La luz dejó de ser únicamente un elemento técnico hace tiempo. Hoy forma parte de la experiencia emocional, cultural y sensorial de la arquitectura. Bajo esta premisa, Artemide celebró la primera edición de “Conversaciones Iluminadas”, el ciclo impulsado dentro de la iniciativa “Iluminar la Vida”, que propone abrir diálogos transversales sobre creatividad, percepción y diseño contemporáneo. La primera sesión reunió al arquitecto Octavi Mestre y al Concept Architect Miquel Ángel Julià Hierro en una conversación que desbordó rápidamente los límites habituales de una conferencia de arquitectura para convertirse en una reflexión sobre viajes, literatura, filosofía, memoria y maneras de habitar el espacio.
La conversación arrancó lejos de cualquier formato académico convencional. Octavi Mestre comenzó hablando de hábitos cotidianos, de despertarse antes del amanecer para leer, escribir y ordenar ideas antes de entrar en el ritmo del despacho. Una introducción aparentemente sencilla que terminó funcionando como declaración de principios sobre su manera de entender la arquitectura: una disciplina conectada permanentemente con la cultura, la observación y la experiencia vital. Moderada por Miquel Ángel Julià Hierro, la sesión fue desplegando una conversación transversal alrededor de un concepto aparentemente simple —la luz— que acabó conectando ciencia, literatura, filosofía, viajes y arquitectura.

Uno de los primeros bloques derivó hacia la física y la naturaleza de la luz. Mestre recordó cómo incluso hoy continúa abierto el debate científico sobre si la luz debe entenderse como onda electromagnética o como partícula, enlazando referencias a Albert Einstein, Max Planck y Niels Bohr para hablar de incertidumbre, conocimiento y pensamiento crítico.
El arquitecto aprovechó entonces para recordar uno de los proyectos más singulares de su carrera: la sede del CERN en Ginebra. Explicó cómo presentó la propuesta arquitectónica utilizando referencias vinculadas a la física cuántica y a la estructura orbital del átomo, estableciendo paralelismos entre espacio, vacío y percepción. “El vacío central del átomo también existe en la filosofía japonesa”, apuntó durante una intervención que ya anticipaba el tono cultural y humanista que marcaría toda la sesión.
La conversación pasó rápidamente de la ciencia a la espiritualidad y al simbolismo histórico de la luz. Mestre recordó que en el Génesis la luz aparece antes incluso que el sol y reivindicó cómo todas las culturas han utilizado la iluminación como metáfora de conocimiento, trascendencia y esperanza. “La luz siempre ha sido una metáfora de Dios”, afirmó.
A partir de ahí, la charla derivó hacia la literatura. Uno de los momentos más interesantes llegó cuando Mestre citó “Elogio de la sombra” de Junichirō Tanizaki para explicar las diferencias entre la sensibilidad oriental y occidental frente a la iluminación. “Los occidentales estamos enamorados de la luz; los orientales valoran mucho más la penumbra”, señaló.
La referencia sirvió para abrir una reflexión sobre cómo la arquitectura contemporánea ha tendido históricamente hacia la transparencia y la sobreexposición lumínica, frente a culturas donde la sombra, la penumbra y el silencio visual forman parte esencial de la belleza espacial. La conversación continuó enlazando referencias literarias y experiencias personales. Mestre habló de “Light Years” (“Años luz”) de James Salter para describir cómo el tiempo y la memoria transforman la percepción de los espacios habitados. También citó “Marca de agua” de Joseph Brodsky al hablar de ciudades, atmósferas y relación emocional con determinados paisajes urbanos.
Uno de los bloques más personales llegó cuando recordó “La vida exagerada de Martín Romaña” de Alfredo Bryce Echenique, libro que utilizó para hablar de viajes, identidad y construcción de la mirada personal. La sesión avanzó constantemente entre arquitectura y literatura. Mestre reivindicó la lectura como herramienta fundamental para cualquier arquitecto y habló de su biblioteca personal, de más de 25.000 volúmenes, así como de su vinculación histórica con La Capell, la cooperativa de libros del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.“La arquitectura no se aprende solo construyendo. También se aprende leyendo”, defendió.
Oscar Wilde apareció también en varios momentos de la conversación. Mestre recordó “La balada de la cárcel de Reading” y las cartas de “Epístola in carceris” para reflexionar sobre sufrimiento, sensibilidad y capacidad de observación humana. El arquitecto explicó cómo muchas veces la arquitectura nace precisamente de la capacidad de mirar el mundo con intensidad emocional y cultural, más allá de la técnica o la funcionalidad. Le Corbusier ocupó buena parte del encuentro. Mestre recordó especialmente sus viajes por Grecia y la experiencia de contemplar la Acrópolis de Atenas esperando deliberadamente a una determinada luz de tarde para observar el Partenón. “La arquitectura es el juego de los volúmenes bajo la luz”, recordó citando una de las frases más conocidas del arquitecto suizo-francés.
A partir de ahí, la conversación derivó hacia el dibujo como herramienta de pensamiento arquitectónico y hacia la exposición “Le Monde de la pointe du crayon”, dedicada a dibujos de viaje vinculados al universo de Le Corbusier y otros arquitectos contemporáneos. Mestre reivindicó el viaje como parte esencial del aprendizaje arquitectónico: “Cuando viajas no solo descubres el mundo; también te descubres a ti mismo fuera de tu zona de confort”.
La conversación abordó igualmente la relación entre arquitectura y memoria. Mestre explicó cómo determinados proyectos incorporan materiales recuperados, piezas antiguas o elementos preexistentes capaces de preservar relatos y capas de tiempo dentro de la arquitectura contemporánea. En varios momentos, el arquitecto defendió una visión profundamente humanista del proyecto arquitectónico, donde literatura, filosofía, música, viajes y experiencia vital forman parte inseparable de la manera de proyectar. Incluso citó a Goethe y su célebre “Mehr Licht” (“Más luz”), frase atribuida al escritor alemán antes de morir, para cerrar una reflexión sobre cómo la luz ha funcionado históricamente como símbolo de conocimiento y búsqueda intelectual.
La charla fue alternando constantemente reflexión teórica y anécdota personal. Desde sus colaboraciones internacionales hasta sus experiencias dando clases en universidades de distintos países o sus relaciones con editores, escritores y arquitectos. Uno de los bloques más celebrados por el público fue precisamente el dedicado a libros y literatura. Mestre habló de su relación con la lectura, de su biblioteca de más de 25.000 volúmenes y de su implicación en la cooperativa La Capell. Reivindicó las librerías especializadas como espacios culturales y defendió el libro como una herramienta fundamental para la formación arquitectónica contemporánea.
A medida que avanzaba la sesión, el discurso fue desplazándose progresivamente hacia la arquitectura construida y la relación entre luz y espacio. Mestre mostró una larga serie de proyectos residenciales, oficinas, hoteles y rehabilitaciones donde la iluminación actúa como elemento estructurador de la experiencia arquitectónica. “Los edificios son lámparas”. El arquitecto defendió una arquitectura donde la luz natural y artificial trabajan conjuntamente para construir atmósferas, recorridos y emociones. Explicó cómo muchos de sus proyectos nacen precisamente de la observación de cómo la luz transforma el espacio a lo largo del día y de las estaciones.
La vivienda de Tamariu ocupó un lugar especial dentro de la conversación. Mestre la describió como un laboratorio personal sobre apropiación del lugar, paisaje y tiempo. Una casa concebida para observar cómo cambian la luz, el mar y la atmósfera mediterránea a lo largo del año. La conversación abordó también la relación entre arquitectura y memoria. Mestre explicó cómo muchos de sus proyectos incorporan materiales recuperados, elementos preexistentes o referencias emocionales vinculadas al lugar. Desde patios góticos desmontados y reconstruidos hasta troncos conservados como “guardianes de la memoria” dentro de viviendas contemporáneas.
La arquitectura apareció constantemente entendida como una suma de capas culturales y emocionales más que como un simple ejercicio formal. Otro de los temas recurrentes fue la relación entre arquitectura e intuición. El arquitecto reconoció que gran parte del proyecto nace de una mezcla entre experiencia acumulada y capacidad intuitiva, aunque matizó que muchas veces la intuición no es otra cosa que experiencia sedimentada después de décadas trabajando. “Quizás no es intuición; quizás es haber cometido muchos errores antes”, comentó entre risas.
La sesión avanzó después hacia proyectos de oficinas, retail y grandes espacios corporativos donde la iluminación se convierte en herramienta de identidad y experiencia. Uno de los ejemplos más comentados fue la reforma de L’Illa Diagonal, donde Mestre explicó cómo decidió oscurecer completamente determinadas áreas para que la propia iluminación se convirtiera en protagonista espacial. También compartió anécdotas de proyectos para Mutua Madrileña, Magic Box o rehabilitaciones patrimoniales en Francia y Barcelona, mostrando cómo la luz puede transformar desde edificios históricos hasta espacios comerciales contemporáneos. Más allá de las obras concretas, el encuentro dejó una idea transversal: la arquitectura no puede entenderse únicamente desde la técnica o la construcción.
La conversación reivindicó una mirada profundamente humanista del proyecto arquitectónico, donde literatura, viajes, filosofía, cine, memoria o música forman parte inseparable de la manera de proyectar. “Las personas también son lámparas”, llegó a afirmar Mestre al hablar de cómo determinados encuentros humanos transforman la percepción del mundo. La sesión cerró entre referencias a Goethe, Oscar Wilde y Le Corbusier, en una mezcla poco habitual de arquitectura, pensamiento y experiencia vital que terminó definiendo el verdadero espíritu de “Conversaciones Iluminadas”: generar espacios donde la arquitectura pueda hablar también de cultura, emoción y vida cotidiana, más allá de los discursos técnicos habituales.
Ese fue precisamente el verdadero espíritu de esta primera edición de “Conversaciones Iluminadas”: convertir la arquitectura en una conversación abierta sobre vida, pensamiento y experiencia humana.
Libros y textos citados
- “Light Years” — James Salter
- “Años luz” — traducción citada de Light Years
- “Elogio de la sombra” — Junichirō Tanizaki
- “La vida exagerada de Martín Romaña” — Alfredo Bryce Echenique
- “La balada de la cárcel de Reading” — Oscar Wilde
- “Epístola in carceris” — Oscar Wilde
- “Marca de agua” — Joseph Brodsky
- “El rastre blau de les formigues” — Pons Pons
- “Olvido que seremos” — frase citada por Octavi Mestre atribuyéndola a Borges durante la conversación
- “Le Monde de la pointe du crayon” — Danielle Poli
- “Los espacios para vivir y trabajar” —monografía del propio Octavio Mestre mencionada durante la charla







