Contenidos
- Para empezar por una cuestión conceptual, ¿cómo defines hoy la industrialización en la construcción?
- Cuando hablamos de industrialización, ¿estamos ante una tendencia coyuntural o ante un cambio estructural del modelo productivo?
- En términos prácticos, ¿cómo se puede medir el grado real de industrialización de un proyecto o de una empresa?
- ¿Qué papel desempeñan la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial en este proceso?
- Desde el periodismo de datos, estamos detectando cierta confusión sobre qué es realmente industrialización. ¿Existe un riesgo de banalización del concepto?
- La administración empieza a incluir la industrialización en pliegos y a otorgar más puntuación en licitaciones de vivienda protegida. ¿Es un punto de inflexión?
- En el contexto europeo, ¿qué dimensión tiene el problema de la vivienda y cómo encaja la industrialización?
- ¿Cuáles son los principales frenos para su implantación masiva en España?
- En términos de productividad, sostenibilidad y calidad, ¿qué oportunidades concretas ofrece la industrialización?
- ¿Está el marco normativo preparado para este cambio?
- ¿Cómo afectará esta transición al empleo y a los perfiles profesionales?
La industrialización como cambio sistémico ante la falta de vivienda, la baja productividad, el déficit de calidad y la presión europea.
En el contexto del primer monográfico de datos sobre industrialización en España impulsado por Construnews, conversamos en profundidad con Ignasi Pérez Arnal, Industry Watcher y director de contenidos del Congreso Nacional de Arquitectura Avanzada y Construcción 4.0 de REBUILD. A partir de una conversación extensa y técnica, analizamos qué significa realmente industrializar, cómo se puede medir con criterios objetivos, cuáles son los frenos culturales y normativos, y por qué la industrialización se perfila como una transformación inevitable del sector.
La conversación dibuja un diagnóstico claro: la industrialización no es una moda ni un reclamo comercial, sino una respuesta estructural a una crisis acumulada durante décadas.
Para empezar por una cuestión conceptual, ¿cómo defines hoy la industrialización en la construcción?
El grado de industrialización se puede abordar subdividiendo el proceso constructivo. En una obra podemos encontrar distintos niveles de industrialización. Por un lado, componentes industrializados como paneles, cubiertas, forjados o fachadas. Son elementos que ya no se ejecutan in situ, sino que se producen en un entorno controlado.
También podemos encontrar módulos tridimensionales completos. Un ejemplo muy claro son los baños industrializados, conocidos en el sector como pods, que salen de fábrica con todo o parte de sus acabados interiores y exteriores resueltos.
La construcción industrializada está muy vinculada al concepto de construcción off site. Es decir, la cantidad de construcción que se realiza fuera del solar, en una nave industrial que puede estar al lado de la obra o a miles de kilómetros.
Y habría una tercera acepción, que es la construcción modular. Construir a base de módulos, como si fuera un lego, pero donde cada pieza no es un simple bloque, sino un espacio completo: un baño, una cocina, una habitación, una caja de escaleras. Se combinan estos módulos para configurar el edificio.
La industrialización emerge como un cambio sistémico que permite garantizar plazos, mejorar la calidad constructiva y responder a la presión normativa europea.
Cuando hablamos de industrialización, ¿estamos ante una tendencia coyuntural o ante un cambio estructural del modelo productivo?
Estamos hablando de un cambio radical. La revolución industrial con el vapor, después con la electricidad y más tarde con la digitalización transformó todos los sectores productivos. Pero ninguna de esas revoluciones ha llegado realmente a la construcción en sí.
Ese es el gran problema que tenemos. La construcción ha quedado al margen de las grandes transformaciones industriales. Por tanto, no es una tendencia pasajera, es un cambio estructural que afecta al modelo productivo completo.
En términos prácticos, ¿cómo se puede medir el grado real de industrialización de un proyecto o de una empresa?
Una forma sencilla de medirlo sería calcular cuánto de lo que se construye se ha realizado fuera del lugar de la obra.
Existen metodologías en Australia, Estados Unidos o Reino Unido que intentan medir ese grado de industrialización. En Reino Unido, por ejemplo, utilizan la clasificación MMC, Modern Methods of Construction, que categoriza los distintos niveles y tipologías de industrialización.
En España, con la reciente aprobación de una norma UNE —que ya está aprobada, aunque pendiente de publicación oficial—, la idea es contabilizar qué parte del presupuesto total de un edificio corresponde a partidas industrializadas y qué porcentaje representan sobre el coste final. Por tanto, hay distintas metodologías posibles, pero lo fundamental es objetivar y cuantificar.
¿Qué papel desempeñan la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial en este proceso?
Si observamos sectores como la automoción o la fabricación de dispositivos electrónicos, vemos procesos automatizados y robots trabajando en cadena. En la construcción eso no es habitual todavía.
La robotización tendrá un impacto grandísimo, incluso mayor que en otros sectores, por el peso y la sofisticación de los componentes con los que trabajamos. Ya estamos viendo robots humanoides capaces de realizar tareas que hace poco parecían extremadamente complejas.
Además, la industrialización en el siglo XXI está completamente ligada a la digitalización. Cuando trabajamos con modelos digitales, por ejemplo con BIM, la inteligencia artificial tiene sentido. No podemos introducir inteligencia artificial en un plano dibujado a mano, pero sí en un modelo digital parametrizado. De hecho, están surgiendo muchas startups vinculadas a estas nuevas posibilidades.
Hasta el 75 por ciento de la mano de obra actual se jubilará antes de 2030, agravando la falta de talento en el sector.
Desde el periodismo de datos, estamos detectando cierta confusión sobre qué es realmente industrialización. ¿Existe un riesgo de banalización del concepto?
Como no existe todavía un criterio compartido y exacto sobre qué es industrializado y qué no, puede ocurrir lo que comentas. Alguien puede introducir un elemento diferente en su proyecto y considerar que ya está industrializando.
Es parecido a lo que ha ocurrido con la sostenibilidad. Muchas veces se afirma que un proyecto es sostenible sin definir qué significa exactamente. Lo primero que debería hacer el sector es consensuar qué entendemos por proyecto industrializado.
Ahora bien, también podemos verlo desde una perspectiva positiva. Que el concepto esté en la conversación pública significa que el mercado empieza a ser consciente de que existen otras maneras de construir.
La administración empieza a incluir la industrialización en pliegos y a otorgar más puntuación en licitaciones de vivienda protegida. ¿Es un punto de inflexión?
La administración busca certidumbre. Si anuncia que se entregarán 16 viviendas en una fecha concreta, esa fecha debe cumplirse. Con la construcción tradicional hemos visto reiteradamente que los plazos no se cumplen.
La construcción industrializada aporta previsibilidad en plazos y costes. En el mundo industrial, cuando compras un producto, sabes cuándo te lo entregan. Esa lógica hay que trasladarla a la vivienda social.
Estamos ante un nuevo modelo de licitación. Si se definen claramente los criterios de industrialización, se podrán comparar propuestas en igualdad de condiciones. En países nórdicos, una vez fijado el precio, la competencia se centra en la calidad, el plazo, el rendimiento energético o las emisiones.
En el contexto europeo, ¿qué dimensión tiene el problema de la vivienda y cómo encaja la industrialización?
El problema no es exclusivo de España. En nuestro país se calcula que faltan unas 170.000 viviendas al año. En Francia la cifra ronda las 225.000. En Reino Unido han aprobado planes para construir 300.000 viviendas adicionales cada año. En Italia también se superan las 200.000.
Si utilizamos la misma lógica constructiva que ha generado el problema, será muy difícil solucionarlo. La construcción industrializada puede ser ese nuevo sistema necesario para afrontar la magnitud del reto.
Más de 19 millones de edificios en España no cumplen el Código Técnico de la Edificación.
¿Cuáles son los principales frenos para su implantación masiva en España?
Hay un freno cultural importante. Toda innovación genera resistencia. Nuestro sistema académico no ha incorporado de forma generalizada estas metodologías, por lo que muchos profesionales salen al mercado sin formación específica en industrialización.
También hay frenos administrativos: lentitud en la concesión de licencias, dificultad en la contratación colaborativa con la administración pública, problemas en la conexión a servicios urbanos o largos plazos para transformar suelo rural en urbano edificable, que pueden alcanzar entre 10 y 14 años.
Y existe también una resistencia natural por parte de quienes han trabajado durante décadas con sistemas tradicionales.
En términos de productividad, sostenibilidad y calidad, ¿qué oportunidades concretas ofrece la industrialización?
En productividad, la construcción presenta una productividad negativa desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras otros sectores han multiplicado su eficiencia, en construcción necesitamos más tiempo y más recursos para hacer menos que hace décadas.
En sostenibilidad, generamos más de la mitad de los residuos del mundo. En España, el 38 por ciento del material que llega a obra se convierte en residuo. La industrialización busca máxima eficiencia y reducción del desperdicio.
En calidad, el problema es el “o similar” de los presupuestos. Cuando los costes se disparan, se sustituyen materiales y se reduce la calidad. Se estima que 19 de los 26 millones de edificios en España no cumplen el Código Técnico de la Edificación. La industrialización pretende garantizar que lo definido se ejecute exactamente como se proyectó y certificó.
¿Está el marco normativo preparado para este cambio?
Las normativas y regulaciones tardan más de una década en actualizarse. Necesitamos procedimientos más ágiles para poder certificar y validar soluciones innovadoras que ya están presentes en el mercado.
¿Cómo afectará esta transición al empleo y a los perfiles profesionales?
Existe una escasez creciente de mano de obra cualificada. Se estima que alrededor del 75 por ciento del personal actual de obra se jubilará antes de 2030. El número de egresados no cubre las jubilaciones previstas.
La industrialización también es una respuesta a esta presión demográfica y laboral.
Desde el punto de vista del diseño arquitectónico, ¿la industrialización limita la creatividad?
En el diseño arquitectónico, en nada. En el papel del arquitecto, en todo. Se puede hacer todo tipo de edificios con soluciones industrializadas.
La estandarización no limita la creatividad. Igual que con piezas de Lego se puede reproducir una obra compleja, el reto está en la capacidad creativa del profesional para combinar módulos y sistemas.
Si miramos a medio plazo, ¿cómo imaginas el sector si la industrialización se consolida como modelo predominante?
Lo imagino de forma radicalmente distinta. Por la falta de personal y por la exigencia de clientes públicos y privados, la industrialización se abordará sí o sí.
Veremos un crecimiento exponencial de soluciones industrializadas y un cambio absoluto en la manera de construir en España.
Para terminar, ¿qué elemento clave suele quedar fuera del debate?
El fabricante. La construcción industrializada parte del fabricante. Si no se le garantiza una continuidad de demanda, difícilmente invertirá en nuevas fábricas o en ampliaciones.
Y hay un ámbito enorme que todavía está poco desarrollado: la rehabilitación industrializada. Europa exige intervenir integralmente en 1.380.000 viviendas en España antes de 2030. Cuando algo debe hacerse más de un millón de veces, tiene sentido pensar en procesos industrializados para cambiar baños en minutos, cocinas en horas o mejorar la eficiencia térmica de edificios en días.
Europa exige rehabilitar más de 1,3 millones de viviendas en España antes de 2030, impulsando soluciones industrializadas















