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ArquitecturaLa percepción del espacio en oriente y occidente: de patanjali a juhani pallasmaa

La percepción del espacio en oriente y occidente: de patanjali a juhani pallasmaa

Frente a la hegemonía visual, arquitectos y pensadores reivindican la experiencia multisensorial como clave para diseñar espacios más saludables y significativos

El Dato
Más del 85 por ciento de las decisiones residenciales se toman actualmente a partir de criterios visuales y racionales, a menudo mediadas por imágenes digitales. Recuperar el uso completo de los sentidos es clave para crear espacios más humanos y saludables

El confort arquitectónico no depende solo de parámetros técnicos, sino de cómo los cuerpos perciben el espacio a través del oído, el tacto, el olfato y la intuición

Rescatamos un lucido texto de Toni Solanas Arquitecto por la ETSAB (1971). Es Premi Ciutat de Barcelona 1987 por la rehabilitación de la fachada de la casa Granell de la calle Girona 122, y miembro del equipo finalista del Premio FAD 1990 y del premio Década 2000 por la Biblioteca Joan Miró en Barcelona. Solanas ha desarrollado su interés por fomentar la aproximación entre la arquitectura y la sostenibilidad mediante el ejercicio privado de la profesión, la divulgación y la gestión, con obras y proyectos.

La magia y el simbolismo son elementos fundamentales, en muchas culturas antiguas y actuales, para percibir y comprender la realidad e interpretar el mundo. Ello no es así en nuestra cultura occidental actual. No sé si fue Santo Tomás, con la famosa frase de “si no lo veo no lo creo” quién inició la bifurcación de caminos, pero seguro que la modernidad, la revolución industrial y la tan exigida “evidencia científica” han evolucionado por otros derroteros en los que la razón y el sentido de la vista predominan claramente sobre otras formas de conocimiento. En el campo de los sentidos, la prioridad de la vista ha relegado el olfato, gusto, tacto y oído a sensores secundarios o especializados. Aquellas culturas buscaban “el buen lugar” para vivir utilizando todos los sentidos. Hoy, priorizamos razones de otra índole, (precio, proximidad a la escuela de los hijos o el lugar del trabajo, etc.), y muchas veces únicamente mediante fotografías, decidimos nuestro lugar para vivir. Pero elegimos “el buen lugar”.

Es cierto que gracias al telescopio y el microscopio, podemos VER lo más lejano y lo más pequeño, y que ello ha conllevado grandes avances para la humanidad, y que gracias a Descartes, Pascal, Newton y tantos otros, hemos ampliado nuestro campo de conocimiento de manera extraordinaria. Sin embargo – y no critico ni me opongo a nada de ello- algo se ha perdido por el camino: la percepción de lo sutil, la percepción de aquel mundo invisible, no necesariamente mágico, pero si real que quizás el cuerpo del ciego, el artista o el místico siente y percibe. 

La representación de la realidad, sea de la naturaleza, de los espacios arquitectónicos, ya sea imaginada, o reproducida más o menos fielmente, experimenta profundas variaciones a lo largo de los siglos, y se realiza según sea la intención y la visión del mundo que tenga el “artista” que la representa. Por qué la representación de lo real refleja la manera de comprenderlo, de verlo, sentirlo, percibirlo…. O venderlo. Y esto aplicado, el mundo de la arquitectura y el arte es una historia apasionante.

La representación de la realidad, y también, por lo tanto, la de los espacios en los que habitar, ha pasado a lo largo de la historia por etapas de simbolismo, realismo o abstracción, y el objetivo puede ser instruir, aleccionar, reproducir fielmente, o bien profundizar en su conocimiento y comprensión. Recuerdo a menudo una frase del arquitecto Francisco Javier Barba Corsini, en una entrevista que le hicieron en la Contra de La Vanguardia, “El conocimiento profundo de la realidad es uno de los mayores placeres qe le ha sido dado al ser humano”. Un placer al que podríamos definir como profundo pero sutil, nada espectacular, con una intensidad mesurada y una larga duración en su efecto.

En el mundo del arte la representación de la realidad experimenta un cambio profundo durante el Renacimiento italiano. De la representación simbólica previa, propia de la Edad Media, se pasa a la reproducción fiel mediante el descubrimiento de la perspectiva. Descubrimiento que inicia Brunelleschi, ante la catedral de Santa María del Fiore en Florencia, hacia 1425. Cien años más tarde, Alberto Durero publica su Manual del pintor (imagen 1). En él, el artista expone y detalla diversos instrumentos para poder obtener una reproducción de la realidad lo más fiel y realista posible. El último es un dibujo del propio artista en el que representa como dibujar a una voluptuosa mujer tendida en un banco óptico. A la derecha del dibujo, el artista dirige su línea de visión a través de un bastidor con una cuadrícula de hilos negros tensados que fragmentan y cuadriculan la figura femenina en pequeñas porciones más fáciles de reproducir. Esta imagen refleja muy bien como al ganar en precisión se pierde en pasión. Se “ve” mejor, pero se “siente” peor. Lo subjetivo deja paso al ideal de objetividad que da pie al conocimiento científico. La cuadrícula ha sido un recurso habitual en diversas culturas para crear el orden que necesita el poder, pero también para generar orientación; para marcar fronteras, y para protegernos frente a mundos oníricos y peligrosos. La cuadrícula se convierte en metáfora de la razón.

Este proceso de ampliar las capacidades de percepción humana, tanto en la visión, como en la ampliación de las capacidades de los sentidos mediante inventos y descubrimientos sucesivos, nos dirige hacia lo no visible, hacia los mundos sutiles. “Hoy los científicos han penetrado en el mundo visual de los animales y más allá, porque comprenden el espectro electromagnético…Todos nuestros sentidos han sido ampliados por la ciencia” 

Pero en este avanzar fragmentando se va perdiendo visión de conjunto. El profundizar en aspectos parciales, hecho que produce indudables mejoras en el conocimiento, lleva pareja la paradoja de que al mismo tiempo se están perdiendo otros aspectos del conocimiento sensorial y holístico, se pierden las relaciones entre las partes que son tan sustanciales como las partes en sí mismas. En la percepción de los espacios, esto se traduce en un progresivo encumbramiento del sentido de la vista, de aquello visual por encima de los restantes cuatro sentidos: oído, taco, gusto y olfato. La paradoja es que la visión del mundo enriquece y empobrece al mismo tiempo la comprensión del mismo. 

La enriquece permitiendo ver realidades antes imaginadas, lo que, en ocasiones, produce profunda sorpresa y sufrimiento cuando lo que se comprueba como real es muy distinto a lo imaginado. En la Edad Media, se concebían el sol y los planetas como creaciones directas de Dios y como tal forma perfecta. Cito textualmente la bella descripción que hace Arthur Zajonc: “En 1609, Galileo supo de la existencia de unas “gafas de perspectiva” –a las que hoy llamaríamos telescopio-… Al apuntar sus nuevos instrumentos a los cielos, invadió el espacio sagrado con mentalidad secular y científica…Al “mirar a los cielos”, no vio ángeles y perfección, sino cráteres y montañas en lo que antaño había sido la pulida superficie de la luna…e incluso el Sol, fuente de la luz pura de Dios, estaba enturbiado por imperfecciones espantosas, las manchas solares. La perfección se evaporó”. Cabe imaginar la sorpresa mayúscula de Galileo, pero lo importante es subrayar que este paso significa un cambio en la percepción del mundo de ciento ochenta grados.

1/Este proceso está bellamente narrado en la obra “Capturar la luz” de ARTHUR ZAJONC. Ed. Atalanta. Vilaür. 2015. Además Arthur Zajonc és el Presidente de la entidad “Mind and life” Fundación creada por el Dalai Lama, el científico chileno Francisco Varela y el empresario Adam Engle. www.mindandlife.org 
2/Blog del venezolano Lorenzo Dávalos 19 noviembre 2009.
3/Edward O. Wilson “Consilience. La unidad del conocimiento”. Ed. Galaxia Gutemberg Barcelona 1999.
4/Op. Cit. Arthur Zajonc, pàg. 84

El empobrecer se comprende si nos damos cuenta de que el ver está cojo sin el sentir. A ello podemos añadir la facilidad con la que el sentido del ojo puede ser engañado, como nos demostró Escher con sus escaleras imposibles.

Resultado de imagen de escaleras de escher

 Si nos remontamos a diez y ocho siglos atrás, y nos vamos hacia las viejas culturas orientales, encontramos al sabio profesor de yoga Patanjali, que nos indica el gradiente con el que nuestros sentidos pueden percibir la realidad, a través de sus cinco elementos. Curiosamente, la vista no es el sentido más rico en capacidad de percibir la naturaleza, le sobrepasan el oído y el tacto. Claro que esto era en su tiempo, dudo que hoy el sentir general se incline por esta clasificación, la vista se ha vuelto hegemónica.

PERCEPCIONES SEGÚN PATANJANI
SENTIDO ELEMENTOSONIDOTACTOVISTAOLFATOGUSTO
TIERRAXXXXX
AGUAXXXX 
FUEGOXXX 
AIREXX 
ÉTERX    

La supremacía de la vista en la representación arquitectónica conlleva también perder las habilidades de los sentidos del oído y el tacto para percibir las realidades más sutiles que los antiguos poseían y hoy por suerte se está recuperando en cursos y jornadas diversas.  Entiendo el sentido del tacto en su sentido más amplio, no solo el de las caricias sino la percepción que nuestro cuerpo en general tiene del espacio que le rodea. Y el del oído también en el amplio registro que comprendería la iluminación de los místicos, la inspiración de las musas para los artistas, la telepatía, la percepción de las energías telúricas y cósmicas, todas aquellas fuentes de sabiduría que tan bien manejaban los antiguos para buscar el buen lugar, y que hoy nosotros hemos perdido.

 El pensamiento de Patanjali está recogido por BKS IYENGAR en el libro “Luz sobre los yoga sutras de Patanjali” de Ed. Kairós.

El pensamiento de Patanjali está recogido por BKS IYENGAR en el libro “Luz sobre los yoga sutras de Patanjali” de Ed. Kairós.

El confort que proporciona situarse en lugares energéticamente beneficiosos para una función determinada, como dormir, significa poseer una capacidad de percibir lo sutil, un saber captar un nivel de bienestar que, en nuestra evolución desde el homo sapiens hacia el homo-robóticus, estamos perdiendo. Nos estamos des-sensibilizando si se me permite la expresión. La sociedad de consumo conduce a “ver” primordialmente lo espectacular, a la vez que impide “sentir” lo sutil por el excesivo “ruido” de lo cotidiano

Desde la filosofía también se detecta esta otra visión de la proximidad que consiguió Galileo con el telescopio. Hay una filosofía de la proximidad que no tiene nada que ver con la amplificación de la lupa. Josep M. Esquirol cita a Lévinas cuando trata la dimensión de la sensibilidad, la cual, a su vez, tiene en el tacto (y no en la vista) la manifestación más avanzada: “Pero lo sensible se ha de interpretar primordialmente como tacto” El gusto de las cosas y el tacto de la piel. En general hemos otorgado demasiada importancia, peso y protagonismo a la vista: mirada desde la distancia, visión de conjunto, contemplación… Sin embargo, la misma vista podría interpretarse como tacto. “Se ve y se oye como se toca” dice Lévinas. La “mirada atenta” pretende, en parte, interpretar la mirada como tacto, entenderla como una especie de aproximación con tacto.”

Esta misma capacidad de percibir lo sutil, la encontramos de manera poética en Juhani Pallasmaa; ya por el título de sus obras (“Los ojos de la piel”, “La mano que piensa”, “La imagen corpórea”) sabemos que nos encontramos ante alguien que sí sabe captar estas percepciones de la realidad y de los espacios habitados con algo más que la vista: “La experiencia auditiva más primordial creada por la arquitectura es la tranquilidad” O también: “…la habilidad más importante del arquitecto es convertir la esencia multidimensional del trabajo proyectual en sensaciones e imágenes corporales y vividas; finalmente, toda la personalidad y el cuerpo del proyectista se convierte en el lugar del trabajo arquitectónico, que es vivido en lugar de entendido.”Y todavía más claramente: “Entrar en un espacio… supone un intercambio repentino e inconsciente; entro y ocupo el espacio, el espacio entra y me ocupa. Las imágenes no visuales se convierten también en parte integral de este encuentro, en una forma corpórea. Las imágenes visuales, auditivas, táctiles, olfativas y gustativas, poetizadas son todas ellas “criaturas” experienciales de nuestro mundo vivido.”

Porque en realidad todo lo que estamos exponiendo tiene que ver con la salud de las personas, entendida no solo como ausencia de enfermedades, sino como estado de bienestar. Que, no por casualidad, coincide con la definición de confort que dan los diccionarios (¿todavía hay quién cree que el confort lo da la moqueta?, hoy sabemos que acostumbra a ser fuente de patologías para la salud) 

Entremos en ejemplos más cotidianos dentro del mundo de la construcción. Sabemos que el calor radiante, calienta en primer lugar los elementos más densos, hecho que si lo aplicamos a nuestro cuerpo, a nuestro “tacto”, significa que el calor del sol calienta primero nuestros huesos, de ahí que la agradable sensación de calorcillo de un día soleado de invierno o primavera se prolonga bastante tiempo después de haber recibido los rayos del sol. Esto trasladado a nuestra capacidad de “sentir” el confort de un espacio significa que el calor radiante desprendido por un suelo o muro radiante es mucho más agradable que el calor por convección, al que estamos acostumbrados en la mayoría de edificios.

6/ Josep Maria Esquirol. “La resistència íntima. Assaig d’una filosofía de la proximitat” Ed. Quaderns Crema. 2015
7/ Emmanuel Lévinas. “En decouvrant l’existence avec Husserl et Heidegger”. París 1987 Cita extraída del libro de Josep Maria Esquirol.
8/ Juhani Pallasmaa “Los ojos de la piel” Ed. GG segunda edivión ampliada. Barcelona 2014
9/ Juhani Pallasmaa “La mano que piensa” Ed. GG Barcelona 2012.
10/ Juhani Pallasmaa “La imagen corpórea” Ed. GG Barcelona-
11/ Marta Povo “El hemisferio olvidado. Canalización, inspiración y comunicación” Ed. Harmonía’s. 2010.

Lo mismo sucede con los niveles de humedad. Sabemos que nuestro “tacto”, nuestro cuerpo, se encuentra mejor entre un 40-60% de humedad ambiente que en situaciones muy secas (con peligro de generar electricidad estática), o muy húmedas, (por el riesgo de aparición de mohos). No es casualidad que un revoco de 2 cm. de arcilla proporcione estas condiciones óptimas de confort y salud. Afortunadamente, arquitectos de prestigio, como Peter Zumpthor, están aplicando este material en sus obras, por qué desgraciadamente existe una percepción sobre este -y otros materiales orgánicos- como propios de pobres, hippies, mundo rural o tercermundista, cuando la calidez y confort que proporcionan los materiales naturales como la arcilla o la madera, es muy superior a la de los plásticos o metales industrializados.

Pero el sentir la humedad y el tipo de calor afecta a nuestra parte más densa, podemos percibir, sentir otras influencias más sutiles que afectan nuestro bienestar, aunque más que sentir dicen algunos resentir, porque se trata de recuperar facultades olvidadas, perdidas en estos siglos de racionalismo exultante. Y no se trata de perder el uso de la razón, faltaría más. “Se trata de recuperar el hemisferio derecho, aquel que nos proporciona otras formas de conocimiento, disminuidas por el predominio del hemisferio izquierdo: la creatividad, la inspiración, la mediocridad, la intuición y la comunicación no lógica, inmediata y sensitiva, ante otro hemisferio, el izquierdo, el del raciocinio y la lógica que ha sido magnificado los últimos trescientos años. Se trata de no caer en maniqueísmos, sino buscar el equilibrio que nos proporcione una comprensión profunda de la realidad de los lugares y los espacios, mediante la radiestesia, la percepción de las energías de los lugares y el recuperar viejas sabidurías hoy olvidadas y, a menudo, vilipendiadas.

Hoy, desde la neurociencia, y en particular la neuroarquitectura, y también desde el mundo de la prevención de la salud, se estudia la calidad, la bondad de los lugares habitados, de los materiales y técnicas constructivas utilizadas, y se investiga en relación con la percepción de los espacios desde distintas disciplinas. Hoy sabemos que el estudio de las radiaciones naturales y artificiales permite discernir qué lugares son más saludables, sabemos que la composición de los materiales influye en nuestra salud, y nuestro bienestar y confort, sabemos que podemos crear espacios mucho más armónicos de lo que se hace habitualmente, espacios que se encuentren en “el buen lugar” y que nos faciliten “el buen vivir”. En el Espai Txema (c./ Montalegre 4 de Barcelona) sede de la asociación BaM (Bioarquitectura Mediterránea) mucha gente cuando entra, en particular niños, manifiesta su sensación de estar en un lugar agradable. En esta pequeña construcción se tuvieron en cuenta los criterios y filosofía explicados anteriormente. Algunas imágenes muestran el edificio y muestras de materiales que favorecen la salud. Ojalá volvamos a aprender a recuperar las “sensibilidades” más sutiles para crear y gozar de edificios saludables, en los que recuperemos las agradables sensaciones del “buen lugar”, para poder alcanzar el “buen vivir”.

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