El espacio elegido por Zohran Mamdani para prometer su cargo como nuevo alcalde de Nueva York, en un acto privado y acompañado únicamente por su familia, no fue casual. Lejos de los escenarios institucionales habituales, Mamdani optó por un lugar oculto al gran público pero cargado de significado: la histórica estación de metro de City Hall Station, situada bajo el edificio del Ayuntamiento. Un espacio donde la arquitectura se convierte en marco simbólico y donde la infraestructura urbana actúa como soporte silencioso de la vida democrática.
La estación concebida como joya cívica del nuevo metro
Inaugurada en 1904 como terminal original del primer tramo del metro neoyorquino, City Hall Station fue concebida desde el inicio como una excepción dentro del sistema. Pensada para ser la “joya de la corona” del nuevo transporte subterráneo, la estación apostó por una arquitectura espectacular destinada a atraer a los ciudadanos al subsuelo. Azulejos cerámicos, bóvedas elípticas, grandes tragaluces que aportaban iluminación natural al andén, cristales coloridos y candelabros más propios de una residencia noble que de una infraestructura técnica definían un espacio insólito, a medio camino entre sala cívica y monumento urbano.
Ese carácter singular se mantiene hoy, aunque la estación dejó de prestar servicio a pasajeros en 1945 y pasó a formar parte del imaginario de las llamadas estaciones “fantasma” del metro de Nueva York. Actualmente, el espacio sigue en uso como punto de giro de los trenes de la línea 6, preservando intacta una arquitectura que condensa buena parte de la ambición urbana de la ciudad a comienzos del siglo XX. Es precisamente esta condición —cerrada, discreta y ajena al ruido cotidiano— la que refuerza la carga simbólica del gesto de Mamdani.
La bóveda cerámica como tecnología y como lenguaje
El valor arquitectónico de la estación está íntimamente ligado al trabajo de Rafael Guastavino y de su hijo, responsables del diseño de sus bóvedas cerámicas a través de la Guastavino Fireproof Construction Company. La técnica empleada, heredera directa de la volta catalana o bóveda tabicada, permitía cubrir grandes luces mediante capas finas de ladrillo cerámico y mortero, con excelentes prestaciones estructurales, acústicas y de resistencia al fuego. En City Hall Station, esta solución alcanza una de sus expresiones más refinadas, combinando eficiencia constructiva y una notable calidad espacial.
Desde Construnews ya analizamos en profundidad el recorrido histórico y la vigencia contemporánea de esta técnica en el artículo del arquitecto Octavi Mestre “La vuelta de la volta: la bóveda catalana entre la historia y el futuro de la arquitectura”. El caso de City Hall Station se sitúa plenamente en esa continuidad: una tecnología nacida en el ámbito mediterráneo que, reinterpretada en el contexto norteamericano, se convierte en símbolo de modernidad, innovación y durabilidad. Más de un siglo después de su construcción, la estación sigue siendo un referente constructivo y arquitectónico.
Arquitectura, memoria y política se cruzan en la histórica estación de metro diseñada como joya cívica del subsuelo neoyorquino
Rafael Guastavino y la construcción de una identidad urbana
El significado de este espacio no puede entenderse sin la figura de Rafael Guastavino i Moreno (València, 1842 – Asheville, 1908), maestro de obras formado en la tradición constructiva catalana y discípulo de Elies Rogent y Joan Torras i Guardiola. Tras establecerse en Nueva York en 1881, Guastavino patentó el denominado Guastavino system, una evolución de la bóveda tabicada que le permitió alcanzar un amplio reconocimiento profesional en Estados Unidos.
Antes de su éxito en Estados Unidos, Guastavino desarrolló una intensa actividad en Cataluña, con obras como la Casa Buxeda en Sabadell o la fábrica Batlló —actual Escola Industrial— en Barcelona. Ya en Norteamérica, su capacidad para demostrar científicamente la eficacia del sistema, incluso mediante pruebas de incendio documentadas fotográficamente, le otorgó un gran reconocimiento profesional. Prácticamente todas las grandes bóvedas cerámicas construidas en iglesias y edificios públicos estadounidenses entre 1890 y 1940 llevan la firma Guastavino.
Su legado forma hoy parte inseparable de la identidad arquitectónica de la ciudad, con intervenciones en edificios tan emblemáticos como la Grand Central Terminal, el antiguo centro de inmigración de Ellis Island o la Catedral de St. John the Divine. En todos ellos, la cerámica estructural se asocia a una idea de durabilidad, servicio público y confianza en la técnica como herramienta de progreso colectivo.
Arquitectura como marco del compromiso público
Prometer el cargo bajo una bóveda cerámica centenaria, concebida para perdurar y para servir a la colectividad, conecta el gesto político de Mamdani con una concepción del servicio público basada en la solidez, la continuidad y el cuidado del bien común. No se trata de un espacio de poder visible ni monumental en superficie, sino de un lugar cotidiano, profundamente urbano y vinculado a la infraestructura que sostiene la vida diaria de la ciudad.
En este sentido, la elección de City Hall Station trasciende la anécdota. La arquitectura, incluso cuando permanece oculta bajo tierra, sigue siendo capaz de articular relatos contemporáneos y de ofrecer escenarios cargados de significado. En la estación diseñada por Guastavino, pasado y presente se superponen para recordar que la ciudad —y la política— también se construyen desde sus estructuras más silenciosas.


Otros artículos publicados en Construnews














