metros.
En paralelo se ejecutó el revestimiento interior con ónice blanco y alabastro, que contrasta con la pizarra negra del pavimento y refuerza la idea de ascensión lumínica.
El programa iconográfico: arquitectura como teología construida
La cruz no es únicamente un elemento estructural, sino un dispositivo narrativo.
En su interior se están ejecutando las escenas de la vida de Cristo —Transfiguración, Crucifixión, Resurrección y Juicio Final— junto con las inscripciones Hijo de Dios, Salvador del Mundo, Señor y Mesías-Rey.
En las próximas semanas se instalará el Agnus Dei, obra del artista italiano Andrea Mastrovito, suspendido del brazo superior y rodeado por rayos dorados inclinados que forman un hiperboloide. Desde el exterior se percibirá su presencia a través de las ventanas superiores, reforzando la dimensión simbólica del remate.
La cruz se convierte así en un programa teológico tridimensional que integra estructura, escultura y luz.
Skyline: una nueva vertical para Barcelona
La culminación de la cruz modifica de forma definitiva la lectura vertical de la ciudad.
Barcelona ha mantenido históricamente una relación contenida con la altura, condicionada por el planeamiento del Eixample y por un equilibrio visual entre montaña, mar y tejido urbano. La Sagrada Familia, que durante décadas fue una presencia emergente pero inacabada, adquiere ahora una silueta cerrada y reconocible.
La cota de 172,5 metros no es casual. Gaudí la definió deliberadamente para que el templo no superara la altura de Montjuïc, entendiendo que la obra humana no debía imponerse sobre la creación natural. El nuevo récord es, por tanto, más conceptual que competitivo.
Visible desde múltiples puntos metropolitanos, la cruz actúa como vértice simbólico del trazado ortogonal del Eixample y como contrapunto vertical frente a las torres contemporáneas del litoral.
Año Gaudí: tecnología contemporánea para una visión del siglo XIX
La culminación exterior de la torre de Jesucristo coincide con el Año Gaudí, pero también evidencia la transformación de la Sagrada Familia en un laboratorio de construcción avanzada.
El Año Gaudí no se limita a una conmemoración institucional. A lo largo de 2026 se han programado numerosas actividades culturales, académicas y divulgativas para celebrar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí: exposiciones, congresos internacionales, publicaciones, itinerarios urbanos, propuestas educativas y acciones de difusión patrimonial que revisitan su legado desde la arquitectura, el urbanismo, el diseño y la ingeniería. El programa completo puede consultarse en la web oficial de la conmemoración.
En paralelo, la ejecución de la torre de Jesucristo demuestra cómo la tecnología contemporánea permite materializar con precisión una visión concebida a finales del siglo XIX. En su desarrollo se han aplicado:
• Modelado paramétrico y herramientas BIM.
• Prefabricación estructural de alta precisión.
• Simulación estructural para el control de cargas dinámicas en altura.
• Sistemas de izado con monitorización en tiempo real.
La obra iniciada en 1882 ha atravesado métodos artesanales, interrupciones históricas y reconstrucción documental tras la Guerra Civil, para integrarse hoy en procesos digitales avanzados. La cruz no es solo el punto más alto del templo: es la síntesis entre tradición constructiva, innovación tecnológica y continuidad cultural.
La iglesia más alta del mundo y lo que queda por construir
Con los 172,5 metros alcanzados, la basílica redefine el skyline de Barcelona. Sin embargo, el proyecto global aún tiene etapas pendientes:
- Finalización interior de la torre de Jesucristo.
- Desarrollo completo de la Fachada de la Gloria.
- Urbanización definitiva del entorno.
La Sagrada Familia continúa siendo una obra en marcha, pero con la cruz ya instalada se completa la silueta vertical ideada por Gaudí hace más de un siglo.
Más que un final, esta culminación representa una síntesis: tradición artesanal, ingeniería contemporánea, debate patrimonial y proyección urbana. La arquitectura alcanza aquí una condición singular: no solo estructura y técnica, sino también luz, símbolo y ciudad.

Digitalización y continuidad histórica
La culminación de la torre central es también un ejemplo paradigmático de continuidad histórica mediante tecnología avanzada. El proyecto original de Gaudí, basado en maquetas funiculares y geometrías regladas, ha sido reinterpretado y desarrollado mediante modelos digitales tridimensionales, herramientas BIM y procesos de fabricación asistida por ordenador.
Este enfoque ha permitido ajustar tolerancias milimétricas en piezas de gran escala, optimizar tiempos de montaje y minimizar interferencias en obra, en un proyecto que convive diariamente con millones de visitantes y con una intensa actividad urbana en su entorno inmediato.
Impacto urbano y simbólico
Con 172,5 metros, la Sagrada Familia supera en altura a cualquier otro edificio de Barcelona, consolidándose como el elemento dominante del paisaje urbano. Gaudí concibió deliberadamente una altura inferior a la de la montaña de Montjuïc, como gesto de respeto simbólico hacia la obra de la naturaleza. Esta decisión se ha mantenido en la ejecución contemporánea del proyecto.
La finalización estructural de la torre de Jesucristo no implica el cierre definitivo de las obras del templo, pero sí marca un punto de inflexión en el calendario constructivo. A partir de ahora, los trabajos se centrarán en elementos ornamentales, acabados, instalaciones y en la culminación progresiva de las restantes torres y fachadas.
Desde la perspectiva sectorial, el hito refuerza la imagen de la Sagrada Familia como uno de los proyectos de construcción más complejos y prolongados de la historia contemporánea, donde tradición, innovación tecnológica, financiación privada y gestión avanzada de obra convergen en un mismo proceso.
La culminación de la torre central no es solo un acontecimiento arquitectónico, sino también un caso de estudio para el sector de la construcción en ámbitos como la industrialización de piezas singulares, la planificación a largo plazo, la gestión del riesgo en obra y la aplicación del modelado digital a la rehabilitación y finalización de proyectos históricos.
Otras publicaciones en Construnews














