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- Los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo 2026 han dado a conocer las obras finalistas de una edición marcada por la atención al contexto local, la reutilización del patrimonio construido, la eficiencia energética y la respuesta arquitectónica frente a la crisis climática. Más de 400 proyectos se han presentado en las categorías de Arquitectura, Interiorismo, Intervenciones Efímeras y Paisaje, según recoge el manifiesto del jurado.
- Arquitectura vinculada al territorio y a los recursos locales
- Paisaje, espacio público e infraestructuras verdes
- Urbanismo orientado al interés general
- Interiorismo y arquitectura efímera
- Circularidad y reversibilidad como criterios de sostenibilidad
- La arquitectura como herramienta social
- Un cambio de paradigma en la arquitectura contemporánea
Los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo 2026 han dado a conocer las obras finalistas de una edición marcada por la atención al contexto local, la reutilización del patrimonio construido, la eficiencia energética y la respuesta arquitectónica frente a la crisis climática. Más de 400 proyectos se han presentado en las categorías de Arquitectura, Interiorismo, Intervenciones Efímeras y Paisaje, según recoge el manifiesto del jurado.
El jurado, presidido por Margarita Jover y formado por Aleix Alexandre, Lola Domènech, Javier Jiménez, João Paupério y Carme Ribas, ha destacado especialmente aquellas propuestas capaces de responder a condiciones específicas de lugar, clima y comunidad, alejándose de soluciones universales y apostando por arquitecturas regenerativas, de bajo consumo material y estrechamente vinculadas a las geografías locales.
La edición de este año evidencia también el peso creciente de la rehabilitación y de la transformación de estructuras existentes como estrategia arquitectónica y ambiental. Según el jurado, muchos de los proyectos seleccionados incorporan criterios de economía de medios, reutilización patrimonial, reducción del consumo energético y empleo de materiales de proximidad como piedra, cerámica o madera local.
Arquitectura vinculada al territorio y a los recursos locales
Entre las tendencias más visibles de esta edición figura el uso de soluciones constructivas adaptadas al entorno inmediato. El manifiesto del jurado señala que numerosos proyectos incorporan estrategias pasivas para reducir el consumo energético, sistemas estructurales innovadores y materiales de kilómetro cero.
Las propuestas seleccionadas muestran igualmente un interés creciente por la recuperación de patrimonio construido y por la adaptación climática de edificios existentes. En este sentido, el jurado subraya que los programas europeos Next Generation han impulsado actuaciones centradas en la actualización energética y funcional del parque edificado.
Uno de los proyectos destacados es “Casa 2M y medio”, en Santiago de Compostela, de Dosesmas Arquitectos. La intervención apuesta por la regeneración del tejido histórico mediante la reutilización de materiales y sistemas constructivos originales, evitando la sustitución y priorizando la lectura honesta de las distintas capas históricas del edificio.
También sobresale el proyecto “Abby Kortrijk”, desarrollado por Barozzi Veiga y Tab Architects en Bélgica. La actuación transforma la antigua Abadía de Groeninge en un centro cultural y museo mediante una estrategia de continuidad arquitectónica y sostenibilidad basada en la permanencia de las estructuras existentes y la incorporación de nuevos espacios expositivos subterráneos.
En Valencia, el “Edificio Viciana”, de José Fernández-Llebrez Muñoz, reivindica la recuperación del uso residencial permanente en los centros urbanos históricos. El proyecto combina referencias de la arquitectura mediterránea tradicional con soluciones contemporáneas orientadas a la convivencia comunitaria y la sostenibilidad ambiental.
Paisaje, espacio público e infraestructuras verdes
La categoría de paisaje refleja la creciente preocupación de la arquitectura contemporánea por la adaptación urbana frente al cambio climático. El jurado destaca que las nuevas propuestas ya no se limitan al diseño formal del espacio público, sino que incorporan estrategias de biodiversidad, absorción de CO₂, gestión hídrica y conexión territorial.
Según el manifiesto, las ciudades compactas de la Península Ibérica afrontan retos vinculados a las islas de calor, la escasez o exceso de agua y la recuperación de espacios degradados o postindustriales. En respuesta, muchos proyectos seleccionados plantean infraestructuras verdes capaces de reconectar las ciudades con sus geografías y ecosistemas.
Entre las propuestas destacadas figura la “Escalera Mirador en la Vall del Paradís”, en Manresa, de Comas-Pont Arquitectes. La intervención recupera un tramo histórico del Camino de Ignacio de Loyola y restablece la conexión entre el casco antiguo y el paisaje del río Cardener mediante una infraestructura paisajística concebida como experiencia territorial y recorrido urbano.
El proyecto incorpora además una dimensión colaborativa, ya que su construcción exigió un complejo proceso técnico debido a la dificultad de acceso al emplazamiento. Los autores trabajaron conjuntamente con vecinos, industriales y administración municipal para integrar la intervención en el entorno natural y urbano.
Otro ejemplo es “Can Saltiri. Recuperación del acceso al Castillo de Rupit”, de Carles Enrich Studio. La propuesta mejora los recorridos peatonales y pone en valor el conjunto arqueológico y paisajístico mediante una actuación respetuosa con el patrimonio y el medio natural.
Urbanismo orientado al interés general
Las propuestas urbanísticas finalistas evidencian igualmente una orientación hacia modelos urbanos más mixtos, accesibles y resilientes. Uno de los proyectos más relevantes es el “Plan Especial Urbanístico y de Mejora Urbana para el desarrollo del tejido residencial delimitado por la MPGM en el ámbito de Fira de Barcelona y de La Modelo”.
La intervención redefine un área metropolitana infrautilizada mediante la incorporación de vivienda pública, equipamientos y espacios libres, priorizando criterios de movilidad activa, cohesión social y gobernanza pública del suelo. El proyecto apuesta por la regeneración urbana frente a la expansión y propone una estrategia territorial adaptable al futuro.
En el ámbito rural, el “Plan Básico Municipal del Ayuntamiento de Porqueira”, en Ourense, introduce una metodología de planeamiento sensible al territorio y al paisaje tradicional gallego. El documento incorpora cartografías detalladas y reconocimiento directo del territorio para identificar elementos patrimoniales y ambientales habitualmente ignorados por el urbanismo convencional.
Interiorismo y arquitectura efímera
La edición 2026 refleja asimismo una gran diversidad de lenguajes en las categorías de interiorismo e intervenciones efímeras. El jurado señala el uso combinado de materiales tradicionales y reciclados, así como la aparición de propuestas de bajo coste basadas en estrategias cromáticas, mono-materialidad y reinterpretaciones contemporáneas del postmodernismo.
Entre las intervenciones efímeras finalistas destaca “La padrina i les pertinences de la domesticitat”, de Xevi Bayona Camó (Bayona Studio), instalada en el Pabellón Mies van der Rohe de Barcelona.
El jurado valora la capacidad de la instalación para generar distintas lecturas sobre la cotidianidad y la adaptación de la arquitectura a diversas formas de vida. Mediante el uso de la simetría y la inversión espacial del pabellón, la propuesta sitúa al espectador en el centro de un relato íntimo vinculado a los objetos cotidianos de una persona fallecida recientemente.
La intervención transforma temporalmente la percepción del emblemático edificio de Mies van der Rohe y plantea una reflexión sobre memoria, domesticidad y espacio arquitectónico.
Circularidad y reversibilidad como criterios de sostenibilidad
La sostenibilidad aparece en muchos proyectos no solo desde la eficiencia energética, sino también desde la reversibilidad constructiva y la reducción del consumo material. Un ejemplo es la “Galería de Arquitectura de Madrid”, de Ignacio Borrego Gómez-Pallete, ubicada en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
La intervención utiliza ensamblajes reversibles y sistemas desmontables que permiten modificar o reutilizar completamente la instalación sin generar residuos ni alterar el soporte existente. Bajo el lema “Mañana te lo devuelvo”, el proyecto reivindica una arquitectura temporal y circular basada en el mínimo impacto material y energético.
El documento del jurado insiste en que muchas de las propuestas seleccionadas priorizan el bienestar de las personas, la calidad ambiental y el uso colectivo de los espacios.
Ese enfoque resulta visible en proyectos como la “Guardería en Ávila”, de Arturo Blanco y Alegría Colón (BmasC), reconocida por su capacidad para integrar a los niños en el entorno cotidiano mediante transparencias, patios vinculados a las aulas y espacios de convivencia democráticos. El jurado considera que la obra se ha convertido en una de las guarderías más influyentes de las últimas dos décadas.
También el “Pabellón de servicios y alberca en Tibi”, de noname29 Alfredo Payá, explora la relación entre arquitectura y paisaje rural mediante una intervención que combina agua, vegetación, topografía y sombra para generar espacios de uso compartido vinculados a la vida agrícola y doméstica.
Un cambio de paradigma en la arquitectura contemporánea
El manifiesto del jurado interpreta esta edición como reflejo de un cambio de paradigma en la arquitectura contemporánea. Frente a modelos globalizados y homogéneos, los proyectos seleccionados apuestan por soluciones específicas, regenerativas y conectadas con los recursos locales, las historias comunitarias y las condiciones climáticas particulares.
El jurado considera que el compromiso con el lugar se ha convertido en un motor de creatividad e innovación arquitectónica. En algunos casos, las propuestas incluso trascienden los límites disciplinares tradicionales y redefinen los objetivos del proyecto mediante procesos colaborativos con clientes, instituciones o comunidades locales.
La edición 2026 de los Premios FAD confirma así la consolidación de una arquitectura orientada a la rehabilitación, la reducción del impacto ambiental y la generación de espacios capaces de responder simultáneamente a retos sociales, culturales y climáticos.
































