
El arquitecto chileno Smiljan Radić ha sido galardonado con el Premio Pritzker 2026, el reconocimiento más prestigioso de la arquitectura a nivel mundial. La distinción consolida el creciente protagonismo de la arquitectura latinoamericana en el debate global sobre el futuro del entorno construido y reconoce una obra que combina investigación material, sensibilidad territorial y una profunda reflexión sobre la experiencia del habitar.
El Premio Pritzker, creado en 1979 por la Fundación Hyatt, reconoce cada año a un arquitecto vivo cuya obra haya realizado una contribución significativa a la humanidad y al entorno construido. Entre los ganadores latinoamericanos destacan figuras como Oscar Niemeyer, Paulo Mendes da Rocha o Alejandro Aravena, a los que ahora se suma Smiljan Radić.
El arquitecto chileno Smiljan Radić ha sido anunciado como ganador del Premio Pritzker 2026, el galardón considerado el Nobel de la arquitectura. El reconocimiento distingue una trayectoria que, durante más de tres décadas, ha explorado nuevas formas de relación entre arquitectura, paisaje y experiencia humana.
Nacido en Santiago de Chile en 1965, Radić se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile y posteriormente amplió estudios de estética en la Universidad IUAV de Venecia. Desde la fundación de su estudio en la década de 1990, su práctica ha desarrollado una arquitectura experimental caracterizada por el uso híbrido de materiales, la reinterpretación de tradiciones culturales y una fuerte conexión con el contexto natural y social de cada proyecto.
El jurado del premio ha destacado especialmente la capacidad de su obra para integrar fragilidad, emoción y memoria en la arquitectura. Sus proyectos, lejos de los gestos icónicos asociados a la arquitectura espectáculo, exploran formas más introspectivas de habitar el espacio y proponen edificios que dialogan con el clima, el paisaje y las condiciones culturales del lugar.
Entre sus obras más conocidas se encuentran el Teatro Regional del Biobío en Concepción, el restaurante Mestizo en Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino o el pabellón de la Serpentine Gallery en Londres en 2014, una instalación efímera que consolidó su proyección internacional.
Una arquitectura entre lo artesanal y lo experimental
Una de las características más singulares del trabajo de Radić es la combinación entre una práctica casi artesanal —con un estudio de tamaño reducido— y la exploración de soluciones técnicas innovadoras. Sus proyectos suelen investigar nuevas formas de relación entre materiales naturales e industriales, entre lo permanente y lo temporal o entre arquitectura y arte.
Este enfoque ha dado lugar a una obra difícil de encasillar, en la que los edificios parecen surgir del paisaje o reinterpretar elementos ancestrales desde una mirada contemporánea. En muchos casos, sus proyectos se inspiran en la memoria cultural del lugar o en referencias arquitectónicas históricas que se reinterpretan mediante técnicas actuales.
Radić también fundó en 2017 la Fundación de Arquitectura Frágil, una iniciativa que promueve la investigación y experimentación arquitectónica desde una perspectiva crítica sobre la permanencia y el papel cultural de los edificios en la sociedad contemporánea. (
Un reconocimiento para la arquitectura latinoamericana
Más allá de la trayectoria individual del arquitecto chileno, la concesión del Premio Pritzker 2026 tiene una lectura más amplia para la arquitectura latinoamericana. En las últimas décadas, la región ha ganado visibilidad internacional gracias a una generación de arquitectos que han desarrollado una arquitectura profundamente vinculada al territorio, a los recursos disponibles y a las realidades sociales locales.
El reconocimiento a Radić se suma al de otras figuras latinoamericanas premiadas en las últimas décadas, como el brasileño Paulo Mendes da Rocha o el chileno Alejandro Aravena, y confirma el creciente interés del jurado del Pritzker por prácticas arquitectónicas que priorizan la sostenibilidad, la dimensión social y la pertinencia cultural frente a los gestos formales de gran escala.
En este contexto, la arquitectura latinoamericana se ha convertido en uno de los laboratorios más influyentes para repensar el papel de la arquitectura en el siglo XXI, explorando modelos de diseño más atentos al clima, al paisaje y a las necesidades reales de las comunidades.
La elección de Smiljan Radić como laureado del Premio Pritzker 2026 no solo reconoce una trayectoria singular, sino que también refuerza la presencia de América Latina en el panorama internacional de la arquitectura contemporánea.
















