En el panorama de la arquitectura del vino en España, la integración en el entorno no es un fenómeno reciente, sino una condición inherente a su desarrollo tradicional, especialmente en regiones como la Ribera del Duero o La Rioja, donde las bodegas subterráneas han formado parte del paisaje durante siglos. Sin embargo, en las últimas décadas han coexistido con esta tradición propuestas más singulares y expresivas, impulsadas por arquitectos de reconocido prestigio, que buscan dotar a estas infraestructuras de una mayor visibilidad y capacidad representativa. En este contexto híbrido, la arquitectura del vino oscila hoy entre la continuidad con el territorio y la voluntad de convertirse en un elemento icónico.
En este marco se sitúa la ampliación de Bodegas La Horra, en la Ribera del Duero burgalesa, proyectada por Carme Pinós. El proyecto se inscribe claramente en una lógica de integración en el territorio, tanto por su implantación como por las soluciones constructivas adoptadas. La intervención completa un proceso iniciado en 2009 por el Grupo RODA y consolida un modelo basado en la adaptación al entorno, la continuidad con el paisaje vitivinícola y la optimización de los recursos naturales.
De la arquitectura icónica a la integración paisajística
España cuenta con ejemplos ampliamente difundidos de bodegas diseñadas por arquitectos de proyección internacional, como la Ciudad del Vino de Marqués de Riscal de Frank Gehry o la bodega Ysios de Santiago Calatrava. Estas intervenciones han contribuido a posicionar la arquitectura del vino como un ámbito de experimentación formal y proyección cultural.
Más recientemente, algunos proyectos han evolucionado hacia planteamientos donde la sostenibilidad y la integración territorial adquieren mayor protagonismo. Un caso significativo es la bodega de Perelada, diseñada por RCR Arquitectes, que incorpora estrategias pasivas y criterios de bajo impacto ambiental.
Frente a los modelos más icónicos, la ampliación de Bodegas La Horra se sitúa en esta segunda línea, donde la arquitectura se concibe como parte del paisaje productivo.
Arquitectura semienterrada en la Ribera del Duero
El proyecto se desarrolla en una finca de 25 hectáreas en el término municipal de La Horra, entre viñedos de tempranillo y masas de pinar. La nueva bodega, con una superficie de 4.700 m², se implanta aprovechando una oquedad natural en la ladera, lo que permite semienterrarla y reducir tanto su impacto visual como su demanda energética.
Esta estrategia recupera la tradición de las bodegas subterráneas de la Ribera del Duero, donde la inercia térmica del terreno ha sido históricamente un recurso fundamental para garantizar condiciones estables de temperatura y humedad.
Sistema productivo y estrategias pasivas
La organización del edificio responde a un sistema de vinificación por gravedad, que optimiza el proceso productivo y reduce la necesidad de bombeo mecánico. La ventilación se resuelve mediante zarceras, elementos tradicionales reinterpretados que permiten la renovación del aire de forma natural, adaptándose a las distintas fases de elaboración.
La climatización se apoya en la geotermia natural del terreno, eliminando la necesidad de sistemas convencionales basados en combustibles fósiles. A ello se suma la incorporación de energía solar y sistemas de iluminación LED de bajo consumo, configurando un modelo de alta eficiencia energética.
Materialidad y construcción
El proyecto emplea hormigón visto ejecutado mediante encofrado de cañizo, una solución que aporta textura y vinculación con técnicas tradicionales. En el interior se utilizan revestimientos de ‘viroc’, un material compuesto de madera y cemento que contribuye a mejorar el confort ambiental.
La cubierta se resuelve como una gran superficie ajardinada que sigue las curvas de nivel del terreno, reforzando la continuidad entre arquitectura y paisaje.
Culminación de un proceso iniciado en 2009
La ampliación corresponde a la tercera fase del desarrollo de Bodegas La Horra. Tras una primera etapa dedicada a la elaboración y una segunda centrada en la crianza, el nuevo edificio integra las principales funciones productivas, mientras que las instalaciones existentes pasan a desempeñar funciones logísticas.
El proyecto ha contado con la participación de Vértice21 Ingeniería y la ejecución de la constructora Inexo, con una inversión estimada de 9,5 millones de euros. En la actualidad, la bodega se encuentra finalizada y operativa, completando el conjunto iniciado más de una década atrás.
Arquitectura, paisaje y proceso productivo
La propuesta de Carme Pinós plantea una arquitectura que no busca imponerse sobre el territorio, sino formar parte de él. La relación entre edificio, viñedo y proceso productivo se articula como un sistema continuo, donde cada decisión —desde la implantación hasta la materialidad— responde a criterios de coherencia ambiental y funcional.
Este enfoque confirma una evolución dentro de la arquitectura del vino en España hacia modelos más eficientes, discretos y vinculados al lugar, en los que la sostenibilidad y la integración territorial se consolidan como valores centrales del proyecto.



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