Patrimonio y sostenibilidad: claves de un debate para redefinir la arquitectura contemporánea

El encuentro puso sobre la mesa los desafíos reales de aplicar criterios de sostenibilidad en la rehabilitación del patrimonio, entre exigencias normativas, responsabilidad técnica y nuevas oportunidades de proyecto.

El Dato
El sector de la edificación genera alrededor del 40 % de las emisiones globales, concentradas en gran parte en edificios existentes

En el marco de los actos de presentación de la X edición del Premio Mapei, el Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC) acogió una mesa redonda que, más allá de su carácter puntual, se consolidó como un espacio de reflexión crítica sobre el presente y el futuro de la arquitectura. Bajo el título Patrimonio y sostenibilidad: nuevas oportunidades para la arquitectura”, el encuentro reunió a voces relevantes del ámbito profesional, académico y técnico para abordar uno de los grandes desafíos contemporáneos: cómo intervenir en el patrimonio construido desde una lógica sostenible sin comprometer su valor cultural, material y simbólico.

La sesión, moderada por Cinzia Maggio (Mapei), contó con la participación de Eulàlia Figuerola (Green Building Council España), Jordi Portal (Portal Pallarés Arquitectura y Universitat Politècnica de Catalunya) y Mauro Manca (Energy Green Design), configurando un diálogo transversal que puso en relación distintas escalas del problema: desde la normativa hasta el proyecto, desde la evaluación hasta la estrategia económica, y desde la técnica hasta la dimensión cultural de la arquitectura.

El encuentro se inscribe en un momento especialmente significativo para el sector. Tras una década en la que la sostenibilidad ha pasado de ser un discurso emergente a convertirse en un eje central de la práctica arquitectónica, el debate se desplaza ahora hacia su aplicación real. Ya no se trata de definir qué es la sostenibilidad, sino de cómo implementarla de manera rigurosa, medible y coherente en contextos complejos.

El cambio de paradigma: del crecimiento a la transformación

Uno de los consensos más claros que emergieron durante la jornada fue el reconocimiento de un cambio estructural en el modelo de desarrollo arquitectónico. Durante décadas, la arquitectura se ha apoyado en la expansión y la obra nueva como motores de crecimiento. Sin embargo, el contexto actual —marcado por la emergencia climática, la escasez de recursos y la saturación del territorio— obliga a replantear este modelo. La atención se desplaza hacia el parque edificado existente, que concentra la mayor parte del impacto ambiental del sector. En este sentido, la rehabilitación deja de ser una actividad secundaria para convertirse en el principal campo de acción.

Mauro Manca articuló esta idea con claridad, señalando que la transformación del sector pasa inevitablemente por intervenir en lo existente. No se trata únicamente de reducir emisiones, sino de redefinir la lógica de inversión en el entorno construido. La sostenibilidad, en este contexto, se convierte en un criterio estratégico que afecta directamente al valor de los activos inmobiliarios.

La inacción, advirtió, tiene consecuencias económicas claras. Los edificios que no se adapten a los nuevos estándares de eficiencia y sostenibilidad quedarán progresivamente fuera del mercado, generando pérdidas tanto para propietarios como para administraciones. La rehabilitación, por tanto, no es solo una obligación ambiental, sino también una oportunidad para revalorizar el patrimonio construido.

La intervención en patrimonio exige equilibrar conservación, normativa y sostenibilidad mediante soluciones específicas y no estandarizadas.

Patrimonio: la complejidad como condición de proyecto

Si la rehabilitación en general presenta retos importantes, el patrimonio introduce un nivel adicional de complejidad. Jordi Portal abordó esta cuestión desde una perspectiva metodológica, explicando cómo la intervención en edificios históricos requiere un enfoque específico basado en el conocimiento profundo del objeto arquitectónico. Lejos de soluciones estándar, cada proyecto de rehabilitación patrimonial implica un proceso de análisis exhaustivo que permite comprender la lógica constructiva, el estado de conservación, las transformaciones acumuladas y las potencialidades del edificio. Este proceso se estructura en fases que van desde el conocimiento hasta la definición de criterios y la ejecución del proyecto.

El principal desafío aparece en la intersección entre conservación y normativa. El Código Técnico de la Edificación, aunque fundamental para garantizar la calidad y seguridad de los edificios, no siempre se adapta a las particularidades del patrimonio. Esto obliga a plantear soluciones alternativas que deben ser justificadas caso por caso, generando un escenario de incertidumbre y responsabilidad para los técnicos. Portal subrayó que esta situación pone de manifiesto la necesidad de desarrollar marcos normativos más flexibles y adaptativos, capaces de integrar la complejidad del patrimonio sin renunciar a los objetivos de sostenibilidad.

Pero más allá de la normativa, el debate introdujo una cuestión clave: la dificultad de medir ciertos valores inherentes al patrimonio. La durabilidad, por ejemplo, constituye uno de los mayores logros de la arquitectura histórica. Edificios que han perdurado durante siglos, adaptándose a distintos usos y contextos, representan una forma de sostenibilidad que no siempre se traduce en indicadores cuantificables.

La sostenibilidad como sistema de capas

Frente a esta complejidad, Eulàlia Figuerola defendió la necesidad de abordar la sostenibilidad desde una perspectiva integral. En su intervención, destacó que uno de los principales riesgos actuales es la simplificación del concepto, reduciéndolo a aspectos energéticos o a métricas de emisiones.

Desde su experiencia en la evaluación de proyectos, subrayó que la sostenibilidad debe entenderse como un sistema de capas interrelacionadas que incluye materiales, energía, impacto social, calidad espacial y relación con el entorno urbano. Esta visión permite superar enfoques fragmentados y avanzar hacia una arquitectura más coherente.

El Premio Mapei, en este sentido, se presenta como una herramienta que busca precisamente esta integración. A través de un sistema de evaluación que combina criterios cuantitativos y cualitativos, el certamen obliga a los proyectos a demostrar su impacto desde múltiples dimensiones, evitando caer en prácticas de greenwashing.

Sin embargo, Figuerola reconoció que este enfoque no está exento de dificultades. Especialmente en rehabilitación, donde muchos aspectos no pueden medirse con precisión, la evaluación requiere un ejercicio de interpretación y, en ocasiones, de innovación metodológica. La falta de herramientas estandarizadas para justificar decisiones como la conservación de materiales o la reutilización de elementos sigue siendo uno de los principales retos.

Durabilidad, adaptabilidad y ciclo de vida se consolidan como criterios clave para proyectar una arquitectura más resiliente y responsable.

Durabilidad y adaptabilidad: proyectar en el tiempo

Uno de los conceptos que adquirió mayor protagonismo durante el debate fue la durabilidad, entendida en un sentido amplio. No se trata únicamente de la resistencia material de los edificios, sino de su capacidad para adaptarse a lo largo del tiempo. En este sentido, los ponentes coincidieron en señalar que la arquitectura contemporánea adolece de una excesiva especialización funcional. Edificios diseñados para un uso específico, con escasa capacidad de transformación, que rápidamente quedan obsoletos.

Frente a esta lógica, se plantea la necesidad de proyectar desde la flexibilidad, incorporando la posibilidad de cambio como parte intrínseca del diseño. Esta idea conecta directamente con el concepto de ciclo de vida, ampliando su alcance más allá de los aspectos técnicos para incluir dimensiones funcionales y culturales. La arquitectura histórica, en este sentido, ofrece un campo de aprendizaje fundamental. Su capacidad para adaptarse a lo largo de los siglos demuestra que la durabilidad no es solo una cuestión de materiales, sino también de concepción espacial y estructural.

Circularidad: del discurso a la implementación

La economía circular fue otro de los ejes del debate, abordada tanto desde una perspectiva conceptual como práctica. Aunque ampliamente aceptada como principio, su implementación sigue enfrentando importantes barreras. La reutilización de materiales, por ejemplo, se encuentra condicionada por factores económicos, logísticos y normativos. Procesos como el desmontaje, la clasificación o la adaptación de elementos existentes pueden resultar complejos y costosos, especialmente en un contexto donde los sistemas productivos están diseñados para la producción lineal.

Además, la normativa vigente no siempre facilita la incorporación de soluciones circulares, lo que limita su aplicación en proyectos reales. A pesar de estas dificultades, los ponentes coincidieron en que la circularidad representa una oportunidad para repensar la arquitectura desde sus fundamentos. No se trata únicamente de reutilizar materiales, sino de adoptar una lógica de proyecto que contemple el edificio como un sistema en evolución, donde los recursos se mantienen en uso el mayor tiempo posible.

Normativa, mercado y cultura: tres fuerzas en tensión

El debate puso de relieve la existencia de tres grandes fuerzas que condicionan la evolución del sector: la normativa, el mercado y la cultura arquitectónica. La normativa actúa como motor de cambio, estableciendo estándares mínimos que impulsan la transformación. Sin embargo, su rigidez puede convertirse en un obstáculo cuando no se adapta a la complejidad de los proyectos.

El mercado, por su parte, introduce una lógica económica que puede acelerar la adopción de soluciones sostenibles, pero también generar distorsiones si se priorizan criterios de rentabilidad a corto plazo. Finalmente, la cultura arquitectónica define la manera en que se interpretan y aplican estos marcos, condicionando las decisiones de proyecto. La interacción entre estas tres dimensiones genera un escenario dinámico, en el que la sostenibilidad debe ser negociada y reinterpretada constantemente.

El papel del arquitecto: mediador y agente de cambio

En este contexto, el arquitecto emerge como una figura clave, no solo como diseñador, sino como mediador entre distintas demandas. Su papel implica integrar criterios técnicos, normativos, económicos y culturales en un proceso de proyecto que, cada vez más, requiere una visión transversal.

Lejos de limitarse a aplicar soluciones predefinidas, el arquitecto debe asumir una actitud crítica, capaz de cuestionar los marcos existentes y proponer alternativas. La sostenibilidad, en este sentido, no puede entenderse como un conjunto de herramientas, sino como una forma de pensamiento que atraviesa todo el proceso de diseño.

Un sector en transición, una oportunidad abierta

La mesa redonda dejó una sensación compartida: el sector está en movimiento. Existen avances significativos, pero también importantes desafíos. La transición hacia una arquitectura más sostenible no es lineal, sino compleja y, en muchos casos, contradictoria. Sin embargo, esta complejidad puede interpretarse como una oportunidad. La necesidad de repensar el entorno construido abre un campo de innovación que trasciende lo técnico para incorporar dimensiones sociales, culturales y económicas. En este contexto, iniciativas como el Premio Mapei adquieren un valor estratégico, no solo como reconocimiento de buenas prácticas, sino como plataformas de debate que permiten avanzar en la definición de nuevos marcos de actuación.

Conclusión: construir sobre lo existente

El diálogo entre patrimonio y sostenibilidad no es una cuestión marginal, sino uno de los grandes retos de la arquitectura contemporánea. Intervenir en lo existente implica asumir la complejidad como condición, integrando memoria, técnica y futuro en un mismo proceso. Lejos de ser una limitación, esta complejidad puede convertirse en el motor de una nueva arquitectura, capaz de responder a los desafíos actuales desde una lógica más consciente, más integrada y, sobre todo, más responsable. Porque, en última instancia, el futuro de la arquitectura no se construirá únicamente a partir de lo nuevo, sino a partir de la capacidad de transformar, reinterpretar y dar continuidad a lo que ya existe.

La jornada reunió a perfiles de arquitectura, consultoría y certificación, evidenciando la transversalidad del reto sostenible en el sector.

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