La construcción vive una paradoja cada vez más evidente: existe una elevada carga de trabajo y una fuerte demanda de vivienda, rehabilitación e infraestructuras, pero resulta cada vez más difícil cubrir puestos en obra.
La falta de relevo generacional, la especialización creciente —impulsada por la rehabilitación energética, la electrificación de los edificios y el peso cada vez mayor de las instalaciones— y la presión simultánea por plazos, costes y calidad han convertido la formación de los oficios en un reto estructural, no coyuntural.
En paralelo, la modernización del sector exige que perfiles tradicionalmente considerados “manuales” incorporen competencias técnicas, de seguridad, coordinación y control de calidad que hace apenas una década no eran tan determinantes. La obra ya no es solo ejecución: es interpretación técnica, cumplimiento normativo y trabajo coordinado.
La situación actual: menos relevo y más demanda técnica
La escasez de mano de obra cualificada aparece de forma recurrente en los análisis económicos más recientes. El informe Escasez de mano de obra en España de BBVA Research señala que la construcción es uno de los sectores más afectados por este fenómeno, con dificultades persistentes para cubrir vacantes pese al crecimiento de la actividad. El estudio apunta a factores estructurales como el envejecimiento de la fuerza laboral, la limitada entrada de jóvenes y la creciente exigencia técnica de los puestos.
En el caso de la construcción, el desajuste no se limita al número de trabajadores disponibles, sino a la adecuación de sus competencias a un sector en plena transición energética y digital. Esta idea se refuerza a escala europea. La European Labour Authority (ELA) ha alertado de déficits significativos de mano de obra y de competencias en sectores clave, entre ellos la construcción, subrayando que la escasez afecta especialmente a perfiles técnicos vinculados a la eficiencia energética, las instalaciones y la rehabilitación.
Qué oficios se están volviendo críticos (y por qué)
El edificio del futuro inmediato exige mayor capacidad instalada y una complejidad técnica creciente: electricidad, climatización eficiente, ventilación mecánica, sistemas de control, energías renovables, redes y mantenimiento. Esta evolución desplaza la centralidad de algunos oficios tradicionales y eleva de forma clara la demanda de otros, especialmente electricistas, fontaneros e instaladores.
Estos perfiles se han convertido en los más difíciles de cubrir, tanto en obra nueva como en rehabilitación. La formación ya no puede limitarse a aprender una tarea concreta: debe integrar normativa, seguridad, puesta en servicio, control de calidad y trazabilidad de los trabajos ejecutados. Sin esta base, el riesgo de errores, retrabajos y desviaciones de plazo se incrementa de forma significativa.
Formación de base: seguridad, calidad y productividad
Para el personal de obra, la formación con mayor impacto inmediato se concentra en cuatro grandes núcleos:
- Prevención de riesgos aplicada, más allá del mero cumplimiento normativo: trabajo en altura, manipulación de cargas, coordinación de actividades empresariales y cultura preventiva en obra.
- Ejecución correcta de sistemas constructivos, con especial atención a estanqueidad, puentes térmicos, control de humedad, encuentros y sellados, así como al control de calidad de la envolvente.
- Industrialización y montaje, que exige precisión en el replanteo, comprensión de tolerancias, lectura de documentación técnica, secuencias de montaje, logística y gestión de acopios.
- Competencias transversales de continuidad, como comunicación en obra, trabajo en equipo, resolución de incidencias y mejora continua.
Este enfoque reduce de forma significativa los retrabajos, los siniestros y las desviaciones de plazo, y tiene un impacto directo en la productividad real: menos correcciones, menos desperdicio y mayor previsibilidad del proceso constructivo.
Formatos formativos adaptados a la realidad de la obra
En un sector marcado por la rotación de personal y la presión constante de los plazos, están ganando peso formatos de formación flexibles y aplicados, capaces de responder a necesidades concretas sin desvincular a los profesionales de la obra durante largos periodos. La actualización de competencias a través de itinerarios progresivos, formación práctica en contexto real y sistemas de acreditación vinculados a tareas específicas se presenta como una vía eficaz para mejorar la cualificación sin interrumpir la actividad productiva.
Este tipo de enfoques, basados en la adquisición gradual de competencias y en el reconocimiento de aprendizajes parciales, resulta especialmente adecuado para un sector en transformación acelerada, donde la reconversión de perfiles y la adaptación a nuevas exigencias técnicas se han convertido en una constante.
En este contexto, el papel de la Fundación Laboral de la Construcción resulta estructural. Desde hace años, la entidad actúa como uno de los principales pilares del sistema formativo del sector a escala estatal, combinando prevención de riesgos, capacitación técnica y actualización profesional. Con más de 110.000 personas formadas anualmente, su red de centros y programas constituye una infraestructura clave para sostener la cualificación de los oficios y facilitar la adaptación de la mano de obra a los cambios normativos, técnicos y productivos de la construcción.
La transmisión del oficio: recuperar saber hacer para sostener el sistema
Junto a la formación técnica y a la actualización de competencias, el sector se enfrenta a un reto menos visible pero igualmente estructural: la pérdida progresiva de los oficios artesanos y del conocimiento asociado a la ejecución material de la obra. Carpintería, trabajos en madera, cerámica, piedra, revestimientos tradicionales o soluciones constructivas ligadas al clima y al territorio siguen siendo fundamentales tanto en la rehabilitación del parque edificado como en la construcción contemporánea de calidad.
Lejos de responder a una lógica nostálgica, la recuperación y actualización de estos saberes se ha convertido en una necesidad técnica. La rehabilitación energética, la restauración del patrimonio y la creciente atención al detalle constructivo requieren mano de obra cualificada capaz de entender el comportamiento de los materiales, los encuentros, la durabilidad y el envejecimiento de los sistemas constructivos. Sin esta base, la innovación técnica pierde eficacia y la calidad final del edificio se resiente.
En este escenario, iniciativas como la Escola Mas Ralet que Construnews se hizo eco en el artículo Nace la Escola Mas Ralet: un nuevo espacio pionero para preservar oficios artesanos en la construcción representan un cambio de enfoque relevante en la formación del sector. Concebida como un espacio pionero para preservar y actualizar los oficios artesanos vinculados a la construcción, la escuela pone el foco en la transmisión práctica del conocimiento, en el aprendizaje en contexto real y en la conexión directa entre formación, territorio y obra.
El valor de este tipo de modelos formativos reside en su capacidad para complementar el sistema general de formación del sector con itinerarios especializados centrados en el saber hacer, el rigor constructivo y la calidad material. La formación artesanal no se limita a aprender una técnica, sino que integra criterios de seguridad, control de calidad, comprensión del proyecto y adaptación a los requisitos contemporáneos de la edificación.
Prioridades: atraer, cualificar y dignificar el oficio
La recuperación del oficio y su integración en itinerarios formativos actuales no solo contribuye a mejorar la calidad constructiva, sino que actúa como una palanca efectiva de relevo generacional. Frente a un sector envejecido y con dificultades para atraer jóvenes, la formación vinculada al aprendizaje práctico, a la especialización real y a la progresión profesional ofrece una vía creíble de acceso, permanencia y desarrollo en la obra.
Si la construcción quiere competir por talento frente a otros sectores, la formación debe ir acompañada de mensajes coherentes y creíbles: carreras profesionales visibles, condiciones que permitan aprender en obra sin precariedad y un reconocimiento real de la especialización, especialmente en instalaciones, rehabilitación e industrialización.
En un sector que necesita crecer en calidad, productividad y sostenibilidad, la formación del personal de obra y de los oficios deja de ser un complemento para convertirse en una infraestructura estratégica del propio sistema constructivo, donde la capacitación técnica, la transmisión del oficio y el relevo generacional son inseparables.
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