Barcelona sigue explicándose a sí misma a través de dos nombres que, más de un siglo después, continúan profundamente presentes en cualquier reflexión sobre arquitectura, urbanismo y ciudad: Antoni Gaudí e Ildefons Cerdà. Dos figuras distintas, incluso aparentemente opuestas, pero que acabaron definiendo buena parte de la identidad física, cultural y urbana de Barcelona.
Bajo esta idea, ConstruNews celebró este miércoles en Cosentino City Barcelona una nueva sesión del ciclo “Reinventing the Building”, dedicada en esta ocasión a analizar la vigencia contemporánea del legado de Gaudí y Cerdà y su relación con algunos de los grandes desafíos actuales de las ciudades: sostenibilidad, densidad, movilidad, crecimiento metropolitano, rehabilitación, reutilización y calidad urbana.
La sesión, celebrada bajo el título “Año Gaudí vs Año Cerdà”, reunió a Joan Olona, arquitecto técnico especializado en rehabilitación patrimonial y vinculado desde hace más de catorce años a las intervenciones desarrolladas en Casa Batlló, y a Teresa Navas, historiadora, doctora en Geografía y profesora de la UPC especializada en historia urbana y en la figura de Ildefons Cerdà. La conversación estuvo moderada por Xavier Jiménez, director de ConstruNews.
Desde el inicio, ambos participantes dejaron claro que el debate no debía entenderse como una confrontación entre dos modelos incompatibles, sino como una reflexión sobre cómo Barcelona sigue viviendo dentro de dos herencias complementarias. “Barcelona es como es gracias a Cerdà, y la hemos convertido en una determinada ciudad gracias a Gaudí”, resumió Joan Olona durante una de las primeras intervenciones del encuentro.
El Eixample como estructura de resistencia urbana
Uno de los grandes temas de la conversación fue la capacidad extraordinaria del modelo urbano diseñado por Ildefons Cerdà para absorber durante más de 150 años las sucesivas transformaciones económicas, sociales y demográficas de Barcelona.
Teresa Navas recordó que el Pla Cerdà fue un proyecto absolutamente revolucionario para su época. No solo por su escala, sino por la manera en que planteaba una ciudad higienista, abierta, racional e igualitaria en plena industrialización. “Era un pragmático y un reformador social”, explicó Navas.
La profesora recordó que la Barcelona amurallada sufría graves problemas de densidad e insalubridad y que Cerdà planteó una ciudad pensada desde criterios de ventilación, movilidad y salud pública. “Caminar es uno de los elementos de la dignidad del hombre”, recordó Navas citando uno de los textos escritos por el urbanista en 1863.
Durante el debate explicó también que el modelo original del Eixample incluía interiores verdes de manzana, una menor densidad edificatoria y calles concebidas desde una lógica profundamente igualitaria. “Él defendía que todos los carriles debían tener veinte metros, porque no quería una jerarquización social del espacio urbano”, señaló.
Sin embargo, la conversación derivó rápidamente hacia cómo el desarrollo posterior de Barcelona fue alterando profundamente muchas de aquellas ideas originales. La desaparición de espacios verdes interiores, la densificación progresiva del Eixample y el peso de la especulación inmobiliaria transformaron el equilibrio inicial diseñado por Cerdà. “El interior de manzana debía ser verde y abierto, pero acabó ocupándose por talleres, almacenes y nuevas construcciones”, explicó Navas.
A pesar de ello, ambos participantes coincidieron en destacar la enorme capacidad de resistencia del modelo urbano. “El modelo ha aguantado todo lo que le hemos hecho”, señalaron durante la conversación.
Reivindicar al Gaudí constructor
Otro de los grandes ejes del debate fue la necesidad de reinterpretar la figura de Antoni Gaudí desde una perspectiva más técnica y menos centrada únicamente en la dimensión formal o turística de su obra. “Todavía no hemos explicado a Gaudí como deberíamos explicarlo”, afirmó Joan Olona.
El arquitecto técnico defendió que históricamente se ha explicado a Gaudí sobre todo desde lo visual y simbólico, dejando en segundo plano aspectos fundamentales relacionados con la construcción, el conocimiento material y la innovación técnica. “Se ha explicado mucho el Gaudí formal y muy poco el Gaudí constructor”, señaló.
Olona explicó que los trabajos de rehabilitación realizados en Casa Batlló durante los últimos años han permitido descubrir un arquitecto extraordinariamente avanzado en cuestiones relacionadas con reutilización, sostenibilidad y optimización constructiva. “A día de hoy hacemos reformas y tiramos absolutamente todo al contenedor. Gaudí reutilizaba puertas, pavimentos, vigas… prácticamente todo”, comentó.
El arquitecto vinculó directamente estas prácticas con muchos de los conceptos actuales relacionados con economía circular y reutilización de materiales. “Ahora hablamos de reutilización como si fuera algo nuevo, pero Gaudí ya trabajaba así”, añadió.
Una Barcelona irrepetible
La conversación derivó también hacia el extraordinario momento cultural y creativo que vivía Barcelona a finales del siglo XIX y principios del XX. Olona recordó cómo en aquella ciudad coincidieron figuras como Gaudí, Picasso o Rafael Masó en un contexto de enorme efervescencia cultural, industrial y técnica. “En aquella Barcelona estaba pasando algo muy potente”, afirmó.
El arquitecto insistió en que buena parte de aquella arquitectura solo fue posible gracias a la existencia de una red extraordinaria de artesanos, industriales y técnicos especializados. “Había una estructura de país detrás de aquella arquitectura”, señaló.
Durante el encuentro lamentó además la progresiva desaparición de muchos de esos oficios y capacidades constructivas tradicionales.
Rehabilitar en lugar de crecer
A medida que avanzaba la sesión, la conversación fue abandonando progresivamente el terreno histórico para entrar de lleno en algunos de los grandes desafíos urbanos contemporáneos. Uno de los conceptos que apareció con más fuerza fue el del decrecimiento. “La arquitectura y el urbanismo siempre han pensado en crecer. Ahora tenemos que aprender a decrecer”, afirmó Joan Olona.
La reflexión abrió un debate muy intenso sobre el agotamiento del modelo expansivo de las ciudades y sobre la necesidad de centrar el futuro urbano en rehabilitación, reutilización y mejora del parque construido existente. Olona defendió que existe actualmente una nueva generación de arquitectos muy vinculada a sostenibilidad, materiales de proximidad y técnicas tradicionales, aunque con enormes dificultades para consolidarse dentro del mercado actual. “Estamos viviendo un momento arquitectónico muy interesante, pero el mercado no siempre acompaña”, señaló.
El automóvil y el modelo metropolitano
La movilidad y el impacto del automóvil ocuparon también buena parte de la conversación. Teresa Navas recordó que Cerdà jamás pudo imaginar el nivel de ocupación del espacio urbano que acabaría teniendo el coche durante el siglo XX. “Cerdà no podía imaginarse el coche”, afirmó. Por su parte, Joan Olona cuestionó directamente el modelo actual de movilidad metropolitana. “Cada mañana salen miles de coches de Barcelona y al mismo tiempo entran miles de coches. Hay algo que no funciona”, señaló. La conversación derivó entonces hacia el crecimiento demográfico de Cataluña y el impacto que supondrá una población cercana a los diez millones de habitantes.
Teresa Navas recordó que Cataluña ha funcionado históricamente con una fuerte centralidad barcelonesa y que esa dinámica sigue condicionando profundamente el territorio. “El país ha funcionado históricamente con una gran cabeza que concentra actividad y población”, explicó.
La pregunta del público: ¿qué ciudad queremos realmente?
Uno de los momentos más interesantes del encuentro llegó en el tramo final, durante el turno abierto de preguntas del público. Una de las intervenciones planteó hasta qué punto Barcelona sigue teniendo hoy un proyecto claro de ciudad y si realmente existe una visión compartida sobre cómo debe evolucionar la capital catalana en las próximas décadas.
La pregunta acabó derivando hacia una reflexión mucho más amplia sobre el modelo urbano contemporáneo, la dificultad de compatibilizar crecimiento económico, turismo, vivienda y calidad de vida, y el riesgo de que Barcelona pierda parte de su identidad urbana. Teresa Navas reconoció que Barcelona vive actualmente tensiones muy complejas derivadas precisamente de su enorme capacidad de atracción internacional. “Barcelona siempre ha sido una ciudad muy atractiva y eso tiene consecuencias”, explicó.
Por su parte, Joan Olona insistió en que muchas de las contradicciones actuales derivan de haber pensado durante décadas únicamente en términos de crecimiento. “Hemos vivido siempre pensando que crecer era positivo y quizá ahora tenemos que empezar a pensar en cómo parar, cómo reutilizar y cómo cuidar lo que ya tenemos”, señaló. El arquitecto técnico defendió además que el futuro de las ciudades pasará inevitablemente por reducir consumo de recursos, rehabilitar el parque construido y repensar la relación entre movilidad, trabajo y vivienda. “La sostenibilidad no es solo poner placas solares. Es replantear cómo vivimos y cómo ocupamos el territorio”, afirmó.
“Gaudí se volvería a morir”
La sesión concluyó en un tono más distendido cuando Xavier Jiménez preguntó cómo reaccionarían hoy Gaudí y Cerdà al ver la Barcelona contemporánea. “Gaudí se volvería a morir directamente”, respondió Joan Olona entre risas. El arquitecto técnico consideró que probablemente el creador de la Sagrada Família tendría enormes dificultades para reconocerse en determinados aspectos de la ciudad actual.
Teresa Navas añadió que Cerdà probablemente también quedaría impactado por el nivel de densificación alcanzado por Barcelona y por la desaparición de buena parte de los espacios verdes previstos inicialmente. “Le daría un patatús”, comentó durante el cierre del debate.








