Por Sonia Hernández.
La relación entre arquitectura y salud se ha convertido en un eje fundamental en el desarrollo del sector de la construcción. Cada vez se reconoce más que los entornos construidos influyen directamente en el bienestar físico, mental y social de las personas.
En este contexto, es un hito que la feria Construmat y su Sustainable Building Congress integren como ejes transversales la biohabitabilidad y la salud. También la próxima realización del VIII Congreso de Arquitectura y Salud organizado por el Aus y el COAC reflejan el creciente interés por integrar criterios de salud en el diseño y la edificación.
Esta relación está cobrando también relevancia en el ámbito de las ciencias de la salud, con la vinculación cada vez más estrecha con la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares a través de la SOCSA – la Sociedad Catalana de Salud Ambiental – y la Sociedad Catalana de Arquitectura y Salud, así como diversas asociaciones del sector de la medicina que promueven la salud planetaria.
Esta tendencia no es una moda pasajera; es una transformación estructural de la manera en que concebimos la arquitectura y el urbanismo. La introducción de la salud en la construcción no se materializa con un cambio de material o instalación puntual; se trata de un cambio de paradigma apoyado por la descarbonización del sector de la construcción. La estrategia principal radica en comprender profundamente qué necesitamos a nivel fisiológico, físico, químico y biológico para generar entornos que favorezcan la vida. Se trata de evitar la carga de tóxicos en los materiales, mejorar la calidad del aire interior, garantizar una iluminación adecuada, reducir la contaminación acústica y promover un diseño bioclimático que contribuya al confort de los ocupantes.
Arquitectura saludable: Diseño para el bienestar
Desde el rigor y el conocimiento, se han desarrollado diversas estrategias de diseño que permiten una arquitectura saludable. Algunas de las más relevantes incluyen:
- Materiales saludables y libres de tóxicos: La selección de materiales es clave para evitar la exposición a compuestos orgánicos volátiles (COV), como los formaldehídos, pero también a los compuestos orgánicos persistentes, que suelen ser bioacumulativos y tienen un efecto disruptor hormonal. La bioconstrucción promueve el uso de materiales naturales sin tratamientos químicos (o con una química verde circular), como la madera, cal, tierra o corcho, que además contribuyen a la regulación de la humedad y a un ambiente interior saludable.
- Calidad del aire interior: El diseño debe garantizar una ventilación adecuada, evitando la acumulación de contaminantes y optimizando los flujos de aire. Los sistemas de ventilación mecánica con recuperación de calor pueden ser útiles en ciertos climas, pero son exclusivos: también se puede integrar un diseño pasivo con ventilación cruzada y el uso de vegetación para filtrar el aire.
- Iluminación natural y diseño circadiano: La luz natural es fundamental para la regulación de nuestros ritmos biológicos. Una arquitectura saludable prioriza una relación visual y lumínica óptima con el entorno, que además sea bioclimáticamente eficiente, permitiendo la entrada de luz sin generar sobrecalentamiento ni deslumbramiento. Además, el uso diseños lumínicos artificiales adaptadas a los ciclos circadianos mejora la calidad del sueño y el bienestar general.
- Confort térmico y eficiencia energética: La salud también se ve afectada por las condiciones térmicas de los espacios. Un diseño bioclimático reduce la necesidad de climatización artificial mediante el uso de un diseño adecuado. La física de la construcción no se basa sólo en el aislamiento térmico, sino también en la inercia, protecciones solares o estrategias pasivas como muros trombe o patios bioclimáticos.
- Control del ruido y confort acústico: La contaminación acústica es un factor que impacta negativamente en la salud mental y física. Diseñar edificios con buenos niveles de absorción sonora y aislamiento evita la exposición continua al ruido urbano y mejora la concentración y el descanso.
Regulaciones y certificaciones: Un marco para la arquitectura saludable
La arquitectura saludable también está siendo impulsada desde el ámbito normativo. Iniciativas como LEVEL(s), que introduce criterios de salud y bienestar en la evaluación de la sostenibilidad en edificación, están marcando el camino hacia un sector más responsable. Además, el potencial de calentamiento global (Global Warming Potential, GWP) y los reglamentos sobre productos sostenibles ESPR están generando un marco regulatorio que fomenta el uso de materiales menos contaminantes y procesos constructivos más saludables.
Algunas certificaciones privadas están promoviendo estándares que incluyen criterios de salud en sus valoraciones. Sin embargo, es fundamental que estas herramientas sean utilizadas con rigor y no como una estrategia de «green» o «health washing», en la que se busca una imagen de sostenibilidad sin un compromiso real.
La arquitectura saludable y la bioconstrucción: Un compromiso con el futuro
La arquitectura saludable y la bioconstrucción no son nuevas en el sector. Hace muchos años que son una realidad viva en la que trabajan cada vez más profesionales del sector, quienes demuestran su viabilidad y su impacto positivo en la calidad de vida de las personas. La creciente atención que está recibiendo esta temática en foros especializados y congresos demuestra que estamos en un punto de inflexión en la manera en que concebimos la arquitectura y el urbanismo.
El reto ahora es seguir impulsando esta visión desde el conocimiento, la investigación y la práctica profesional, evitando caer en estrategias superficiales que solo buscan cumplir con requisitos formales sin una aplicación real. La arquitectura saludable no es solo una cuestión de tendencia, sino una necesidad imperante en la construcción de un futuro más sostenible y humano.
En definitiva, estamos ante una revolución en la arquitectura y la construcción. La integración de la salud en el diseño arquitectónico no solo mejorará la calidad de vida de las personas, sino que también contribuirá a la creación de ciudades más resilientes y sostenibles. Es hora de que la arquitectura deje de ser un simple contenedor de actividades humanas y pase a ser una herramienta activa en la promoción de la salud y el bienestar.
Arquitecta especializada en arquitectura saludable y bioconstrucción